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"Esto llevaba mucho tiempo cociéndose": Belfast sufre una oleada de violencia anti inmigración como no vivía desde la época del IRA
Grupos ultras amenazan a colectivos inmigrantes y publican sus direcciones en la localidad Leer Grupos ultras amenazan a colectivos inmigrantes y publican sus direcciones en la localidad Leer
El centro de Belfast tenía ayer un aspecto surrealista. Las calles estaban vacías. Muchos comercios y restaurantes, cerrados. En la plaza del Ayuntamiento, centro geográfico y social de la ciudad, no había un alma. Solo algunos furgones policiales rondando la zona.
Era una imagen extraña en una ciudad situada casi tan al norte como Moscú, donde en esta época del año la noche no cae hasta pasadas las 10. Pero los habitantes de Belfast no estaban para celebraciones. La ciudad vivía su mayor oleada de violencia desde los llamados Troubles, el eufemismo con el que se conoce la guerra civil entre católicos y protestantes que asoló Irlanda del Norte hasta finales de los años 90.
Fueron los años en los que el emblema del terrorismo en Europa era el IRA, una organización simultáneamente católica y marxista, apoyada por los aliados de la URSS pero financiada por los católicos de EEUU, que entrenó a ETA y llegó a ser una verdadera guerrilla en el Reino Unido, que lo combatió, literalmente, a sangre y fuego.
En esta ocasión, la violencia no tenía el carácter generalizado, religioso y tribal de aquellos enfrentamientos. Pero una parte importante de los ciudadanos la entendía. "Esto llevaba mucho tiempo cociéndose, por lo menos un año. Llevamos meses con hombres extranjeros que tratan de secuestrar niños", explicaba un taxista mientras llevaba a este corresponsal al barrio de Kinnaird, epicentro de los disturbios y también lugar donde se produjo el detonante. Fue el lunes por la noche cuando el ciudadano sudanés Hadi Alodid, de 30 años, que había entrado en el Reino Unido procedente de Irlanda, apuñaló repetidas veces en la cara, el cuello y el torso al norirlandés Stephen Ogilvy, de 44.
Alodid, que había llegado a Irlanda como refugiado, ha sido acusado de intento de asesinato. Las autoridades norirlandesas y británicas afirman desconocer la motivación del ataque. Pero basta con preguntar a cualquier habitante de Belfast para escuchar la misma respuesta: "Está claro lo que quería: decapitarlo". La referencia implícita es a las decapitaciones cometidas por los ultrafundamentalistas del Estado Islámico, un paralelismo que las autoridades rechazan pero que no ha pasado desapercibido entre los líderes políticos.
"Debemos terminar de dar asilo a quienes desean decapitar a jóvenes", escribió el martes en X Rupert Lowe, fundador de Restore Britain, un partido ultranacionalista de apenas tres meses de vida que, según las encuestas, podría alcanzar cerca del 10% del voto en las próximas elecciones parciales de Makerfield. Elon Musk, propietario de X y hombre más rico del mundo, retuiteó el mensaje. El papel de las redes sociales ha sido determinante en la actual explosión de violencia. El martes circulaba por Irlanda del Norte una lista con nombres y direcciones de inmigrantes y de personas favorables a la acogida. La policía norirlandesa la calificó de "lista de objetivos" y la declaró "absolutamente inaceptable".
Las autoridades podían calificarla como quisieran. Pero la realidad iba por delante. A cinco minutos en coche del Ayuntamiento, un tramo de calzada carbonizado señalaba el lugar donde un vehículo había ardido la noche anterior. A las 19:58, en Kinnaird, un taxi fue incendiado. 10 minutos después, la policía informaba de que empleaba cañones de agua para dispersar a manifestantes que cometían actos violentos en el barrio de Newtownabbey, mientras una furgoneta ardía y los agentes desplegaban sus mangueras.
La sensación en Belfast es que esto va a durar días. Los actos del martes se veían venir: la gente se quedó en casa sabiendo que el ambiente estaba muy cargado. Los manifestantes desencadenaron lo que parece ser una violencia ciega que cruza las viejas fronteras sectarias. En Irlanda del Norte persiste la división entre católicos y protestantes, y hay quien interpreta que los grupos más activos en las protestas antiinmigración son mayoritariamente unionistas -protestantes, partidarios de que la región siga formando parte del Reino Unido-, en contraposición a los republicanos católicos, que defienden la unión con la República de Irlanda. Kinnaird es un barrio de mayoría católica. Pero en los disturbios del martes ardieron también viviendas de norirlandeses de toda la vida, católicos y protestantes por igual.
