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¡El Superhéroe Mikel Merino mete a España en semifinales del Mundial!

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Así se pasan trampas en los Mundiales. Merino, dueño del santoral, salvó la emboscada que había preparado Bélgica, herida por la lesión de Courtois en la última curva. El aroma de ganar un partido antes de tiempo se pagó con un susto inolvidable. Ahora sí, a pensar en Francia.

España disputará la segunda semifinal de su historia mundialista tras un partido que pareció una fotocopia de los de Sudáfrica, aquellos que se ganaban con una bola de billar en la nuez. En estos trances hay que recurrir a todo tipo de episodios, hasta a aquellos en los que parece que la selección cocina una victoria corriendo alrededor de una olla. Ahí aparecen la lesión de Courtois y el gol de Merino, un rastreador de gloria que marcó antes de llevar dos minutos en el césped.

Se había vendido la piel del belga antes de cazarlo, un peligro en el fútbol, esa selva de sorpresas. Mientras se pensaba en Mbappé, Olise y el resto de la tropa, resulta que había un partido por medio, una incomodidad. 40 años antes el demonio había sido Pfaff, el portero con apellido de tortazo de tebeo, que paró un penalti de Eloy de los que se clavan en la memoria.

Las alineaciones llegaban con novedades. En España, De la Fuente sentaba a Pedri y sus tres mil millas de temporada para dar entrada a Fabián. A Bélgica se le caía Tielemans, un trocito de su corazón, en el calentamiento.

Rudi García se inclinó por sus cromos de renombre y repescó a De Bruyne y Doku. El centrocampista ya no es rey de la llegada. El extremo del City, cinturón negro del regate, se medía a Pedro Porro y aparecía como la única baza belga para inquietar el dibujo español.

Bélgica estaba cómoda en el partido con su plan de que no pasara nada. Como en todas las mesas y terrazas se daba la victoria española por segura parecía la noche ideal para hablar de las vacaciones. Un error inmenso.

España, fuera de ritmo, no encontraba la manera de mirar a la cara a Courtois. En ese escenario llegó el gol de Fabián tras un tiro de Olmo que rechazó Courtois y remachó Fabián con la derecha, su pierna de adorno. España comenzó a combinar y con los serpenteos de Lamine Yamal se intuía el premio del gran casino.

Sin embargo, el fútbol es especial en darle patadas a los datos y las sensaciones. En la primera llegada belga De Ketelaere cabeceó desde cerca un centro de Castagne. Más que un gol sonó a puñetazo en el hígado antes del descanso.

Casi venía bien meterse en el vapor del vestuario. La leche fue de las que se notan. Hasta Cubarsí había visto una amarilla en el post-trauma del gol belga. Tocaba negociar con la calma.

Lo que parecía un balneario se convirtió en una emboscada. De la Fuente buscó imaginación y velocidad con Pedri y Ferran. Bélgica desactivaba los depósitos ofensivos de España.

Con Doku desatado, sin límites para el regate, Rudi García encontró otro factor de intimidación en Lukaku, un Foreman con espinilleras al que le mandaban todo tipo de drones. España se empeñaba en hacer artesanía.

Con el partido hecho un nudo, Courtois se lesionó, un Euromillón inesperado para España. Le sustituyó Lammens y en su primer oficio le regaló el gol a Merino, que llevaba un suspiro en el césped. El navarro se cayó en la marmita de los héroes cuando se puso la camiseta española. Sus goles ya son historia de la selección. Ahora sí, toca Francia.

 

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