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Trump pierde, pero Netanyahu aún más

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El posible fin de la guerra en Irán deja dos lecciones principales para el futuro. La primera es que ya sabemos hasta dónde estaba dispuesto a llegar Estados Unidos y que ese límite no basta para tumbar al régimen de Teherán. Malas noticias para Israel.

La segunda es que Irán ya conoce al detalle el poder devastador de bloquear el Estrecho de Ormuz. Contar con la bomba atómica no está mal, pero unas cuantas minas y drones son suficientes para hacer temblar a la economía mundial, revolver a la opinión pública estadounidense y hacer que Washington termine hincando la rodilla.

Ninguno de los objetivos estratégicos de Trump se ha cumplido. No solo no ha habido una rendición incondicional de Irán, como exigía el presidente, sino que el régimen ha ganado porque ha sobrevivido y, además, se fortalece. Las primeras cesiones de Estados Unidos ya le permiten una situación mejor de la que tenía antes de los ataques y, de ahora en adelante, sus enemigos y vecinos tendrán que repensar su relación con Teherán.

El memorando-capitulación que Trump firmó en Versalles permite el fin de sanciones a la exportación de crudo iraní y señala un proceso para descongelar fondos en el exterior. Más y más dinero fluirá hacia el país sin las restricciones anteriores a la guerra. Además, un acuerdo final activará un fondo de reconstrucción de 300.000 millones financiado por los países de la región. Irán podrá desarrollar su programa de misiles porque el memorando ni siquiera lo menciona, a pesar de que era una de las principales preocupaciones de Trump. En 2018, el presidente tumbó el acuerdo nuclear impulsado por Obama porque, entre otras cosas, no abordaba «el desarrollo por parte del régimen de misiles balísticos capaces de portar ojivas nucleares». Ahora cree que sería «injusto» que Irán no dispusiera de esos misiles cuando otros países sí los tienen. A cambio, Irán levantará el bloqueo del Estrecho y se compromete, como ya hizo otras veces, a no desarrollar armas nucleares.

Es imposible maquillar la derrota de Trump, pero se queda pequeña ante el desastre estratégico que afronta Israel, que ha quedado al margen de un acuerdo cuyos términos ha conocido con horror. EEUU congela el frente del Líbano y, en el memorando, no se refiere a la actividad de las milicias patrocinadas por Teherán, como la libanesa Hezbolá o los hutíes de Yemen. La relación con Estados Unidos queda dañada después de arrastrar a Washington a una guerra que ningún otro presidente había aceptado. El daño se refleja en la dureza del vicepresidente Vance ante los reproches israelíes: «Yo no atacaría al único aliado poderoso que le queda en todo el mundo», dijo desde la Casa Blanca.

De algún modo, se cierra el ciclo que comenzó el 7 de octubre de 2023, con las matanzas de Hamás en Israel. Netanyahu rediseñó la región mediante una guerra en todas direcciones: masacrando Gaza, aniquilando a la cúpula de Hezbolá y aprovechando la caída de los Assad en Siria. Irán era el plato fuerte que debía culminar el plan. Esa oportunidad histórica ya ha pasado.

 

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