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Netanyahu busca la salida del laberinto ante el pacto de Trump
La Casa Blanca impone a Israel un nuevo alto al fuego para salvar la negociación con Irán, algo que pone en riesgo la alianza histórica entre ambas naciones Leer La Casa Blanca impone a Israel un nuevo alto al fuego para salvar la negociación con Irán, algo que pone en riesgo la alianza histórica entre ambas naciones Leer
Con las botas militares en el sur del Líbano bajo ataques cruzados y un nuevo alto el fuego, los oídos puestos en la Casa Blanca cada vez más enfadada y las manos en la cabeza releyendo el memorando de entendimiento que refuerza la República Islámica de Irán, Israel afronta una de las disyuntivas estratégicas, militares y diplomáticas más complejas en los últimos años. Un escenario muy alejado del que esperaba el primer ministro Benjamín Netanyahu hace 3 meses y 3 semanas cuando inició la guerra junto a Estados Unidos. El gran aliado que le pidió desescalar el choque ante Hizbulá para salvar el diálogo directo con el régimen iraní tras la suspensión de la cumbre este viernes en Suiza.
Atrapado entre el lodazal libanés, la ira de Washington y el acuerdo con Irán que condiciona la negociación al fin de la ofensiva israelí contra Hizbulá, Netanyahu vio este viernes cómo aumentaba la presión de EEUU debido al aplazamiento de la histórica reunión en Burgenstock. Las llamas en Líbano alcanzan el puente entre EEUU e Irán y el hasta hace unas semanas armonioso canal entre el presidente estadounidense Donald Trump y Netanyahu.
La muerte de cuatro soldados israelíes, entre ellos el oficial del Batallón 52, en un ataque de Hizbulá en el sur del Líbano a última hora de la noche del jueves, desató la respuesta de Israel desde ese momento con oleadas de bombardeos contra objetivos de la milicia proiraní causando al menos 47 muertos en Líbano.
"Respetaremos el alto el fuego si Israel lo respeta, y nos reservamos el derecho a responder", declaró Ibrahim al-Moussawi a Al-Araby TV en nombre de Hizbulá que acusa a Israel de querer socavar el acuerdo entre EEUU e Irán.
El nuevo alto el fuego no garantiza la calma pero podría ser suficiente para la celebración de la reunión este fin de semana en Suiza reactivando el plazo de 60 días para alcanzar el acuerdo final.
Con un tono cada vez más duro, Estados Unidos exige a Netanyahu que cese la ofensiva en Líbano para blindar la negociación con Irán. O "que actúe con más suavidad", en palabras de Trump. La primera cláusula del memorando de entendimiento no solo establece una tregua "en todos los frentes incluyendo el Líbano" sino también garantías de "la integridad territorial y la soberanía" del país árabe. Es decir, la retirada de soldados israelíes en las zonas que ocupa desde que Hizbulá iniciara la escalada.
Bajo potentes corrientes que confluyen desde extremos opuestos, Netanyahu busca la salida del laberinto ante la mirada vigilante de EEUU y satisfecha de Irán. Así, se esmera en no criticar en público a Trump debido al acuerdo, como hicieron varios ministros, pero sí en aclarar, que "Israel permanecerá en la zona de seguridad del sur del Líbano el tiempo que sea necesario para garantizar la protección de nuestras localidades del norte". En Israel, temen que la retirada sea vista en la región como una victoria de Irán tras imponer la conexión de su diálogo con EEUU al de su milicia. De ahí que en la cúpula militar israelí aconsejan al Gobierno que alcancen lo antes posible un acuerdo con el presidente libanés, Joseph Aoun.
Tras la firma digital del "Acuerdo de Versalles" que muchos en Israel ven como "capitulación histórica", Netanyahu no frenó los ataques en el sur del Líbano pero los limitó y no cruzó la línea roja iraní y sobre todo estadounidense: Beirut.
A cuatro meses de las elecciones y con dos tercios de los israelíes que consideran el acuerdo malo para su país según el sondeo del canal 12, Netanyahu afronta uno de los exámenes más duros en sus cuatro décadas en la política. Con preguntas sobre su estrategia ante Irán que basada en el criterio y dependencia de Trump ha fracasado a expensas de lo que suceda en la negociación.
La euforia en Israel del 28 de febrero cuando lanzó una operación aérea junto a EEUU para acabar con las capacidades balísticas y nucleares de Irán y crear las condiciones de la caída de su régimen, ha dado paso al desaliento por un pacto que le refuerza a nivel económico, militar y estratégico y golpea la histórica alianza estadounidense-israelí.
Fiel a su estilo, el giro de Trump ha sido repentino, brusco y sorprendiendo a su aliado. En este caso, Netanyahu. Un ejemplo: no solo no incluyó el programa balístico del régimen iraní entre los 14 puntos del memorando sino que ahora defiende su derecho a tener misiles balísticos.
"El acuerdo dista mucho de garantizar el logro de los objetivos de la guerra, y si hubiéramos sabido que ese sería su final, habría sido mejor no haberla comenzado", admite el ex jefe de la Inteligencia militar, Tamir Hayman. Entre lo que llama "noticias que pueden resultar menos malas", cita: "En el ámbito que más le importa a Israel —la cuestión nuclear—, aparentemente hay dos compromisos iraníes: el material enriquecido se diluirá (no está claro a qué nivel y cuánto, y esos detalles son realmente muy importantes). Ya ahora, y sin relación con un futuro acuerdo nuclear (del que se duda que se firme), el programa nuclear está congelado a cambio de la congelación de sanciones estadounidenses adicionales contra Irán".
Tras la muerte de los soldados en el ataque de Hizbulá, Netanyahu hizo caso omiso a las demandas del ministro de Finanzas, el ultraderechista Bezalel Smotrich de "abrir las puertas del infierno" para, entre otros motivos, que Trump no le cierre las puertas de la Casa Blanca.
