EEUU
Lo que el accidente del avión de paracaidismo en Misuri vuelve a poner bajo la lupa
El accidente del avión de paracaidismo que dejó 12 muertos el domingo en Misuri volvió a poner bajo examen un problema que la Junta Nacional de Seguridad en el Transporte (NTSB por sus siglas en inglés), ya había señalado en investigaciones anteriores: el mantenimiento deficiente y una supervisión regulatoria débil pueden pasar inadvertidos en este segmento de la aviación.
La causa del siniestro todavía no se conoce. Según la NTSB, la aeronave se estrelló poco después de despegar de Butler Memorial Airport, un pequeño aeropuerto ubicado a cerca de una hora al sur de Kansas City, y el organismo tardará un año o más en establecer qué ocurrió, aunque difundirá algunos datos preliminares durante el próximo mes.
El impacto dejó 12 fallecidos mientras algunos familiares observaban desde tierra, de acuerdo con Associated Press. El caso además reabre una secuencia de antecedentes en la misma actividad: hace apenas dos años, otro avión de paracaidismo se estrelló cerca del mismo aeropuerto, aunque entonces todas las personas a bordo lograron lanzarse y ponerse a salvo antes del choque.
La NTSB ya había advertido fallas repetidas de mantenimiento e inspección
El experto en seguridad aérea Jeff Guzzetti, ex investigador de accidentes de la NTSB y de la Administración Federal de Aviación de Estados Unidos (FAA por sus siglas en inglés), señaló que con demasiada frecuencia las pesquisas sobre accidentes de paracaidismo descubren mantenimiento laxo y una cultura de seguridad débil.
Guzzetti explicó para la agencia AP que las normas de la FAA que regulan esta industria permiten que esos problemas persistan porque los estándares de seguridad para las operaciones de paracaidismo no son tan estrictos como los exigidos a los vuelos chárter o a las aerolíneas.
“Estas operaciones de paracaidismo no tienen el mejor mantenimiento para asegurarse de que cuentan con fuselajes y motores en condiciones de aeronavegabilidad porque no están sometidas al escrutinio normal que sí tiene un servicio aéreo chárter”, afirmó el experto.
La NTSB ya había plasmado esa preocupación tras un accidente ocurrido en 2019 en Hawái, donde murieron 11 personas. En esa investigación, el organismo concluyó que el sistema regulatorio de la FAA no era lo suficientemente sólido para garantizar la seguridad de los vuelos de paracaidismo.
Según la NTSB, en ese caso el ala del avión se había torcido durante un incidente anterior varios años antes y nunca fue reparada. Las inspecciones realizadas por la FAA antes del accidente no detectaron el daño en el ala izquierda.
En otra revisión anterior, la NTSB analizó 32 accidentes de paracaidismo ocurridos entre 1980 y 2008. Allí identificó deficiencias reiteradas en el mantenimiento y en las inspecciones de las aeronaves, además de programas laxos de entrenamiento de pilotos, y señaló que la FAA nunca adoptó las medidas recomendadas para reforzar los estándares de seguridad de las empresas del sector.

Baja tasa de muertes, pero accidentes de aviación exponen riesgos
La industria del paracaidismo reivindica, en términos generales, un historial de seguridad favorable. Según la Asociación de Paracaidismo de Estados Unidos, el año pasado murieron 16 civiles durante la práctica de este deporte en todo el país, sobre un total de 3,47 millones de saltos.
Ese volumen equivale a una tasa de 0,46 muertes por cada 100.000 saltos, de acuerdo con la misma asociación. La entidad sostiene además que la mayoría de esas muertes se debieron a errores humanos simples y que el número anual de fallecimientos había alcanzado su punto más alto a fines de la década de 1970, para luego descender de manera gradual.
El accidente del domingo involucró un avión turbohélice monomotor Pacific Aerospace 750XL, un modelo utilizado con frecuencia para paracaidismo porque sus nueve asientos traseros pueden retirarse con facilidad para despejar el espacio destinado a los saltadores, según Associated Press.
La empresa neozelandesa NZAero, fabricante del modelo, indica que el 750XL puede despegar y aterrizar en menos de 244 metros (800 pies) y transportar más de 1.814 kilogramos (4.000 libras), incluso en condiciones de calor que dificultan el despegue. La compañía también señala que el avión está certificado para ser operado por un solo piloto.
Según registros de la FAA citados por Associated Press, la aeronave que se estrelló el domingo fue fabricada en 2010. El avión era operado por Skydive Kansas City, que forma parte del grupo Bucketlist Experience.
En su sitio web, Bucketlist Experience afirmó que ayuda a “formar paracaidistas seguros” al enseñar a las personas interesadas en este deporte las bases de la seguridad y la técnica, para que estén preparadas para disfrutar la descarga de adrenalina y “la estimulante libertad de volar por el cielo”.
En el accidente ocurrido hace dos años cerca del mismo aeropuerto, la NTSB determinó que la manija para desplegar el paracaídas de emergencia de un paracaidista se enganchó con algún objeto cuando saltó. Según el organismo, eso hizo que el hombre impactara contra el estabilizador horizontal del avión y provocara la caída.
La investigación federal por el siniestro en el aeropuerto Butler Memorial, donde murieron 12 personas, revive hallazgos previos sobre mantenimiento deficiente y una supervisión más laxa
