El Porsche 911 Carrera 3.2 fue un modelo que la marca alemana tuvo a la venta entre 1983 y 1989. Con 231 CV, alcanzaba una velocidad máxima de 245 km/h y pasaba de 0 a 100 en 6,1 segundos, por lo que era un auténtico deportivo capaz de adelantar en un suspiro a los Renault 18, Seat 131 Supermirafiori y Talbot Solara Escorial que tan señoriales parecían entonces.
Pero este coche, que en España era más fácil ver en zonas residenciales de alta renta per cápita que en carretera, en Holanda (que ahora llamamos Países Bajos)se convirtió en imagen de la policía de carretera, a la que no le faltaba potencia para perseguir cualquier asomo de delincuencia. De hecho, durante décadas Porsche motorizó a estas patrullas en un 'idilio' que empezó con el 356 Cabrio (permitía entrar y salir con más facilidad), un modelo del que compraron varias decenas de unidades entre 1962 y 1966 y que entregaba entre 75 y 95 CV.
Después, desde 1967, vendrían las versiones Targa del 911. Primero con los llamados ’pre-73′, que pasaron de llevar un motor bóxer 2.0 de 130 CV a alcanzar los 190 CV de la versión 2.4 S. Luego, ya en 1974, llegaría el 911 de la generación G, que se reconoce sobre todo por sus parachoques de fuelles. Equipado con motores que fueron evolucionando desde los 2,7 litros hasta los 3,2, su potencia ascendió desde los 150 hasta los 231 CV.
De aquel modelo, previo al de la generación 964 (que sería el último Porsche de la policía holandesa) es este ejemplar que ahora va a salir a la venta, y en el que no faltan ni siquiera aquellos elementos que permitían patrullar a sus tripulantes: dos cascos (eran una imposición) con sus respectivas gafas, porras, walkie-talkies, emisora, sirena… Todo, a excepción de las armas de fuego reglamentarias.
Si en su momento estos coches fueron desechados como un objeto ya amortizado, los coleccionistas tardaron poco en empezar a concederles el valor histórico de una rareza entre la policía de nuestro continente. Así, su cotización comenzó a subir con los años, al tiempo que muchos de los afortunados poseedores de alguna de estas unidades emprendían restauraciones metódicas capaces de asombrar en cualquier concentración de coches clásicos.
Y uno de esos raros ejemplares en estado excepcional va a ser subastado este 14 de agosto en Estados Unidos por Broad Arrow Auctions. La prueba de la expectación que levanta incluso a tantos kilómetros de Europa la encontramos en que se espera que alcance una cotización de entre 108.000 y 130.000 euros, cuando un modelo similar en el mismo buen estado pero que no haya sido empleado por la policía se puede adquirir por menos de 70.000 euros. Y es que, en este caso, el 'peso de la ley' le concede más valor.



