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Moscú se vuelve a ensañar con Kiev con un ataque masivo de misiles y drones que dejan al menos 18 muertos

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Moscú vuelve a atacar la capital ucraniana con un asalto masivo de cohetes y drones, en un nuevo capítulo de la llamada "Guerra de las Ciudades" Leer Moscú vuelve a atacar la capital ucraniana con un asalto masivo de cohetes y drones, en un nuevo capítulo de la llamada "Guerra de las Ciudades" Leer   

A las 22:00 horas decenas de personas se congreban ya en el subsuelo de la estación de metro de Héroes de Ucrania. Tendidas sobre colchonetas, esterillas de goma espuma, tiendas de campaña o camas inflables.

Cristina Niluvova y su novio Serhiy Chubirk explicaban que habían comprado todo el lote -una hamaca y una colchoneta- hace ya un año y medio. "Al principio nos traíamos los cojines del sofá, pero era muy incómodo dormir así", indicó la joven de 23 años.

La pareja había elegido ese refugio por la proximidad a su domicilio. La chica exhibió una imagen del primer ataque que ya había sufrido la capital: un dron que impactó contra un céntrico hotel.

"¡Está al lado de nuestra casa!", clamó la muchacha.

La conversación -que se desarrollaba en la calle, en el acceso al ferrocarril metropolitano- quedó interrumpida de forma súbita cuando la ucraniana recibió una alerta en su teléfono. La aplicación oficial que informa sobre las amenazas aéreas acababa de anunciar que un cohete ruso se dirigía hacia la metrópoli.

"¡Es un balístico, corre, corre!", gritó la ucraniana dirigiéndose hacia el subterráneo y arrastrando a otra media decena de residentes que preferían aprovechar el aire fresco de la noche.

Cristina es diseñadora gráfica de profesión pero, como un nutrido contingente de ucranianos, ha tenido que familiarizarse con el léxico militar y datos ajenos por completo a su especialidad. "Sabemos que con un misil balístico que viene del norte no tenemos más que dos minutos para buscar refugio. Nuestra casa está a seis minutos, así que tenemos que dormir aquí", señaló.

"Hemos pasado la mitad del año durmiendo al menos varias horas en este mismo metro. Ya formamos una comunidad. Nos conocemos todos, porque siempre somos los mismos", agregó.

La charla volvió a cortarse de raíz cuando comenzó la verdadera oleada de explosiones, en torno a las 2:00 de la mañana. Conducir a esas horas por Kiev era atravesar una villa casi desierta, sacudida por los estampidos y los fogonazos de luz y algunas ráfagas de ametralladora, que marcaban la acción de las unidades que intentaban derribar a los drones.

Los únicos vehículos que transitaban por el centro eran ambulancias, policías o equipos de rescate. Un contingente intentaba reducir el incendio provocado en el establecimiento de apartamentos Residencia Cityhotel, un esfuerzo que quedó truncado con las alarmas y que permitió que las llamas devoraran una significativa parte del edificio de varias plantas.

La guerra de Ucrania es una de los contados conflictos en los que los bombardeos se pueden anticipar. Mucho antes de que comenzaran a caer los misiles, los canales de telegram locales ya advertían sobre la siguiente fase que iba a afrontar la población: "El ataque de drones, que lleva más de una hora, sólo es el comienzo. Es el momento de buscar refugio. Los rusos están agotando las defensas aéreas y se esperan andanadas de misiles balísticos y de crucero", se leía en uno de ellos.

El mismo presidente Volodimir Zelenski, que se encuentra de viaje en Irlanda, había alertado sobre el inminente ataque durante una rueda de prensa.

"Tenemos informaciones muy preocupantes sobre la preparación de un ataque masivo ruso. Pido a nuestro pueblo que extreme las precauciones y que cuiden de sí mismos y de sus hijos. Que protejan a sus familias y utilicen los refugios", declaró junto al jefe del gobierno local, Mikhol Martin.

Zelenski añadió que se disponía a regresar a Ucrania "de urgencia" ante la emergencia que se avecinaba.

La masiva ofensiva aérea rusa, que se extendió durante 11 horas, dejó al menos 17 muertos y cerca de un centenar de heridos, según el alcalde de la población, Vitali Klitschko.

La fuerza aérea ucraniana precisó que Moscú había lanzado casi 500 drones y 74 misiles contra el principal núcleo urbano del país.

El ministerio de Defensa ruso manifestó en las redes sociales que se trataba de una "represalia por el ataque de Ucrania contra la infraestructura civil" y que habían golpeado "instalaciones militares y energéticas en los alrededores de Kiev, así como aeropuertos militares en varias regiones, entre ellas Poltava y Dnipropetrovsk".

La última arremetida siguió el patrón de las que Moscú había organizado en junio y que marcan una nueva táctica de sus fuerzas, que ahora concentran el lanzamiento de la mayoría de los misiles en una sola salva y contra una sola metrópoli, en este caso Kiev. Una dinámica que confirma la escalada que está registrando lo que ya se apoda la "Guerra de las Ciudades".

Durante los ataques del 2 y del 15 de junio, la fuerza aérea rusa utilizó más de 600 drones y cerca de 70 misiles, según la contabilidad del diario The Kyiv Independent.

Rusia recurre ahora de forma más habitual a los misiles balísticos hipersónicos mucho más complicados de interceptar.

"En 2022, los misiles de crucero representaban aproximadamente entre el 70% y el 80% de los ataques con cohetes de Rusia. Esto ha cambiado. Rusia está apostando todo a los misiles balísticos. Y los de crucero han pasado de ser un medio para agotar las defensas aéreas", comentó el experto Kostiantyn Kryvolap al mismo medio local.

La intensificación del recurso a los temidos cohetes hipersónicos se basa asimismo en la mejoría de la capacidad defensiva de Ucrania contra los drones del tipo Shahed o Gerbera, incluso cuando ahora son aparatos impulsados por motores a reacción.

Según las estadísticas del Ministerio de Defensa ucraniano, sus fuerzas suelen destruir un 90 por ciento de los drones que lanza Rusia y esa tasa ha llegado a alcanzar en algunas jornadas el 95 por ciento.

Por el contrario, más de la mitad de los misiles son capaces de alcanzar sus objetivos. En mayo, por ejemplo, sólo fueron derribados un 53 por ciento.

Tras la acometida, el titular de Exteriores, Andriy Sybiha, volvió a instar a los aliados de Ucrania a que envíen más cohetes interceptores, una de las principales carencias de la defensa aérea ucraniana.

De la treintena de lugares que sufrieron daños en la capital, el suceso más estremecedor de la madrugada se registró en el barrio de Darnytskyi, en el este de la urbe.

Desde la ruta que conducía a ese distrito se podía divisar la enorme humareda que surgía el incendio generado en un almacén del área de Obolon, que llegó a cubrir parte del cielo de la capital.

En Darnytskyi, una sección de un edificio de viviendas de 9 plantas quedó aplastada literalmente por un misil. El jefe de la municipalidad, el citado Vitali Klitschko, se personó en el lugar y dijo que los equipos de rescate seguían buscando por la mañana a varios residentes del habitáculo "incluyendo a una niña de 15 años y su familia".

Las palas excavadoras intentaban excavar en la montaña de escombros al tiempo que un robot desalojaba el largo número de coches que quedaron devastados.

Cientos de residentes deambulaban por las inmediaciones intentando recuperarse de horas de horror.

Vitaly Cherchuk, de 47 años, ya había perdido su casa en Konstantinivka -en Donbás- este año bajo la brutal ofensiva rusa que se desarrolla en esa región del este del país. Ahora ha vuelto a quedarse sin residencia. Vivía a escasos metros de la que fue arrasada por los misiles.

"Estábamos en el refugio. Nos escondimos a las 10:30. Sabemos que estas cosas no son broma. Escuchamos una primera explosión a las 3:45 que abrió la puerta del búnker pero la segunda fue enorme. Se estremecieron todas las paredes", precisa sentado en una esquina, junto a su esposa, sus dos hijas y los pocos enseres que ha conseguido recoger de su domicilio en varias bolsas y mochilas.

"No entiendo a los rusos. Sólo quieren destruir y matar a gente sin ningún sentido", añadió.

En otro edificio cercano, los vecinos se afanaban en limpiar las escaleras y las casas de cristaleras reventadas o apilar las puertas arrancadas por la onda expansiva.

Mykola, de 63 años, se expresaba todavía dominado por la emoción. Con la voz a punto de quebrarse y los ojos aguados. "Vimos como una enorme bola de luz junto a la explosión", dijo.

Tampoco podía esconder la rabia. "Me encantaría despedazar en trocitos a Putin", concluyó.

 

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