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La academia saharaui de la guerra del desierto: 50 años de resistencia frente a Marruecos

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Hay cosas básicas que todo «hijo del fusil» tiene que conocer antes de saber luchar. Debe saber orientarse en el desierto tan sólo distinguiendo el color de la arena y la posición de las estrellas. Debe saber camuflar su vehículo y dormir debajo en las horas más intensas de calor, avanzar sin luces en la oscuridad y cocinar la breifiza, la comida típica del soldado saharaui a base de carne y grasa seca de camello, y pan hecho en horno natural de arena, para que los drones marroquíes no puedan ver el fuego ni el humo. Deben saber dónde hay minas ocultas y desactivarlas, deben hacer largas marchas con agua en la cantimplora, pero sin tocarla. Deben leer el terreno para saber dónde puede haber un pozo de agua y deben conocer y distinguir los vientos del desierto, como el harmattan.

La academia Escuela Militar Mártir Luali Mustafa Sayed para los jóvenes cadetes del Frente Polisario ha actualizado los viejos manuales de la guerra en el desierto. Desde sus primeros años golpean a un estado como Marruecos, con muchos más recursos, a larga distancia y retirándose a toda velocidad. Cada año entran unos 500 cadetes en esta academia del Polisario para convertirse en guerrilleros. Las clases se dan en el desierto y los aspirantes deben completar las misiones asignadas aunque tarden varios días. El último curso presidió la ceremonia de apertura Lahbib Mohamed Abdelaziz, hijo del fundador de la guerrilla asesinado anteayer por un dron marroquí. Es decir, Marruecos eliminó al responsable de formar a la próxima generación de combatientes saharauis.

La estrategia del ejército de la antigua colonia española, similar a la del SAS en la guerra del desierto contra las tropas del mariscal Rommel en Egipto y Libia, se basa en golpear y desaparecer. Para ello usan las míticas camionetas Toyota para lo que en argot militar suele llamarse una «guerra Toyota» o «guerra de las pick-ups» a los conflictos armados en los que el arma principal no es el tanque ni el avión sino el todoterreno ligero -el modelo Land Cruiser o Hilux- montado con una ametralladora pesada, un cañón sin retroceso o un lanzacohetes.

En determinados terrenos, la movilidad extrema supera a la potencia de fuego. Un tanque puede ser destruido por una camioneta con un misil antitanque montado encima que aparece de la nada sobre una duna, dispara y desaparece antes de que el tanque pueda girar la torreta.

En historia militar, las fuerzas saharauis son consideradas como las pioneras en un modo de guerra que mezcla guerrilla con armamento pesado, mucho antes que Hizbulá y antes de popularizarse el término «guerra híbrida». Ahora, el Polisario debe actualizarse de nuevo: una pick-up en movimiento en el desierto es exactamente el tipo de objetivo para el que el dron Bayraktar, ahora en manos de Marruecos, fue diseñado. Ahora deben esperar a que lleguen los días nublados o tormentosos para actuar.

¿Qué tipo de armamento posee el Frente Polisario? En los 80, el material blindado suministrado por Libia y Argelia lo convirtió en la milicia más poderosa del continente. Hoy todos esos vehículos pueden considerarse chatarra o piezas de museo. Hablamos de viejos carros de combate T-55 entregados por Muamar Gadafi o de vehículos de infantería BMP de origen soviético, mucho de ellos se mantienen en servicio con piezas canibalizadas de otros modelos, igual que los lanzacohetes Grad entregados por Argelia en 1980.

«El pueblo saharaui siente que cada día nos parecemos más a los palestinos», asegura Mohamed Sidati, ministro de Asuntos Exteriores del Polisario, en referencia a la proliferación de drones en manos de Marruecos, que ha convertido una guerra ya desigual en asimétrica.

El mayor logro del Polisario quizás es el más difícil de cuantificar militarmente: llevar más de 50 años resistiendo frente a un estado con enormes recursos, apoyo occidental y superioridad tecnológica. Los jóvenes nacidos en los campos de refugiados han vuelto a cargar los viejos Kalashnikov que antaño sirvieron a sus padres y sus abuelos. Esa continuidad generacional en sí misma es una victoria política que ningún dron puede destruir. «Los marroquíes habían ignorado el famoso dicho de Federico el Grande: 'El que intenta defender demasiado, no defiende nada’», escribió William H. Lewis, analista militar estadounidense, sobre el fracaso marroquí ante la guerrilla del Polisario en los años 70 y 80.

El mayor logro del Polisario fue obligar a Mauritania a retirarse del Sáhara en 1979, coronado por el audaz ataque a Nuakchot en 1976, cuando 200 guerrilleros recorrieron 1.000 kilómetros de desierto para golpear la capital enemiga. Expertos militares estudian aún hoy esa campaña como caso de referencia en guerra híbrida.

 

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