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Juan Luis López Aranguren: "Si Estados Unidos no defiende militarmente Taiwan ante China, nadie volverá a confiar en Washington"

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El autor y académico analiza el riesgo de que la nueva Guerra Fría entre Washington y Pekín desemboque en un conflicto abierto en el Indo-Pacífico, el nuevo eje geopolítico global Leer El autor y académico analiza el riesgo de que la nueva Guerra Fría entre Washington y Pekín desemboque en un conflicto abierto en el Indo-Pacífico, el nuevo eje geopolítico global Leer   

Si el siglo XIX fue el siglo europeo y el XX el estadounidense, explica el profesor Juan Luis López Aranguren, el XXI será el asiático, con el Indo-Pacífico en el centro del tablero mundial. La región concentra el 65% de la población mundial, genera más del 60% del PIB y canaliza un tercio del comercio internacional, además de albergar varias potencias nucleares. En el centro de ese desplazamiento geopolítico se encuentra China, inmersa en una pugna por la hegemonía mundial con Estados Unidos.

"Estamos viendo cómo los diferentes actores geopolíticos se están organizando en una especie de nueva Guerra Fría entre Washington y Pekín", responde Aranguren en conversación con EL MUNDO en vísperas de la cumbre de Donald Trump y Xi Jinping en Pekín. "El presidente estadounidense llega a China en una posición de mucha mayor debilidad de la que esperaba y necesita que Xi le saque las castañas del fuego en Irán", añade este profesor de Relaciones internacionales, que acaba de publicar su libro El eje del mundo que viene (ed. Ariel).

¿Qué se puede esperar de la cumbre de Donald Trump y Xi Jinping esta semana en Pekín?
Donald Trump quería llegar a Pekín en una posición de mucha más fuerza de la que tiene ahora mismo. Durante todo este año ha intentado fortalecerse geopolíticamente antes de reunirse con Xi Jinping, tratando de eliminar algunos de los peones o aliados regionales que China tiene en distintas partes del mundo, primero en Venezuela con la operación contra Maduro y después con los ayatolás en Irán. Sin embargo, estas estrategias han fallado. Aunque la capacidad militar de Teherán fue golpeada, el régimen no ha colapsado y el Estrecho de Ormuz sigue en una situación muy inestable. Eso ha terminado convirtiéndose un poco en el "Vietnam" de Trump y le obliga a llegar a esta cumbre en una posición de mayor debilidad de la que esperaba. Mientras tanto, Xi llega mucho más reforzado. China ha aprovechado el caos de las guerras arancelarias del presidente estadounidense contra medio mundo y la incertidumbre internacional para presentarse como un actor más estable y fiable económicamente. Por eso creo que la fuerza negociadora ha cambiado mucho y ahora está más del lado chino. Veremos qué sale de la visita.
¿Qué acuerdos pretende cerrar Trump en China?
El objetivo más inmediato de Trump es que Xi le ayude a solucionar la crisis de Irán. En cierto modo, necesita que China le saque las castañas del fuego. Eso ya se vio hace unas semanas, cuando Pekín presionó al régimen iraní para sentarse en la mesa de negociaciones en Islamabad e intentar desbloquear Ormuz. No funcionó, pero sí dejó claro que Washington necesita a Pekín para resolver ciertos problemas internacionales, y eso ya es un reconocimiento implícito de debilidad. A más largo plazo, Trump quiere impulsar una especie de Junta de Comercio bilateral permanente entre Estados Unidos y China para regular los flujos comerciales. Y eso contradice bastante toda la lógica unilateral y agresiva de la guerra arancelaria que había defendido hasta ahora. Mientras tanto, China llega con objetivos mucho más definidos: reducir la presión arancelaria, facilitar el acceso a semiconductores avanzados e inteligencia artificial y limitar el apoyo militar estadounidense a Taipei. Son las llamadas "tres tes": tariffs (aranceles), tech y Taiwan. Por eso creo que Pekín llega con una posición negociadora más sólida y con objetivos mucho más claros que Washington. No espero grandes acuerdos, pero el simple hecho de que Trump tenga que reunirse con Xi en este contexto ya es un mensaje en sí mismo, independientemente de lo que consiga.
El centro de gravedad geopolítico se ha desplazado hacia el Indo-Pacífico. ¿Cuándo se produce este cambio?
Es un proceso que se ha ido produciendo gradualmente. De hecho, existe esa idea, casi profética, de que el siglo XIX fue el siglo europeo, el XX el siglo estadounidense y el XXI será el siglo asiático. El término "Indo-Pacífico" también refleja la creciente importancia del océano frente a la tierra. "Asia-Pacífico" combinaba un concepto terrestre -Asia- con otro marítimo -el Pacífico-, mientras que "Indo-Pacífico" subraya aún más la vieja idea geopolítica de que quien controla el mar termina condicionando la tierra. Hasta la Revolución Industrial, Asia llegó a concentrar entre el 40 y el 60% tanto de la población mundial como del PIB global. Fue Occidente quien tomó ventaja a partir de la industrialización, pero ahora estaríamos asistiendo, en cierto modo, a una vuelta al equilibrio histórico que predominó durante milenios.
El control de las rutas marítimas vuelve a estar en el centro del tablero geopolítico tras el bloqueo del Estrecho de Ormuz. ¿Qué impacto está teniendo la guerra de Oriente Próximo sobre el Indo-Pacífico?
Esta guerra es muy importante porque demuestra con claridad que quien domina las aguas domina también la economía mundial. Estamos viendo hasta qué punto el comercio global depende de unos pocos puntos estratégicos: el Estrecho de Malaca, Ormuz, Bab el Mandeb o el Canal de Suez. Lo que hemos visto en Ormuz es que controlando una pequeña franja de agua se puede condicionar e incluso dañar la economía global. Por eso estas regiones son tan importantes desde el punto de vista geopolítico. Además, Ormuz está conectado con el océano Índico, que forma parte del Indo-Pacífico. Al final, el ciudadano medio empieza a darse cuenta de que lo que ocurre en esta región influye cada vez más en su vida cotidiana y en su bolsillo.
¿Estamos ante un relevo del eje atlántico hacia el Indo-Pacífico?
Sí. Y, en cierto modo, la postura cada vez más aislacionista de Washington respecto a sus aliados también refleja ese desplazamiento hacia el Indo-Pacífico. Aunque mucha gente acusa a Donald Trump de acelerar este proceso, lo veo más como una consecuencia que como una causa. Una consecuencia de que EEUU está perdiendo parte de su liderazgo industrial, económico e incluso militar frente al ascenso de China. Y Trump sería como el último canto del cisne que tiene el sistema político estadounidense por intentar devolver esa magnificencia perdida. Por eso su lema es "Make America Great Again". Pero es muy difícil competir con los costes de producción y la capacidad industrial china y eso hace que su Gobierno se repliegue y cambie de estrategia. Por eso Trump ha intentado recentrar la política exterior estadounidense en las Américas con la operación contra Maduro en Venezuela, por ejemplo. Eso está generando una crisis en Europa. Durante décadas, los europeos se acostumbraron al paraguas militar y nuclear de EEUU mientras podían concentrarse en el Estado del bienestar. Pero con la guerra de Ucrania todavía activa, el expansionismo ruso y una Casa Blanca menos comprometida con la seguridad europea, el continente se ha visto obligado a replantearse su defensa. De ahí el debate sobre el rearme europeo, el aumento del gasto militar o incluso la vuelta del servicio militar obligatorio.
¿Se puede decir que China es el gran beneficiario de esta crisis por su cercanía con Irán?
China se ha visto beneficiada en algunos aspectos y perjudicada en otros. A corto plazo, claramente ha sufrido el impacto de la crisis, porque Pekín compra hasta el 90% del petróleo que exporta Teherán. Aunque Irán no es su principal proveedor energético, China también importa petróleo de otros países del Golfo y el bloqueo de Ormuz ha afectado directamente a esas rutas. Por eso su economía ha notado bastante el impacto. Sin embargo, Pekín puede beneficiarse estratégicamente de esta guerra. Trump pensaba que eliminando a líderes del régimen iraní este terminaría colapsando por presión interna, pero eso no ha ocurrido y Teherán parece capaz de resistir. En ese sentido, China puede acabar saliendo reforzada porque Washington ha quedado atrapado, empantanado en su propio "Vietnam", mientras Pekín sigue jugando a largo plazo.
¿Es la pugna entre Estados Unidos y China por la hegemonía mundial el eje que define hoy el orden internacional?
Sí, yo diría que sí. Del mismo modo que ocurrió durante las dos guerras mundiales, las guerras napoleónicas o la Guerra Fría, los distintos conflictos regionales terminan articulándose dentro de un macroconflicto global, porque las potencias acaban alineándose mediante apoyos militares, económicos o estratégicos. Entonces lo que estaríamos viendo ahora es que los diferentes actores se están organizando en esta especie de nueva Guerra Fría entre Washington y Pekín. Hay un politólogo muy conocido, Graham Allison, que ha definido este fenómeno como la "trampa de Tucídides". Su tesis plantea si el choque entre una potencia establecida -como EEUU- y otra emergente -como China- conduce inevitablemente a la guerra o si ese desenlace puede evitarse, sobre todo siendo potencias nucleares. Allison analizó 17 casos históricos de rivalidad y concluyó que en 14 de ellos el resultado fue una guerra. Por eso creo que estamos entrando en una nueva Guerra Fría, con el riesgo de que, en algún momento, pueda derivar en un conflicto abierto.
¿Qué margen de maniobra tienen las llamadas "potencias medias" para definir el orden mundial?
Cada vez tienen que ser más asertivos y proactivos porque el repliegue de EEUU está rompiendo la pax americana. El caso de Japón es muy significativo. Tras la Segunda Guerra Mundial, Estados Unidos impuso una Constitución pacifista cuyo artículo 9 le impide tener ejército o declarar la guerra. Pero, ¿qué ocurre hoy en día? Que Estados Unidos amenaza con retirarse de Japón. Trump ya amagó durante su primer mandato con retirar las bases militares estadounidenses, y eso generó una enorme inquietud en la sociedad japonesa porque el país quedaría expuesto ante Corea del Norte y China. Ahora, la primera ministra Sanae Takaichi está recuperando una promesa de Shinzo Abe: reformar el artículo 9 para que Tokio pueda tener un ejército. De hecho, Japón, junto a India, Australia y Estados Unidos, ha impulsado el Quad (Quadrilateral Security Dialogue), una especie de alianza militar del Indo-Pacífico para contrapesar la expansión de China.
¿Sería factible que el Quad se convirtiera en una suerte de "OTAN del Indo-Pacífico"?
Muy buena pregunta. Sí, es una idea con la que ya se ha especulado bastante. El Quad podría ser la semilla más visible de una futura "OTAN del Indo-Pacífico", porque ya son cuatro países que colaboran entre sí, que tienen intereses comunes y un mismo rival sistémico: China. Quizá el miembro más débil haya sido Australia, porque siempre ha mantenido un pie fuera y otro dentro por su dependencia económica de Pekín. Pero, ¿qué ha pasado? Que China ahora se está expandiendo mediante alianzas militares por el Pacífico y ha firmado un acuerdo con las Islas Solomón, que están justo frente a Australia, para desplegar personal militar y policías. Y eso ha hecho que Canberra vuelva a posicionarse de una forma mucho más asertiva dentro del Quad. También habría que incorporar a los países de la ASEAN, muchos de los cuales mantienen disputas territoriales con China en el mar de China Meridional por la llamada "línea de los nueve puntos". Así que no sería extraño que en unos años acabáramos viendo una OTAN asiática -quizá con otro nombre-, pero con cada vez más países implicados.
La estabilidad del Indo-Pacífico parece jugarse en Taiwan. ¿Cree que Pekín podría llegar a lanzar una ofensiva sobre la isla? ¿Intervendría Estados Unidos?
Sí. Lo considero el escenario más probable para el inicio de un gran conflicto entre China y EEUU. ¿Por qué? Porque Taiwan es un elemento irrenunciable para ambos bloques. Para Pekín, Taiwan representa la última pieza pendiente de lo que llaman el "siglo de las humillaciones". Xi ha construido gran parte de su legitimidad política alrededor de la idea de culminar la reunificación nacional, y Taiwan ocupa un lugar central en ese proyecto. Pero para Occidente también tiene un valor estratégico y económico fundamental. Aproximadamente el 90% de los semiconductores avanzados del mundo se fabrican allí. Los taiwaneses han sido muy inteligentes construyendo lo que llaman el "escudo de silicio" para convertirse en una pieza indispensable para la economía tecnológica global. Y no sólo entra en juego Washington. Hace poco, Sanae Takaichi declaró que la defensa de Japón pasa por defender a Taiwan, unas palabras que provocaron una reacción muy hostil de políticos chinos en redes. ¿Hasta qué punto intervendría Washington? No tiene un tratado de defensa mutua porque ni siquiera reconoce diplomáticamente a la isla como Estado soberano. Pero, al mismo tiempo, prácticamente todos los presidentes estadounidenses de las últimas décadas han dejado claro que defenderían militarmente a Taipei ante una invasión china. Desde mi punto de vista, esta puede ser la última carta de Washington para demostrar que mantiene cierto liderazgo global. Porque si China realiza una invasión rápida y EEUU no es capaz de defender a Taiwan, nadie volverá a confiar en Washington como proveedor de seguridad mundial.
Si se produjera esta crisis, ¿el mayor impacto sería militar o económico?
El impacto económico sería devastador. Hay analistas que calculan que una invasión de Taiwan podría provocar una caída cercana al 10% del PIB mundial, algo muy superior incluso al impacto del Covid o de la guerra en Ucrania. Sería un shock comparable al de las guerras mundiales. En el plano militar tampoco sería menor. Aunque Taiwan no tiene armas nucleares, sí posee capacidad para infligir un daño enorme a China, por ejemplo atacando infraestructuras estratégicas como la presa de las Tres Gargantas, generando una lógica de destrucción mutua asegurada.

 

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