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El alargado misterio de los 11 científicos muertos y desaparecidos en EEUU
La ausencia de William McCasland, antiguo jefe de la base Wright-Patterson, ha desatado una ola de especulaciones que mezcla científicos muertos, laboratorios nucleares y viejos fantasmas extraterrestres Leer La ausencia de William McCasland, antiguo jefe de la base Wright-Patterson, ha desatado una ola de especulaciones que mezcla científicos muertos, laboratorios nucleares y viejos fantasmas extraterrestres Leer
Susan McCasland salió de su casa el 27 de febrero para una cita médica y cuando volvió su marido ya no estaba. Tres horas más tarde llamó a la policía de Albuquerque, en Nuevo México, para denunciar su desaparición. Algo raro estaba pasando. William Neil McCasland, un general retirado de las Fuerzas Aéreas de Estados Unidos de 68 años, salió de casa sin su teléfono, sus gafas de ver y el reloj electrónico que usaba a diario.
Sí se llevó sus botas de montaña y una pistola calibre 38 dentro de una funda de piel. Por las pistas que dejó tras de sí, su mujer empezó a sospechar, casi de inmediato, que había sido una huida premeditada, sin ganas de que le encontraran.
Dos meses después, su desaparición ha dejado de ser un hecho aislado. El pasado militar de McCasland como comandante de la base de Wright Patterson, en Ohio, y su vínculo con el llamado Incidente de Roswell de 1947 y el presunto hallazgo de restos de extraterrestres, ha disparado todo tipo de teorías conspiratorias. Lo vinculan con la muerte y desaparición de una decena de científicos en los últimos años, en un asunto que hasta el presidente Donald Trump ha calificado de "asunto bastante serio".
Todos ellos, tanto los fallecidos como los que se encuentran en paradero desconocido, trabajaban en programas nucleares o espaciales para el Gobierno de Estados Unidos. El pasado 20 de abril, el Comité de Supervisión de la Cámara de Representantes anunció que iba a investigar el asunto después de que James Comer, congresista republicano por Kentucky, presintiera que "algo siniestro" podía estar pasando. Tanto Comer como Eric Burlison, congresista por Misuri, temen que el caso pueda comprometer la seguridad nacional.
Trump ya ha movido los hilos para que el FBI investigue la conexión entre los científicos fallecidos y los desaparecidos, en un esfuerzo coordinado entre varios departamentos. Mientras, las teorías no han parado de aflorar, tantos en redes como en Washington. Burlison mantiene que el caso tiene "todos los rasgos distintivos de una operación extranjera" y que detrás hay una evidente fuga de cerebros hacia otras potencias foráneas. "Competimos con China, Rusia e Irán en tecnología nuclear, armamento avanzado y el espacio. Mientras tanto, nuestros científicos más destacados siguen desapareciendo", escribió en su cuenta de X.
Los hay que defienden que las desapariciones y las muertes se deben al importante trabajo que estaban realizando algunos de ellos y que podían resultar peligrosos para los enemigos de EEUU. No hay, sin embargo, un argumento sólido al que agarrarse para dar una explicación coherente al fenómeno. Ni siquiera el FBI lo tiene. El único hilo conductor entre los 11 científicos es la volátil imaginación de los usuarios en internet.
Daniel Liszt, el Youtuber detrás de la cuenta Dark Journalism, publicó un vídeo explicando que el físico portugués Nuno Gomes Loureiro fue asesinado en diciembre de 2025 en su casa de Massachusetts por sus avances en el campo de la ciencia nuclear. Después, la influencer Jessica Reed estableció una conexión entre la muerte de Carl Grillmair, un astrofísico que fue asesinado de un disparo en su casa de California, y Gomes.
Pero lo cierto es que los casos son muy distintos entre ellos y con años de diferencia. Frank Maiwald, un investigador espacial del prestigioso Jet Propulsion Lab (JPL) de la NASA en Pasadena, California, falleció en julio de 2024, justo un año después de la muerte de un compañero del mismo centro, Michael David Hicks, un científico de 59 años. Su especialidad eran los cometas y asteroides. En 2022 se suicidó Amy Eskridge, una investigadora de Alabama que había amenazado con revelar la información sobre ovnis y vida extraterrestre que tenía en su poder.
El caso más extraño sucedió en junio del año pasado. Melissa Casillas, una secretaria del Laboratorio Nacional de Los Alamos —el mismo en el que trabajó Robert Oppenheimer—, desapareció sin dejar rastro. La última vez que fue vista fue caminando junto a una autopista cerca de su casa. Ese mismo mes, le perdieron la pista a Mónica Jacinto Reza, una empleada de JPL que estaba haciendo senderismo con una amiga. Y un mes antes, en mayo, también desapareció un ingeniero retirado que había trabajado en el mismo laboratorio que Casillas, Anthony Chávez.
La mujer de McCasland ya ha dicho que no cree que la desaparición de su marido se deba a su trabajo o a lo mucho que sabe sobre ovnis. La oficina del shérif del condado de Bernalillo, en Nuevo México, piensa lo mismo. "Hasta el momento, no hemos obtenido pruebas que establezcan que la desaparición del señor McCasland esté vinculada a su trabajo clasificado", indicó la policía. "Esta sigue siendo una investigación activa, y no vamos a especular ni a descartar o confirmar posibilidades sin contar con pruebas".
Daniel Engber, editor de The Atlantic, considera que las teorías conectando unos casos con otros son "increíblemente estúpidas". Todo apunta a que tiene razón.
