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El plan de Israel para convertir al ex presidente Ahmadineyad en líder del Irán posayatolás, según el 'New York Times'
El diario documenta reuniones del jefe del Mossad con Ahmadineyad en 2024 en lugares como Budapest y habla de "pagos en secreto para cubrir sus gastos de alojamiento y viajes", pero no sostiene que fuera un agente o informante Leer El diario documenta reuniones del jefe del Mossad con Ahmadineyad en 2024 en lugares como Budapest y habla de "pagos en secreto para cubrir sus gastos de alojamiento y viajes", pero no sostiene que fuera un agente o informante Leer
El pasado 1 de marzo, apenas unas horas después del inicio del bombardeo de Irán por parte de Estados Unidos e Israel, los primeros teletipos indicaron que el complejo residencial donde vivía el ex presidente Mahmoud Ahmadineyad había sido alcanzado y que el político, uno de los antisemitas más conocidos, podía ser una de las víctimas. Una más junto a las cinco docenas de altos cargos del Gobierno y las Fuerzas Armadas, perfectamente identificados y localizados por los servicios secretos israelíes, que habían demostrado tener un conocimiento y un control sobre el terreno casi imposible.
El 19 de mayo, sin embargo, The New York Times causó un shock generalizado al publicar una historia que parecía de ciencia ficción, afirmando que Israel en realidad bombardeó el edificio para ayudarle a escapar de su arresto domiciliario en un audaz plan para auparlo como nuevo líder ante lo que consideraban sería la inminente caída del régimen, pero que todo se había torcido por dudas en el último momento del implicado.
Las reacciones fueron de incredulidad. Por el perfil del personaje, por lo inverosímil de la operación y porque parecían rumores difundidos bien por los enemigos del ex presidente queriendo desacreditarlo, bien por los servicios de inteligencia israelíes para exponer a un viejo enemigo. Todo parecía formar parte de las luchas internas en el marco de una posible revolución incipiente para derrocar al régimen. Las palabras en los días previos del presidente Donald Trump, sugiriendo que sería ideal que "alguien de dentro" se hiciera cargo del país, un poco al estilo de lo ocurrido en Venezuela, sirvió para alimentar especulaciones, ajustes de cuentas y sensación de paranoia.
La posibilidad de que Ahmadinejad, conocido por sus soflamas abogando por "borrar a Israel del mapa" hace 20 años, por su odio al "gran Satán" estadounidense y su defensa del programa nuclear iraní pudiera ser el elegido sonaban delirantes, imposibles. Incluso si Washington y Tel Aviv querían una transición, la jugada parecía arriesgada, sin base. Hasta hoy.
Este lunes, los mismos cuatro reporteros del New York Times que firmaron aquella historia han publicado una segunda parte mucho más sorprendente, explicando que los servicios secretos israelíes han pasado años cultivando la relación con Ahmadineyad, dándole dinero para desplazamiento, intentando convertirlo en un activo e incluso enviando al jefe máximo de los espías a reunirse con él en lugares como Budapest, con el pretexto de conferencias universitarias sobre clima. Y que el famoso bombardeo no había sido en absoluto un error, sino parte de un plan muy ambicioso que salió mal por razones que todavía no han trascendido.
"El 28 de febrero, un ataque aéreo israelí impactó el complejo de Ajmadinejad, alcanzando el edificio de sus guardaespaldas y su vehículo blindado. Tras el ataque, según cuatro altos funcionarios iraníes, un Peugeot negro llegó al lugar, recogió al señor Ajmadinejad y lo trasladó a gran velocidad lejos de la escena caótica. Funcionarios estadounidenses e iraníes con conocimiento de la operación afirmaron que el vehículo era conducido por agentes del Mossad, quienes lo llevaron a una casa de seguridad secreta", dice el artículo.
El periódico neoyorquino, que no tiene información sobre si el iraní llegó a convertirse en agente, informante o algo parecido y que parece sugerir por sus silencios que en realidad no, arranca con una entrevista al rector de la Universidad Nacional de Servicio Público de Ludovika que confirma en efecto que él cursó la invitación al iraní siguiendo instrucciones del Gobierno de Viktor Orban, que le indicó ya entonces que todo formaba parte de un plan de negociaciones de paz.
La relación de Ahmadineyad con su Gobierno y los ayatolás lleva años siendo muy mala. Él ha chocado una y otra vez con los líderes, acusándolos de corrupción. Esa fue la causa de que fuera inhabilitado para participar en hasta tres elecciones presidenciales consecutivas, de que su equipo fuera hostigado o detenido y que su libertad de movimiento fuera controlada desde las altas esferas. En casa, muy limitado a su domicilio en el barrio de Narmak, al este de Teherán. Y fuera, teniendo que pedir permisos especiales para asistir a eventos internacionales, llegando a ser detenido en aeropuertos en diversas ocasiones.
Él, aparentemente, decepcionado y furioso, se veía como una opción de transición y ha cultivado de nuevo tanto su perfil más populista como el internacional. En los últimos años ha aprendido inglés, dado discursos en ese idioma, rebajado su retórica religiosa, cambiado su forma de vestir e incluso moderado su posición respecto a Israel. En 2017 llegó a enviar cartas públicas a Donald Trump. Y su resentimiento ante el régimen, y su temor a que Washington y Tel Aviv pudieran intentar imponer un Gobierno títere con alguien de fuera del país al frente habrían sido posibles condicionantes de sus conversaciones con el enemigo histórico de su país, según el Times.
"Según funcionarios estadounidenses, en los últimos años Israel pagó en secreto dinero al señor Ahmadineyad para cubrir sus gastos de alojamiento y viajes, y agentes israelíes se reunieron con él en el extranjero en varias ocasiones, incluso durante sus viajes a Budapest", dice el diario, pero que no puede explicar en calidad de qué aceptó el ex presidente los pagos o si sabía en 2024 u otras fechas que era todo una 'trampa' para sentarlo con sus enemigos. O si una vez que eso había ocurrido, ambas partes sabían que sería imposible justificarlo en Teherán, independientemente de cómo hubiera pasado.
"La visita de Ahmadineyad a la universidad en 2024 y una segunda al año siguiente formaron parte de un esfuerzo israelí que duró varios años para prepararlo como agente de inteligencia que, llegado el momento, podría ser instalado como el nuevo líder de Irán, según funcionarios estadounidenses e iraníes familiarizados con la operación, quienes hablaron bajo condición de anonimato para describir información de inteligencia sensible", apunta The New York Times. "Reclutarlo era una prioridad tan grande para Israel que el entonces jefe de los servicios de inteligencia del país, David Barnea, incluso viajó a la capital húngara en 2024 para reunirse personalmente con él, según exfuncionarios estadounidenses. Poco después, añadieron, el Mossad, el servicio de inteligencia exterior de Israel, notificó a la CIA que había estado en contacto con él".
Las informaciones periodísticas no tienen todas las respuestas. No han sido capaces de explicar si lo que falló fue la fe del político, su ira al ver la devastación de los ataques, su resignación al no ver un alzamiento en las calles o si realmente nunca llegó a estar de acuerdo en nada y se vio sorprendido por lo ocurrido.
"Finalmente, Ahmadineyad abandonó la casa de seguridad en circunstancias que aún no están claras y no volvió a ser visto en público hasta el lunes pasado, cuando hizo una breve aparición en la procesión fúnebre del asesinado líder supremo, el ayatolá Ali Jamenei", se limitan a decir. "Su situación actual sigue siendo incierta. Sin embargo, cuatro altos funcionarios iraníes afirmaron que se encuentra bajo custodia del servicio de inteligencia de la Guardia Revolucionaria Islámica, bajo arresto domiciliario ahora que Irán tiene conocimiento de gran parte de sus interacciones con Israel".
