Courtois se sometió este lunes por la mañana a pruebas médicas en la Ciudad Deportiva de Valdebebas para evaluar el alcance de la lesión que le obligó a retirarse en el partido de cuartos de final del Mundial ante España, y el resultado fue el más tranquilizador posible: los exámenes descartaron cualquier daño de gravedad. Se trató, en definitiva, de una falsa alarma.
El susto se había producido el pasado viernes en Los Ángeles. Courtois, que venía sosteniendo a Bélgica con varias intervenciones de mérito, cayó al césped con molestias musculares en la pierna cuando el marcador reflejaba el 1-1 y pidió el cambio a falta de veinte minutos para el final. Su sustituto, Senne Lammens, encajó poco después el gol que certificó la clasificación española, y las imágenes del guardameta abandonando el campo entre lágrimas dispararon las alarmas, tanto por su gesto de dolor como por tratarse de la misma zona que ya le había dado problemas meses atrás.
No era un temor infundado. En marzo, el portero sufrió una lesión muscular en el recto anterior del cuádriceps que lo mantuvo apartado varias semanas en el tramo decisivo del curso y le hizo perderse citas importantes de la Champions. Por eso la retirada del viernes, con síntomas en la misma pierna, hacía temer una recaída que habría comprometido su arranque de temporada. El diagnóstico de este lunes, sin embargo, despejó por completo esa hipótesis.
Con el alta médica bajo el brazo, Courtois retomará ahora sus vacaciones tras una temporada larga y una participación mundialista. El guardameta se reincorporará al grupo a finales de julio, dentro del calendario escalonado de regreso previsto para los internacionales del Real Madrid, sin que este contratiempo altere sus plazos ni los planes de Mourinho para la portería.
