EEUU
La expectativa que genera el Mundial promete crear más aficionados del fútbol entre niños estadounidenses
La expectativa por el Mundial y el crecimiento del fútbol juvenil se cruzan en Estados Unidos, donde el torneo aparece como una oportunidad para ampliar la base de aficionados durante décadas. Aunque el deporte ya figura entre los más practicados por niños y adolescentes, todavía está lejos del peso cultural que sostienen el béisbol, el básquet y el fútbol americano.
Entre los chicos de seis a 12 años, 7,5% practicó fútbol infantil en 2024, una leve baja frente a una década atrás, aunque solo el béisbol y el básquet registraron cifras superiores, de acuerdo con un informe del Aspen Institute. A la vez, la investigación de Ipsos Sports muestra que apenas cerca de uno de cada 10 estadounidenses se considera aficionado al fútbol de Estados Unidos o al internacional.

Ese contraste explica por qué el torneo concentra tanta atención: el deporte ya tiene una base amplia entre los chicos, pero todavía no logra trasladar ese volumen de práctica al mismo nivel de identificación masiva que sostienen los tres grandes del mercado deportivo estadounidense.
En una biblioteca de Lenexa, en Kansas, a unos 32 kilómetros del estadio donde se albergan seis partidos de la Copa del Mundo, esa expectativa se reflejó en actividades temáticas para niños pequeños, con pelotas, conos de entrenamiento y arcos móviles. De este modo, el interés aparece cada vez a edades más tempranas y se instala como una opción familiar en espacios comunitarios.
El crecimiento del fútbol en Estados Unidos se apoya en un recambio generacional
Según Associated Press, Michael Lewis, profesor de Emory University especializado en la intersección entre analítica deportiva y marketing, describió el avance del fútbol como una historia generacional. “El fútbol es una historia generacional que se construye generación tras generación, pero lleva mucho, mucho tiempo”, explicó.
Lewis sostuvo que los baby boomers crecieron jugando sobre todo béisbol, básquet y la versión estadounidense del fútbol de contacto, y que esa experiencia todavía influye en lo que consumen como espectadores. Los datos de Ipsos indican que quienes tienen 65 años o más son especialmente propensos a declararse seguidores de ese trío de deportes.
Los investigadores de mercado, en cambio, ven mejores perspectivas entre los millennials y la generación Z, integrada por personas de entre 14 y 29 años. Esa franja más joven resulta especialmente atractiva para las marcas, en parte porque la base de aficionados al fútbol en Estados Unidos también es más joven.

El cambio en el panorama deportivo del país empezó a tomar forma en la década de 1970, cuando la ya desaparecida North American Soccer League fichó a figuras como Pelé, tricampeón mundial con Brasil. En la década de 1980, los chicos estadounidenses ya jugaban fútbol, y también las niñas, impulsadas por el Título IX, la ley federal que prohíbe la discriminación por sexo en la educación.
Ese primer impulso se desarrolló con limitaciones: muchos profesores de gimnasia y padres que oficiaban de entrenadores tenían poca experiencia y algunos aprendían las reglas en libros.
En ciudades dominadas por el fútbol americano, además, hubo resistencia por temor a que el nuevo deporte desviara talento de la disciplina principal. Ese contexto explica por qué el crecimiento, aunque persistente, no fue uniforme ni inmediato en términos de legitimidad cultural.

Fútbol femenino y herencia familiar propagaron al deporte
Con el tiempo, la expansión no se detuvo. Estados Unidos organizó el Mundial de 1994 y dos años después la Major League Soccer disputó su temporada inaugural. Hoy muchos padres jugaron al fútbol en su infancia, existen equipos itinerantes de alta competencia, la MLS participa en el desarrollo de jugadores con su programa MLS Next, el nivel de los futbolistas mejoró y la audiencia televisiva creció.
Ipsos también registró un factor central para entender cómo se forman los aficionados: cerca de la mitad de los seguidores del deporte en general dice que su vínculo nació por la relación de su familia con esa disciplina o porque creció alentando a un equipo específico. Esa transmisión familiar ayuda a entender por qué el fútbol puede convertir el interés infantil en público estable con el paso de los años.
Nicholas Watanabe, profesor de la University of South Carolina y autor del libro The Beautiful Game?, afirmó al medio que el ascenso del fútbol en Estados Unidos también fue impulsado por la rama femenina.
Según su análisis, las niñas que juegan desde pequeñas se convierten luego en aficionadas, y su participación mantiene a las ligas infantiles con una escala suficiente para ser viables desde el punto de vista económico. “Sin ese éxito y ese crecimiento sostenido, no creo que se produzca este efecto paralelo que también, creo, ayudó al equipo masculino”, señaló Watanabe.
Un ejemplo de ese desarrollo aparece en Kansas City Current, equipo de la NWSL que presenta su estadio como el primero construido para un plantel femenino de fútbol.
Entre sus propietarios está Brittany Mahomes, exjugadora universitaria y esposa del mariscal de campo estrella de los Chiefs, Patrick Mahomes. El club, además, recibió a la selección de Países Bajos durante el Mundial y envió personal para colaborar en un campamento de trabajo con jugadoras jóvenes.

El Mundial encuentra al fútbol más cerca de los deportes dominantes
Los especialistas insisten en que el fútbol no compite de igual a igual con la NFL en un mercado saturado. Darin White, director ejecutivo del Center for Sports Analytics de Samford University en Alabama, lo resumió así: “La pregunta no es: ‘¿Por qué no somos tan grandes como el fútbol americano?’. Bueno, no lo somos, pero estamos mucho más cerca que la última vez que organizamos el Mundial”.
También persisten obstáculos estructurales. White explicó que muchos de los mejores jugadores siguen compitiendo en las ligas europeas de mayor tradición y que los aficionados estadounidenses más intensos suelen seguir a esos equipos antes que a los de la MLS, lo que reduce los ingresos disponibles para hacer crecer el deporte dentro de Estados Unidos.
Al mismo tiempo, observó una señal favorable: cada vez más futbolistas estadounidenses logran entrar en las principales ligas europeas. Para el investigador, esa combinación de talento exportado y una afición joven abre un escenario más prometedor que en cualquier otro momento de su vida. “Tengo más esperanza ahora que en cualquier otro momento de mi vida”, manifestó.

Para los expertos, la familiaridad temprana —sumada a la transmisión dentro del hogar, el empuje del fútbol femenino y la consolidación de estructuras como la MLS— explica por qué el Mundial aparece como una ventana para transformar práctica en afición sostenida, aunque el desafío de igualar a los deportes dominantes siga abierto.
El torneo aparece como una chance de transformar una práctica juvenil muy extendida en una afición duradera dentro de un mercado donde béisbol, básquet y NFL todavía conservan más peso cultural e histórico
