Ciencia y Tecnología
Ola de calor: el cuerpo humano y sus límites de adaptación
Junio trajo temperaturas récord a Francia, España, Gran Bretaña, Países Bajos, Suiza y Alemania. El Servicio Meteorológico Alemán (DWD) informó que "nunca había hecho tanto calor en junio en Alemania y durante un período tan prolongado”.
Esta ola de calor, con temperaturas que superan los 30 grados Celsius y noches en las que el termómetro no baja de los 20 grados, supone un enorme desafío para el cuerpo humano, pero sobre todo para niños pequeños, mujeres embarazadas, personas mayores y con ciertas enfermedades, y para quienes realizan trabajos que exigen esfuerzo físico al aire libre.
¿Las personas de regiones más cálidas toleran mejor el calor?
"El cuerpo humano posee mecanismos de adaptación, y estos están más desarrollados en las personas expuestas continuamente al calor", afirma la médica y profesora universitaria Claudia Traidl-Hoffmann, directora del Instituto de Medicina Ambiental de la Universidad de Augsburgo y coordinadora del Instituto de Medicina Ambiental de Helmholtz en Múnich. Además, como miembro del Consejo Asesor Científico del Gobierno Federal Alemán, asesora a los responsables políticos sobre enfermedades y medio ambiente.
Los procesos de adaptación a las condiciones ambientales cambiantes requieren tiempo, no solo años, sino siglos, como escribió la doctora en su libro "La medicina del futuro: Sanar en un mundo cambiante".
¿Cómo afecta el calor al cuerpo humano?
"A partir de una temperatura exterior de 23 grados Celsius, el cuerpo comienza a activar mecanismos compensatorios", explicó la experta. Los vasos sanguíneos se dilatan, permitiendo que el cuerpo libere calor. La sudoración proporciona un enfriamiento adicional, lo que contribuye a mantener una temperatura corporal central estable.
Si estos mecanismos fallan o se descompensan por completo, las consecuencias pueden variar desde enfermedades cardiovasculares y accidentes cerebrovasculares hasta insuficiencia multiorgánica. Esta última se produce cuando el cuerpo ya no puede mantener una temperatura corporal central constante. "Cuando nuestra temperatura corporal central aumenta, los procesos se aceleran y el proceso mortal comienza a partir de los 42 grados Celsius", afirmó Traidl-Hoffmann.
Los pulmones también sufren con el calor. Según la experta, es bajo estas condiciones que "los pulmones son más propensos a la inflamación y se vuelven más susceptibles a las infecciones".
¿Qué debemos hacer y evitar cuando hace calor?
La médica critica que solo empezamos a pensar en el calor y sus efectos cuando las temperaturas son muy altas. De hecho, ella recomienda a sus pacientes que hablen en invierno con sus médicos sobre las dosis de sus medicamentos, porque el exceso de calor acelera los procesos inflamatorios. Por ejemplo, los eccemas empeoran con el calor y deben tratarse con antelación. "Toda afección crónica debe estar estabilizada antes de la ola de calor", asegura la doctora.
Una vez llega el calor, aconseja beber mucha agua, comer alimentos ligeros de origen vegetal y evitar el tabaco y el alcohol en la medida de lo posible. Además, dormir bien permite que el cuerpo compense, en cierta medida, el estrés térmico del día.
¿Nos estamos acostumbrando todos al calor?
Y precisamente aquí reside un problema clave: dado que el calor priva a muchas personas del sueño, la descompensación se produce con mayor rapidez y el cuerpo pierde entonces la capacidad de equilibrar las disfunciones.
Por otro lado, la capacidad del cuerpo para compensar los efectos del calor y adaptarse a él, depende del grado de vulnerabilidad de cada persona.
La gente joven y atlética, acostumbrada al calor, puede tener mayor tolerancia, pero también tiene sus límites, afirmó Traidl-Hoffmann, y es que "en términos de adaptación, el aumento exponencial de días calurosos y el cambio tan rápido a otras condiciones no son viables, ni para los ecosistemas ni para los seres humanos".
(rmr/el)
