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Los arrepentidos del Brexit: "El referéndum fue un error absoluto"
Una década después del voto, uno de cada cuatro 'brexiteros' cree que se equivocó Leer Una década después del voto, uno de cada cuatro 'brexiteros' cree que se equivocó Leer
Una mayoría de británicos cree que Reino Unido se equivocó en la trascendental decisión de abandonar la Unión Europea, que aprobó el 51,89% del electorado el 23 de junio de 2016, hace justo 10 años. Incluso el 23% del votante brexitero reconoce su error en recientes sondeos de YouGov. Este dato se dispara al 89% en el bando de los remainers que apostaron por continuar "dentro" de la UE.
Otros estudios coinciden en la reticencia, en ambos lados de la fractura del Brexit, a reabrir las urnas en torno a la cuestión europea en los próximos años. El recelo a un segundo referéndum aflora, precisamente, como único punto común entre remainers y brexiteers de distintas regiones del país contactados en vísperas del décimo aniversario del plebiscito.
"Es una cuestión puramente académica porque ningún Gobierno va a convocar otro referéndum sobre la UE", señala categórico Camden Brian, seudónimo derivado del popular barrio de Londres donde trabaja como analista de datos. Votó fuera en 2016, observa que la corriente política sigue fluyendo hacia la derecha radical e intuye que solo partidos minoritarios de izquierda, como Los Verdes, mantendrán la consulta europea en los manifiestos electorales. "Es muy probable que Reform UK [el populista y antiinmigración partido del padrino del Brexit, Nigel Farage] gane las próximas legislativas o forme gobierno de coalición, lo cual abocará en un mayor distanciamiento de la UE", proyecta.
Una alternativa contraria defiende Liz McShane, concejal laborista y "apasionada" europeísta. "Fue un error absoluto convocar un referéndum en las circunstancias de 2016, con la mayoría de los medios de comunicación opuestos a la UE y sin una conversación previa, adecuada y significativa para debatir los méritos y beneficios de la permanencia en la UE", recuerda. Oriunda de Irlanda del Norte, defiende el acercamiento a Bruselas y considera "necesario esperar otros cinco años por lo menos a que el país sienta y perciba los efectos perjudiciales del Brexit" antes de proceder con otra consulta.
La actriz y directora de teatro Hannah Ringham se inquieta al volver la mirada al "confuso referendo" que, según argumenta, se ideó con el fin de "reforzar el liderazgo" del entonces primer ministro, el conservador David Cameron, y frenar el avance de Farage. "Realmente fue un voto de protesta, sin relación alguna con la realidad de marchar de la UE", protesta.
Ringham escuchó la victoria del Brexit en un hospital de Londres, donde estaba ingresado su marido. "Fuera de la UE… nos parecía terrible, pero algunos se alegraron", rememora. Apenas le extrañó el júbilo del personal sanitario tras una campaña cargada de falsedades, "como los 350 millones de libras para el NHS (Servicio Nacional de Salud)", prometidos por el bando oficial del fuera.
La dramaturga rechaza la "mentalidad de aislamiento" de los brexiteers, mientras el fotógrafo Michael Sanders lamenta las "restricciones" implícitas en la salida de una "enorme democracia". Residente en la región inglesa con mayor porcentaje de votantes anti-UE, reivindicó, sin éxito, un pasaporte europeo para los británicos contrarios al Brexit. Esa vía está abierta a los norirlandeses o los que tienen ancestros en países comunitarios.
Pete Robinson, agente jubilado de Scotland Yard, votó en contra de la adhesión a la original Comunidad Económica Europea (CEE) y, cuatro décadas después, apostó por la escisión de la UE. "No soy euroescéptico, soy realista. Soy y me siento británico, no europeo", objeta antes de profesar simpatía por Europa y los europeos. "La UE se ha convertido en un conglomerado político que funciona por imposición más que por consenso. Rompimos los lazos comerciales con la Commonwealth [asociación de naciones en su mayoría asociadas al antiguo imperio británico], lo cual es una auténtica vergüenza. Nos apoyaron en las dos guerras mundiales y estamos en deuda", critica.
Votó la salida airado por la "pérdida de control" político y económico. Su visión no ha cambiado, aunque dirige su frustración contra los dirigentes británicos desde que falta un ente externo donde cargar las quejas, como la Comisión Europea. "Incompetencia es el problema. No quiero otro referéndum. La UE no es el paraíso terrenal que nos permitirá regresar al nirvana de la prosperidad", dice.
Camden Brian identifica el detonador de su euroescepticismo en el "fracaso en fijar un límite máximo de mano de obra extranjera, especialmente de países del Este". El libre movimiento de trabajadores dentro de la UE perjudicó, según denuncia, a jóvenes británicos que "perdieron plazas de aprendizaje y puestos de trabajo" en la construcción u otros sectores. "Contratar mano de obra extranjera se consideraba más barato que contratar mano de obra británica", enfatiza.
El Banco de Inglaterra sitúa en el 6% el impacto negativo del Brexit en la economía nacional. La migración neta comunitaria se considera nula desde 2023, pero ese año la entrada de trabajadores extranjeros se cifró en 685.000. El 85% había emigrado de países fuera de la UE, con India y Nigeria en cabeza. La crisis migratoria, la pandemia y las guerras de Ucrania, Gaza e Irán nublan la evaluación de los efectos del Brexit.
"Formar parte de la UE es más importante que hace 10 años, no sólo en vistas del impacto perjudicial del Brexit, sino para hacer frente a Trump y Putin", defiende McShane, representante municipal de Folkestone, localidad de Kent conectada al Eurotúnel y bordeada de playas donde recalan botes de migrantes. Ringham recalca a su vez que el próximo referéndum habría que enfocarlo "adecuadamente para no generar más divisiones" en la población.
