EEUU
La Corte Suprema restablece la condena por asesinato en el caso de Etan Patz, el niño desaparecido de Nueva York que conmovió al mundo

La condena por el caso de Etan Patz volvió a quedar en pie después de que la Corte Suprema de Estados Unidos restableciera el lunes el veredicto contra Pedro Hernández por el secuestro y asesinato del niño de seis años desaparecido en Manhattan en 1979. La decisión anuló un fallo del Tribunal de Apelaciones del Segundo Circuito que había abierto la puerta a un nuevo juicio, según The New York Times.
La Corte Suprema decidió que Hernández no tendrá un nuevo juicio y dejó vigente su condena de 2017 por el secuestro y asesinato del niño. Según The New York Times, la mayoría concluyó que el tribunal federal de apelaciones se excedió al revisar una condena estatal, y tres juezas —Sonia Sotomayor, Elena Kagan y Ketanji Brown Jackson— dejaron constancia de su desacuerdo.
La resolución, emitida sin firma, formó parte de las órdenes rutinarias del tribunal y no incluyó audiencias orales. El fallo devuelve el caso a instancias inferiores y revierte la decisión de julio del año pasado, cuando el Segundo Circuito había ordenado liberar a Hernández de su condena de 25 años a cadena perpetua o concederle otro juicio.

Harvey Fishbein, abogado de Hernández, afirmó a The New York Times que su equipo estaba “terriblemente decepcionado”. “Creemos firmemente que un hombre inocente está en la cárcel por un delito que no cometió”, afirmó.
El fiscal de distrito de Manhattan Alvin L. Bragg sostuvo en un comunicado recogido por The New York Times que el caso había “cambiado a una generación de neoyorquinos”.
También añadió: “Esta oficina se ha mantenido firme en su búsqueda de justicia para Etan y la familia Patz, y seguirá respaldando esta importante condena”.

Cómo desapareció Etan Patz y por qué el caso conmocionó al país
El caso se remonta al 25 de mayo de 1979, cuando Etan Patz salió de su casa en el barrio neoyorquino de SoHo para recorrer solo dos cuadras hasta la parada del autobús escolar. Era la primera vez que hacía ese trayecto sin compañía.
Antes de salir, el niño le dijo a su madre, Julie Patz: “Está okey mamá, puedo hacerlo solo”. Llevaba un bolso con elefantes, una gorra de Eastern Airlines y un dólar para comprar una bebida en el camino.
Etan nunca subió al autobús ni llegó a la escuela. La alarma familiar se activó horas después, cuando no regresó a casa por la tarde y Julie comprobó en una ronda de llamadas que su hijo no había aparecido en ningún punto del trayecto.

La policía movilizó a 100 agentes con perros, mientras helicópteros sobrevolaban la zona y la casa de los Patz se convertía en centro de operaciones para investigadores, voluntarios y periodistas.
Tres días después, Julie Patz lanzó un pedido público dirigido a quien pudiera tener al niño: “Deseo que esté con alguien que lo cuide… Yo no quiero lastimarte ni juzgarte, no importa quién sos, sólo quiero que lo traigas a casa”.
La desaparición generó una atención pública inmediata y, junto con el asesinato de Adam Walsh dos años más tarde, marcó una etapa de mayor cautela entre padres de todo Estados Unidos, según The New York Times. La imagen del niño apareció en cartones de leche, paradas de autobús, escuelas, aeropuertos y otros espacios públicos.

Décadas de pistas fallidas y un caso sin cuerpo
Durante años, los investigadores de Manhattan no lograron determinar qué había ocurrido y el cuerpo de Etan jamá apareció. En 2001, las autoridades lo declararon legalmente muerto.
Uno de los primeros sospechosos fue José Ramos, vinculado de forma indirecta a la familia porque era pareja de una mujer que había cuidado al niño.
Ramos, que cumplía condena en una cárcel de Pensilvania por abusar de otro menor, siempre negó haber secuestrado a Etan y nunca enfrentó cargos por falta de pruebas.
En el año 2000 los investigadores excavaron durante ocho horas en el sótano de un edificio donde Ramos había vivido. Hallaron huesos, pero los peritos concluyeron que pertenecían a mascotas.
En 2012, mientras las autoridades examinaban otra línea de investigación sobre un obrero llamado Othoniel Miller, surgió el dato que cambiaría la investigación. Hasta entonces, el expediente acumulaba sospechas, búsquedas y reconstrucciones sin una respuesta definitiva.

La confesión de Pedro Hernández y las dudas de la defensa
El giro llegó cuando un hombre llamó a las autoridades y dijo que su cuñado, Pedro Hernández, le había contado que había matado a un niño en Manhattan. A partir de esa pista, agentes de la policía de Nueva York fueron a buscar a Hernández a Camden, Nueva Jersey.
Tras unas siete horas de interrogatorio, Hernández confesó primero antes de recibir la advertencia de sus derechos y dos veces más después. Hernández contó que atrajo al niño con la oferta de una bebida para hacerlo entrar en la bodega donde trabajaba, en la esquina de Prince y West Broadway.
Hernández dijo que llevó a Etan al sótano, lo asfixió y después ocultó el cuerpo en una bolsa, entre hielo de un congelador y más tarde en una caja que dejó en la basura a dos cuadras del lugar. También dijo que no sabía por qué lo había hecho y que había sentido “el deseo de matar”.
La investigación no encontró pruebas científicas que vincularan a Hernández con el crimen, según The New York Times. Aun así, una referencia sobre una puerta que no estaba en el lugar en 1979 convenció a los detectives de que conocía detalles internos de la bodega.
La defensa sostuvo que las confesiones no eran fiables y que Hernández las había inventado para apaciguar a la policía. Sus abogados alegaron que las declaraciones derivaban de su bajo coeficiente intelectual y de delirios psicóticos.

De los jurados divididos al fallo final de la Corte Suprema
El primer juicio contra Hernández, en 2015, terminó sin veredicto después de 18 días de deliberaciones, según The New York Times. El segundo comenzó en octubre de 2016 y concluyó en febrero de 2017.
El jurado del segundo proceso declaró culpable a Hernández tras nueve días de deliberaciones, según The New York Times. El juez Maxwell Wiley dictó sentencia el 14 de abril de 2017 y fijó una pena de 25 años a cadena perpetua.
En medio de ese proceso, el entonces fiscal de Manhattan Cyrus R. Vance Jr. afirmó: “La desaparición de Etan Patz persiguió a las familias de Nueva York y a las de todo el país por casi cuatro décadas”. Durante el juicio, el padre de Etan Patz dijo: “Ya sé cómo es la cara del diablo”.
La disputa jurídica posterior giró sobre las instrucciones que Wiley dio al jurado sobre confesiones en serie. Según The New York Times, cuando los jurados preguntaron si debían descartar una confesión posterior si consideraban involuntaria la primera, el juez respondió con una sola palabra: “No”.
El Segundo Circuito entendió después que Wiley debía haber explicado mejor un precedente de la Corte Suprema sobre ese tipo de confesiones y anuló la condena. La Corte Suprema respondió el lunes que ese tribunal federal había ido más allá de su autoridad, porque la ley aplicable no permite revisar una condena estatal a partir de su propia valoración sobre la fiabilidad de las pruebas.
Durante años, el caso se volvió un símbolo nacional de los niños desaparecidos y empujó cambios públicos y privados, desde campañas de búsqueda hasta nuevas rutinas de cuidado.
Tras décadas de pistas fallidas y dos juicios con jurados divididos, la condena contra Pedro Hernández quedó vigente
