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Donald Trump, a los líderes del G-7: "¡Soy el jefe!"

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El comentario, durante la última reunión multilateral, refleja lo que ha sido la cumbre de Evian, donde todo se ha diseñado para complacer al presidente norteamericano Leer El comentario, durante la última reunión multilateral, refleja lo que ha sido la cumbre de Evian, donde todo se ha diseñado para complacer al presidente norteamericano Leer   

"¡Soy el jefe!", se jactó el presidente de EEUU, Donald Trump, en un tono irónico en la última reunión multilateral del G-7 consagrada al "crecimiento económico". El presidente norteamericano se hizo esperar, como es habitual en él, y decidió romper el hielo ante el resto de los líderes con su mordaz comentario, que refleja efectivamente lo que ha sido de principio a fin la cumbre de Evian, con el broche de oro de Versalles.

Trump felicitó personalmente al presidente de Francia, Emmanuel Macron, por haber celebrado "una cumbre muy bien organizada" que ha servido para para enmendar las relaciones trasatlánticas. Todo fue diseñado en Evian precisamente para complacer al presidente norteamericano, que accedió a cambiar sus planes y quedarse hasta la cena final con otra de sus frases para la posteridad: "Versalles no es pan de oro, sino oro de verdad".

Pese a su calidad de anfitrión, Macron se mantuvo prácticamente en segundo plano hasta la conferencia de prensa final y cedió por completo el protagonismo al "amigo americano", que pudo capitalizar el acuerdo con Irán y subirse de nuevo al carro de la paz en Ucarnia con un cara a cara con Zelenski.

Trump se sintió cómodo y presto a hacer sus breves e incisivos comentarios en presencia de las cámaras al inicio de los encuentros. "¿Queréis quedaros a la reunión? Por mí no hay problema", fue su manera de rubricar su entrada en escena tras decir aquello de "I am the boss", uno de los momentos álgidos de la cumbre junto a aquel otro en el que el canciller Merz le regaló la camiseta de Alemania con TRUMP grabado en la espalda junto al número 47.

El presidente norteamericano fue tratado a cuerpo de rey por su anfitrión francés, que concibió el toque de final de Versalles como "un momento para la celebración de nuestra amistad". "No es una cena de gala, sino un cena para celebrar los 250 años de la independencia de Estados Unidos, en la que Francia jugó su papel", precisó Macron, presto a capitalizar también el éxito diplomático de su último G7 a diez meses de su despedida del Elíseo.

"Versalles y Estados Unidos" da título a la exposición concebida a la medida de Trump, que entrará con Macron y Brigitte en el flamante salón de los espejos coincidiendo con el crepúsculo en los jardines. No habrá fuegos artificiales al estilo 4 de julio, ni espectáculos de luz y sonido en las fuentes, pero Trump se marchará con una experiencia inmersiva en la "grandeur" francesa que le hará sentirse no ya como "el jefe", sino como un auténtico rey.

 

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