Carlos Sainz está firmando en Qatar uno de esos fines de semana qimpecables para Williams. Si el viernes ya avisó con un experimento de set-up “a lo loco” que funcionó mejor de lo previsto, el sábado ha confirmado que el equipo de Grove ha encontrado oro donde no esperaba encontrar ni arena: octavo en la clasificación sprint, punto al bolsillo en la carrera corta, y 7º en la clasificación oficial para el Gran Premio. Un sábado perfecto, inesperado… y trabajado.
Porque lo de Sainz ya no es casualidad. Es tendencia. El madrileño está cerrando la temporada mucho más fuerte que Alex Albon y, otra vez, volvió a marcar diferencias entrando en Q3 mientras su compañero caía en Q2. Y no solo entró: se colocó séptimo, lo máximo a lo que podía aspirar un Williams que sufre cada vez que monta el blando. Pero hoy dio igual: el FW47 voló más de lo previsto en un circuito que, sobre el papel, debía destrozarlo con sus curvas rápidas.
La sesión, sin embargo, tuvo un sobresalto inesperado. En su primer intento de Q3, Sainz salió del garaje con un plástico enganchado en el coche, provocando una bandera roja surrealista. Y lo peor: el “souvenir” dañó parte del ‘bodywork’.
“Seguro que no ayuda a la tensión y a los nervios de la Q3, sobre todo porque también nos ha dañado un poco el bodywork, la tapa del coche básicamente”, explicaba el madrileño. “Lo hemos podido reparar, pero no sé cuánto nos habrá afectado. Séptimo a una décima y media de Hadjar… incluso sin esos problemillas era complicado bajar una décima y media. La vuelta ha sido muy buena y la he repetido en Q2: he hecho dos o tres veces un 20.2 y no era capaz de bajar del 20.2 en esta cuarta”.
Daños, tensión, bandera roja… y aun así, séptimo. Para Williams, eso es oro.
El lado limpio, Hadjar delante y una salida clave
Delante tendrá a Isack Hadjar, que en Qatar se está mostrando como el cohete inesperado del fin de semana. Racing Bulls parece tener aquí el coche más fuerte de la zona media. Pero Sainz no se achanta: saldrá en el lado limpio, y ya en el sprint quedó claro que adelantar en Lusail es una pesadilla. Todo dependerá, literalmente, de cómo reaccione el semáforo.
“Hadjar va muy rápido, pero tengo ganas de ver qué podemos hacer desde el lado limpio”, decía. “Ojalá una buena salida y que eso nos permita ir a por buenos puntos y consolidar ese quinto en el campeonato, que sería olvidar. A por ello”.
El objetivo es claro: defender la quinta posición en el Mundial, algo impensable hace meses.
“Si me dices que sería séptimo en Qatar… lo hubiese comprado”
Y es que, para Williams, Qatar era territorio hostil. Las curvas rápidas eran el gran punto débil del FW47. Pero la configuración arriesgadísima del viernes sigue dando frutos.
“Hemos maximizado lo que había hoy, que era ese 20.2 que había que repetir varias veces. Estar séptimo en Qatar… si me lo dices antes del fin de semana pensando que era un circuito difícil para nosotros, lo hubiese comprado. Hay que estar contentos e ir a por la carrera mañana”.
Un resultado que, si no es media victoria, se le parece mucho.
Estrategia obligada a dos paradas: la clave está en la primera
La FIA ha impuesto un máximo de 25 vueltas por neumático: todos irán obligados a dos paradas. Pero eso no significa que todos vayan a hacer lo mismo. La ventana de la primera parada puede romper la carrera.
“La clave va a ser la primera parada, porque es lo que luego te limita el resto”, explicaba Sainz. “La gente puede elegir parar en la vuelta 7 o mucho más tarde, así que habrá que valorar cada situación y ver qué es lo mejor”.
Undercut, overcut… todo está sobre la mesa, y Williams ya ha demostrado que aquí cada riesgo puede valer puntos. Qatar debía ser un calvario para Williams. Pero Sainz ha convertido el fin de semana en un escaparate de confianza, de ritmo… y de liderazgo dentro del equipo. Si mañana clava la salida, puede soñar con algo grande en uno de los circuitos más exigentes del año.





























































































































