Mundo
La logística rusa, a tiro de dron: el Hornet ucraniano amenaza todas sus carreteras
Un aparato diseñado en EEUU y entrenado con inteligencia artificial deja Crimea sin gasolina y acaba con cientos de camiones militares de transporte Leer Un aparato diseñado en EEUU y entrenado con inteligencia artificial deja Crimea sin gasolina y acaba con cientos de camiones militares de transporte Leer
Durante los últimos días, gracias a los vídeos que se cuelgan a diario en redes sociales, hemos visto un nuevo tipo de camuflaje aún inédito en esta guerra: rayas blancas y gruesas sobre camiones y vehículos militares rusos. El color, aplicado como si fuera el lomo de una cebra, podría ser intesesante en invierno para hacerse indistinguible en la nieve, pero no se pinta para despistar al ojo humano. A quién se pretende confundir es a la inteligencia artificial con la que los ucranianos están empezando a entrenar a sus drones kamikaze de media distancia.
Gracias a uno de los desarrollos tecnológicos actuales más disruptores, los drones Hornet, diseñados por la empresa estadounidense Perennial Autonomy, propiedad de Eric Schmidt, el ex consejero delegado de Google, Ucrania está logrando hacer un gran daño a la logística rusa que abastece el frente de baralla. Capaz de alcanzar los 150 kilómetros de distancia (en sus primeras versiones, que se mejoran semana a semana), todo camión de munición, cisterna o góndola (para transportar blindados) es destruido por estos aparatos de ala fija, con inteligencia artificial integrada para seleccionar los blancos, que se han convertido en la última pesadilla del ejército ruso.
Los objetivos ucranianos se multiplican: este fin de semana, drones de media y larga distancia destruyeron dos bombarderos estratégicos rusos Tu-142 de ataque antisubmarino en el aeródromo de Taganrog, dos enormes aparatos con capacidades nucleares similares a los reventados en la operación Tela de araña de junio de 2025. Además, los drones ucranianos alcanzaron un valioso lanzador de misiles balísticos Iskander en la región de Rostov y la refinería de Saratov, a 700 kilómetros del frente, que ayer ardía tras los bombarderos.
¿Qué efecto puede tener esta oleada de ataques a la logística? Pues inmediato. Las contramedidas que Rusia puede oponer son lentas y costosas, como cubrir todas las carreteras de Crimea hasta Mariupol con redes antidrones (como ya ha hecho Ucrania en el Donbás).
Todo este sistema de ataque en profundidad de Ucrania, que está consiguiendo igualar e incluso superar al que posee Rusia, se sirve del software Prisma de la empresa estadounidense Palantir, como desvela el canal CNN en un reportaje reciente. Esta inteligencia artificial engulle miles de parámetros en tiempo real para encontrar las mejores rutas posibles para los drones ucranianos dentro del espacio aéreo ruso, aprendiendo cada vez más con los datos obtenidos tras cada incursión.
En paralelo, la industria tecnológica de Ucrania, apoyada en empresas occidentales y con las fábricas fuera de su territorio por seguridad, crea modelos cada vez más mortíferos y autónomos aprovechándose de la competencia entre empresas. El modelo ruso, basado en un sistema con mucho más control estatal, es capaz de producir mayor cantidad de armamento, pero no puede mejorarlo a la velocidad que imprime el ecosistema ucraniano, donde cada prototipo se prueba en el frente y se actualiza a toda velocidad antes de producirlo de forma industrial.
Con el frente estancado por la presencia de miles de drones sobrevolando cada aldea y cada campo, los ataques en profundidad han cobrado mucha mayor importancia. Se trata del talón de aquiles de ambos países. En el caso de Ucrania, casi sin misiles Patriot para defender su infraestructura civil, la preocupación es volver a la situación del año pasado, con Rusia destruyendo centrales eléctricas y dejando a oscuras ciudades enteras. Para evitarlo, Alemania ha enviado otra batería de misiles antiaéreos IRIS-T, la décima de esta clase con la que cuenta Kiev. El compromiso de Berlín es enviar dos más en 2026.
Michael Kofman, investigador sénior del Programa de Rusia y Eurasia de la Fundación Carnegie, cree que «el tiempo ya no está del lado de Rusia. Pero no es un punto de inflexión en el sentido de que Ucrania gane y Rusia pierda. Es demasiado pronto para ese optimismo. El mayor desafío para Ucrania en este momento no son los ataques en el frente. El objetivo político de Ucrania en esta guerra es mucho más fácil de lograr. Consiste en mantener la defensa y, simplemente, hacer que la guerra sea inútil para Moscú. Y eso está funcionando. El frente es estable y seguirá siéndolo».

