Ciencia y Tecnología
Un extraño tejido que se niega a morir intriga a la ciencia
En algún rincón del frío fondo marino del Atlántico Norte vive una criatura que, sin saberlo, podría estar ofreciendo nuevas pistas sobre uno de los grandes enigmas de la biología. ¿Qué necesita un tejido vivo para mantenerse activo durante años sin el organismo que lo sustenta?
No se trata de una medusa inmortal ni de alguna esponja milenaria de las que suelen poblar los catálogos de maravillas de la longevidad. Es el Psolus fabricii, un pepino de mar escarlata de aspecto poco llamativo, torpe en sus movimientos y propenso a perder pies tubulares y tentáculos en los inevitables roces de la vida submarina. Y esa torpeza resultó ser una pista.
Hace unos años, investigadores de la Universidad Memorial de Terranova y del Laboratorio Bigelow de Ciencias Oceánicas, en Estados Unidos, se toparon con una observación inesperada. Mientras examinaban tejidos desprendidos de estos pepinos de mar, advirtieron que una pequeña porción permanecía visible semanas después de haberse separado del animal. Lo llamativo no era solo que no hubiera desaparecido, sino que parecía mostrar señales de crecimiento, algo que contradecía lo que normalmente se espera de un tejido aislado.
Así, lo que comenzó como una "observación aguda", según la biogeoquímica marina Rachel Sipler, se convirtió en un experimento que se prolongó durante más de tres años, y cuyos resultados acaban de publicarse en Science Advances.
Un hallazgo sin precedentes en biología marina
Según los autores del estudio, se trata de un fenómeno sin precedentes documentados. Nunca antes se había descrito un tejido separado de un animal que no solo permaneciera viable durante años, sino que además siguiera mostrando señales de crecimiento y reorganización en un entorno natural tan complejo y poco controlado como el agua de mar.
Al anunciar el descubrimiento, el Laboratorio Bigelow de Ciencias Oceánicas evocó a Frankenstein y a "La Cosa" de La familia Addams. Al fin y al cabo, se trata de un tejido separado de su organismo que permanece activo, una peculiaridad que le ha valido el apodo de "zombi de la vida real".
Tejido vivo sin laboratorio: el experimento que duró tres años
En experimentos anteriores, los cultivos de tejido animal solo lograban mantenerse en entornos axénicos –esterilizados y protegidos de cualquier contaminante biológico–, y aun así solían sobrevivir unas nueve semanas como máximo, sin mostrar signos reales de curación ni crecimiento.
Por su parte, el tejido de P. fabricii se comportó de una manera muy distinta. En experimentos, muestras de pies, tentáculos y cuerpo principal se colocaron en tanques de agua de mar natural en circulación, sin esterilizar, repleta de bacterias y materia orgánica. En lugar de deteriorarse, los tejidos permanecieron activos, mostraron señales de reparación y reorganización, y siguieron aprovechando nutrientes presentes en el entorno para mantenerse. Incluso años después, algunos tentáculos aislados continuaban respondiendo al tacto, una señal de que conservaban funciones biológicas complejas.
"El agua de mar natural es prácticamente el entorno con mayor diversidad microbiana y menos limpio que podríamos utilizar experimentalmente", explicó Sipler. "Sin embargo, ese entorno rico, lleno de bacterias y toda esa materia orgánica, les estaba proporcionando alimento y permitiendo que el tejido se curara y creciera", agregó.
Para ilustrar la magnitud del hallazgo, la investigadora recurre a una comparación sencilla: "Es como un lagarto que pierde la cola. Sabemos que algunos lagartos pueden regenerar la cola; estamos hablando de si la cola puede dar lugar a un nuevo lagarto".
Los científicos subrayan que no se trata de inmortalidad en el sentido de la ciencia ficción. Los fragmentos no se han transformado en nuevos organismos completos y, por ahora, al final del proceso no aparece un nuevo pepino de mar. Pero en esos fragmentos ocurre una combinación de procesos que, según los investigadores, no se había documentado antes en estas condiciones. Los investigadores observaron indicios de diversificación celular, reorganización tisular y otras respuestas biológicas activas. Y eso plantea nuevas preguntas sobre cómo definir los límites de la vida celular.
Una excepción incluso entre los pepinos de mar
Sara Jobson, autora principal del estudio e investigadora de la Universidad Memorial de Terranova, no ocultó su asombro al hablar con Ars Technica. "Se trata de inmortalidad tisular de origen natural. Es algo inaudito que haya tejidos que sobrevivan con tanta facilidad. Nunca habíamos visto nada parecido", afirmó.
La singularidad del hallazgo queda aún más clara al compararlo con otros casos conocidos. Según afirman los científicos en su estudio, el único cultivo de tejido descrito anteriormente como "indefinido" procedía de un embrión de pollo y carecía tanto de la capacidad de cicatrización como de la extraordinaria resistencia observada en el pepino de mar.
Además, cuando el equipo estudió explantes de otras especies de pepinos de mar, ninguno sobrevivió más de tres meses y medio. Todo indica que P. fabricii es una excepción incluso entre sus parientes más cercanos.
Aplicaciones en medicina regenerativa y cicatrización
Las implicaciones biomédicas son amplias. Al tratarse de un invertebrado, la especie está sujeta a menos restricciones regulatorias que las líneas celulares de vertebrados, lo que la convierte en una herramienta atractiva para investigación en contextos con infraestructura limitada. Los autores apuntan a posibles aplicaciones en regeneración de tejidos y cicatrización antimicrobiana.
Para Andrea Bodnar, directora científica del Instituto de Genómica Marina de Gloucester, el hallazgo es un recordatorio de cuánto queda por aprender de los océanos. "Este descubrimiento pone de relieve que el océano encierra innovaciones biológicas profundamente inesperadas", aseguró.
Y quizá esa sea la lección más sorprendente de todas. En las profundidades frías del Atlántico Norte, un modesto pepino de mar acaba de mostrar que aún existen fenómenos biológicos capaces de poner a prueba algunas de nuestras ideas sobre los límites de los tejidos vivos.
