Economía
Seguros y turismo: ecuación de resiliencia para el sector hotelero
La ubicación geográfica de República Dominicana, en pleno corredor de huracanes del Caribe, ha convertido el aseguramiento hotelero en una pieza estratégica para la continuidad del turismo, un sector que aporta alrededor del 18% del producto interno bruto (PIB) nacional.
Más que un requisito operativo, la protección frente a eventos climáticos y riesgos imprevistos se ha transformado en una herramienta para preservar infraestructura, ingresos y confianza en uno de los principales motores de la economía dominicana.
La legislación local establece requisitos para la obtención de licencias de operación hotelera, entre ellos una póliza de responsabilidad civil acorde con el capital invertido y el volumen operativo del establecimiento. A esto se suman las exigencias de cadenas internacionales y entidades financieras, que consideran el aseguramiento un componente esencial para la viabilidad de los proyectos.
El presidente de la Asociación de Hoteles y Turismo de la República Dominicana (Asonahores), Juan Bancalari, declara a elDinero que el aseguramiento suele ser integral y robusto en hoteles y complejos turísticos formales, aunque varía según el tamaño y las características de cada operación.
Entre las coberturas más comunes figuran las pólizas por daños a infraestructura, huracanes, incendios y eventos catastróficos. También destacan los seguros de responsabilidad civil frente a huéspedes y terceros, protección de datos y riesgos ambientales.
En proyectos de gran escala es habitual incorporar coberturas internacionales y esquemas de reaseguro. Aunque no existe una estadística pública consolidada sobre el nivel de aseguramiento del sector, Bancalari sostiene que el conocimiento de los hoteleros sobre su importancia es elevado.
“Hoy existe una mayor comprensión de que el seguro no es un gasto accesorio, sino una herramienta de continuidad operativa y protección patrimonial”, afirma, tras señalar que la contratación de coberturas ha aumentado en los últimos años, especialmente después de eventos climáticos extremos, la pandemia y mayores exigencias regulatorias y financieras.
De su lado, la vicepresidenta del Área Técnica de Seguros Universal, Carolina Pichardo, sostiene que actualmente el mercado enfrenta un cliente más sofisticado, consciente de sus riesgos y con una visión más amplia de protección.
“Si bien las coberturas tradicionales asociadas a daños materiales, particularmente aquellas vinculadas a fenómenos naturales como huracanes y terremotos, siguen siendo fundamentales dada la ubicación geográfica del país, existe una tendencia hacia la evaluación de coberturas complementarias”, explica.
A su juicio, este cambio refleja una visión más integral del riesgo. Los hoteles ya no buscan proteger únicamente edificios y activos físicos, sino también garantizar la continuidad de sus operaciones ante distintos escenarios.
Datos de la Cámara Dominicana de Aseguradores y Reaseguradores (Cadoar) indican que el ramo “Incendio y líneas aliadas”, que cubre grandes infraestructuras patrimoniales ante incendios y fenómenos naturales, pasó de RD$31,382.77 millones en 2023 a RD$40,291.48 millones en 2025.
De hecho, el 78.1% del costo de estas primas se destina directamente al reaseguro neto. Esto evidencia que la protección de grandes estructuras turísticas dominicanas depende en gran medida de la disposición de mercados financieros internacionales a asumir riesgos catastróficos en el Caribe.
Sin embargo, una amplia cobertura no implica necesariamente una protección total. Según Asonahores, el costo de las pólizas representa alrededor de un 1.2% de los gastos operativos de un hotel.
A pesar de que el sector suele estar bien asegurado, la presidenta ejecutiva de Marsh para República Dominicana y el Caribe, Vivian Acra, advierte que todavía persisten brechas importantes.
Estas incluyen coberturas insuficientes en interrupción de negocios, responsabilidad civil, riesgos reputacionales, pérdida de atracción turística, deducibles catastróficos y otras exposiciones emergentes.
Además, señala que un evento puede generar consecuencias económicas relevantes sin producir grandes daños físicos.
“Muchos hoteles asumen que una póliza general cubre cualquier evento que afecte la operación o la reputación. Sin embargo, en la práctica pueden existir exclusiones, sublímites o condiciones particulares para casos sensibles como acoso, abuso sexual, discriminación o fallas en protocolos de seguridad”, explica.
Riesgos
Según el informe “BID Economics”, durante las últimas dos décadas más de 180 ciclones han afectado República Dominicana, generando pérdidas superiores a US$700 millones y afectando la productividad.
En ese contexto, Acra destaca que el mercado reasegurador se ha vuelto más técnico, selectivo y exigente. No obstante, aclara que las regiones no suelen ser declaradas inasegurables de manera automática por el aumento en la frecuencia de fenómenos climáticos extremos.
“Si bien hay disponibilidad de reaseguros, el interés de las compañías depende cada vez más de la calidad del riesgo. Aspectos como ubicación, infraestructura, exposición y medidas de prevención son determinantes al momento de evaluar una cobertura”, sostiene.
Aun así, algunos activos particularmente expuestos en el Caribe podrían enfrentar deducibles más elevados, exigencias adicionales de ingeniería y condiciones más restrictivas.
Primas
La fijación de primas responde a múltiples variables, entre ellas ubicación, cercanía al mar, tipo de construcción, historial de pérdidas, deducibles, mantenimiento, capacidad contratada y límites asegurados.
Pichardo explica que un hotel ubicado frente al mar suele enfrentar tarifas superiores a otro situado en el centro de Santo Domingo, incluso con características similares, debido a una mayor exposición a huracanes, inundaciones y marejadas ciclónicas.
A esto se añade la inflación global en costos de construcción y reposición, un elemento que mantiene presión sobre el mercado asegurador.
En ese sentido, Pichardo resalta la necesidad de revisar periódicamente las sumas aseguradas para garantizar que reflejen los costos reales de reposición y evitar situaciones de infraseguro.
Sin embargo, Acra subraya que la ubicación por sí sola no define el perfil de riesgo. Dos hoteles dentro de un mismo destino pueden presentar condiciones muy distintas según la calidad de sus instalaciones, su mantenimiento y sus estrategias de gestión preventiva.
El mercado asegurador ha comenzado a evolucionar hacia modelos que van más allá de la protección de infraestructura física, incorporando soluciones enfocadas en interrupciones operativas y factores que afectan directamente la demanda turística. En ese sentido, la gerente sénior técnica de Riesgos Generales de Matos Corredores de Seguros, Gisell de León, destaca el crecimiento de los seguros paramétricos.
Según explica, estas coberturas responden a situaciones que pueden alterar la operación hotelera sin causar daños directos, como episodios de sargazo, restricciones de viaje, alertas sanitarias o eventos climáticos específicos que reducen los niveles de ocupación.
Acra coincide y agrega que estos productos funcionan mediante indicadores previamente establecidos -como niveles de acumulación de sargazo, días de cierre de playas o alertas sanitarias- que activan compensaciones automáticas cuando se cumplen determinadas condiciones.
“En turismo, donde la continuidad de ingresos depende de factores externos, estas herramientas son cada vez más relevantes para construir programas de transferencia de riesgos más sofisticados”, afirma.
Sector bancario
La percepción de protección frente a imprevistos también se ha convertido en un elemento de competitividad turística.
La presidenta de la Asociación de Bancos Múltiples de la República Dominicana (ABA), Rosanna Ruiz, considera que aspectos como coberturas médicas, cancelaciones y protección ante desastres naturales representan factores diferenciadores para turistas provenientes de mercados maduros como Estados Unidos y Europa.
“Un destino con un ecosistema asegurador robusto transmite confianza institucional, lo que favorece la decisión de viaje y la fidelización”, afirma.
Ruiz entiende que, aunque el país ha avanzado en seguros de asistencia al viajero y coberturas médicas vinculadas al sector hotelero, todavía existe espacio para fortalecer una cultura aseguradora más preventiva.
Además, prevé que entre 2025 y 2030 el mercado evolucionará impulsado por seguros paramétricos, microseguros digitales y una mayor integración con plataformas de reservas, hoteles y aerolíneas.
El seguro se ha convertido en una herramienta estratégica de resiliencia en el turismo.
Protección a la industria turística
El director de Riesgos Generales en Matos Corredores de Seguros, Manuel Omar Matos, expresa que el turismo figura entre los sectores mejor asegurados de República Dominicana, debido a que maneja activos de alto valor, alta exposición y elevados niveles de apalancamiento financiero. Sin embargo, aclara que esa realidad no significa que el sector esté libre de brechas.
Matos sostiene que las principales carencias se observan en áreas como el lucro cesante, sublímites que no responden a la operación real, deducibles catastróficos indebidamente segregados y pérdidas sin daño físico. Asimismo, advierte que muchos hoteles mantienen valores asegurados desactualizados. Explica que factores como la inflación y las disrupciones en la cadena de suministros elevan cada año los costos de reposición y, si esos cambios no se reportan oportunamente, las propiedades pueden quedar expuestas a un riesgo importante de infraseguro.
El especialista afirma que Quisqueya no se está convirtiendo en un mercado “no asegurable”, aunque sí atraviesa una etapa en la que opera con criterios mucho más técnicos y selectivos. En ese sentido, señala que los reaseguradores exigen hoy más información, inspecciones más rigurosas y una evaluación más detallada de los riesgos.
También apunta que el mercado local mantiene un nivel importante de apetito frente a otros territorios de la región.
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