Economía
El seguro como infraestructura invisible de la economía
Cuando se habla de infraestructura económica, normalmente se piensa en carreteras, puertos, aeropuertos o sistemas eléctricos. Sin embargo, existe otra infraestructura menos visible, pero igualmente esencial para el funcionamiento de los mercados: el seguro. Gran parte de la actividad económica depende de mecanismos que permitan transferir y administrar riesgos de manera eficiente.
El seguro cumple una función económica mucho más amplia que simplemente indemnizar pérdidas. Su verdadero valor radica en crear condiciones de previsibilidad que permiten invertir, financiar y operar con mayor confianza. En otras palabras, el seguro no elimina el riesgo, pero sí reduce la incertidumbre económica asociada a ese riesgo.
Pocas actividades económicas relevantes funcionan hoy sin algún componente de aseguramiento. Un banco difícilmente financia un proyecto inmobiliario sin pólizas adecuadas. De igual forma, operaciones comerciales, proyectos industriales, transporte de mercancías y financiamientos corporativos dependen de estructuras de cobertura para reducir exposición financiera.
Esto convierte al seguro en un facilitador del crédito y de la inversión. Mientras más confiable sea el sistema de aseguramiento, menor es la percepción de riesgo para acreedores e inversionistas. Cuando hay bajo riesgo, se puede disminuir el costo del capital.
Sin embargo, la cultura de aseguramiento en República Dominicana enfrenta importantes limitaciones. Muchas empresas y personas adquieren seguros únicamente porque son exigidos contractualmente o por ley, y no como parte de una estrategia integral de gestión de riesgos. Esto produce una visión reactiva del aseguramiento, más vinculada al cumplimiento que a la planificación económica.
Otro problema frecuente es el subseguro. Activos asegurados por debajo de su valor real, coberturas insuficientes y pólizas mal estructuradas generan una falsa sensación de protección. El problema aparece cuando ocurre el siniestro y la recuperación económica resulta muy inferior a la pérdida efectiva.
A esto se suma el impacto creciente del cambio climático y de eventos catastróficos sobre el costo del riesgo. Fenómenos naturales más frecuentes e intensos obligan a recalibrar primas, exclusiones y modelos actuariales, particularmente en economías insulares como las del Caribe. El seguro deja así de ser un asunto puramente privado para convertirse en un tema de resiliencia económica nacional.
En nuestro país, la discusión sobre seguros debería ir más allá del ámbito técnico o contractual. La profundidad y sofisticación del mercado asegurador reflejan también el nivel de madurez económica e institucional de un país. Economías más desarrolladas tienden a transferir riesgos de forma más eficiente y menos improvisada.
Los seguros constituyen una de las infraestructuras invisibles más importantes de la economía moderna. Sin mecanismos adecuados de cobertura, el crédito formal se encarece, la inversión se vuelve más cautelosa y las empresas operan con mayor fragilidad. La fortaleza de un mercado asegurador no solo protege patrimonios; también sostiene crecimiento, estabilidad y confianza económica.
Archivado en: sector segurosSeguros
