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Economía

El “cariñito” y la admisión implícita del fracaso social

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Crecemos como economía. Hasta lo pregonamos con orgullo en escenarios internacionales. Y es así. Pero algo no anda bien cuando se miran las estadísticas de pobreza y de hogares con alguna ayuda del Estado.

¿Por qué lo decimos? El Gobierno, a través del programa Supérate, inició la entrega de un aporte único de RD$1,500 denominado “El cariñito”. Esta acción, destinada a madres solteras por el Día de las Madres, fue iniciada durante un almuerzo encabezado por el presidente Luis Abinader y la directora de la entidad, Mayra Jiménez.

Si bien el acto contó con la participación de 600 madres y se presenta bajo una narrativa de sensibilidad y acompañamiento social, es imperativo mirar más allá de la coyuntura festiva. Estoy entre quienes consideran que la entrega de este subsidio temporal constituye una admisión implícita del fracaso de la política de Estado en materia de reducción estructural de la pobreza. Creo en que debemos crear ciudadanos productivos.

El asistencialismo, por noble que parezca, no sustituye al desarrollo. El verdadero éxito de una política social no se mide por la cantidad de personas a las que se les entrega un subsidio, sino por el número de ciudadanos que logran salir de la vulnerabilidad y ya no necesitan ayuda pública para sostenerse. Por eso creo que esto me huele más a populismo que a política de asistencia.

A propósito, la data oficial evidencia una realidad preocupante: en todo el territorio hay 1,437,500 hogares beneficiarios de los distintos programas sociales. Es información de Supérate. De esta alarmante cifra, un 65% tiene a una mujer como cabeza de hogar, 54.5% son madres.

Estos números no son un logro que celebrar; son una radiografía del estancamiento social. Si aceptamos como ciertos estos datos, que reflejan que casi un millón y medio de hogares dependen de una transferencia estatal, tanto el gobierno actual como las administraciones anteriores deben hacer un mea culpa y pedir perdón a la sociedad.

Es mandatorio que la clase política se pregunte con honestidad hacia dónde se ha ido el crecimiento económico del que tanto se jactan los informes, si este no se traduce en una verdadera movilidad social ni en empleos dignos que independicen a las familias del presupuesto público.

Aunque se entiende y se respeta la intención de amainar la urgencia económica de las madres en su día, el enfoque del Estado debe cambiar de manera radical. El asistencialismo perpetúa la dependencia; lo que el país necesita es que se enseñe a la gente a pescar en lugar de limitarse a repartir el pez de forma condicionada o estacional.

La verdadera libertad económica se logra mediante la educación de calidad, oportunidades laborales formales y el fortalecimiento de capacidades técnicas que permitan a esas madres solteras liderar su propio sustento, es decir, emprender.

Mientras la respuesta estatal siga siendo el subsidio paliativo, seguiremos atrapados en un círculo vicioso donde el “cariñito” de hoy no es más que el recordatorio de las deudas sociales pendientes del mañana.

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