Economía
Responsabilidad civil: una cobertura que no se puede seguir subestimando
El año pasado, la Superintendencia de Seguros emitió las resoluciones 05-2025 Y 07-2025 aumentando los límites de responsabilidad civil para las motocicletas vehículos livianos y pesados, con el fin de modificar los que imperaban desde 2002, (Resolución 10-2002) con una inflación acumulada de U$1 a U$1.85, siendo más grave en pesos dominicanos. A pesar de la urgencia del cambio, nuestro supervisor no aguantó la presión de sectores que impidieron la modificación, a pesar de poseer la tasa más alta de accidentes de tránsito de la región.
En la medida en que las sociedades evolucionan, también crece la conciencia sobre las consecuencias que nuestras acciones pueden generar sobre terceros. Ese proceso, que en países desarrollados impulsó durante décadas el crecimiento de los seguros de responsabilidad civil, tiene una gran importancia en República Dominicana, básicamente por los accidentes de tránsito, y el crecimiento de la economía con sus múltiples operaciones y responsabilidades ante el público.
Tradicionalmente, en nuestro país la responsabilidad civil ha sido vista como un requisito legal (artículos 1382 y 1383 del Código Civil), más que como una verdadera herramienta de protección patrimonial.
La mayoría de las personas asocia este ramo únicamente al seguro obligatorio de vehículos, sin comprender que la responsabilidad frente a terceros está presente en casi todas las actividades económicas, profesionales y comerciales de la vida moderna.
El crecimiento urbano, el aumento del parque vehicular, la expansión de la construcción, el desarrollo del turismo, la proliferación de negocios y el mayor acceso de la población a mecanismos legales están creando un escenario donde las reclamaciones por daños y perjuicios son cada vez más frecuentes. Hoy cualquier médico, ingeniero, abogado, contratista, empresa de transporte, comercio o centro de servicios puede enfrentar una demanda por errores, negligencia, accidentes o daños ocasionados a terceros.
Y aunque en República Dominicana todavía no existe el nivel de judicialización observado en Estados Unidos o Europa, sí se percibe un aumento sostenido de conflictos legales derivados de accidentes de tránsito, mala praxis, daños en construcciones, incendios, fallas operativas y reclamaciones contractuales. Y cada vez tienen una mayor publicidad y exposición en las redes y el afán de algunos obtener beneficios. Uno de los problemas más preocupantes es que muchas pequeñas y medianas empresas operan prácticamente desprotegidas frente a estos riesgos. En numerosos casos, el empresario dominicano invierte en inventario, vehículos, equipos y estructuras físicas, pero no protege adecuadamente su patrimonio frente a una posible reclamación civil.
A esto se suma una realidad cultural: todavía existe poca conciencia sobre el impacto económico de una demanda. Muchos ciudadanos entienden el seguro únicamente como un mecanismo para reparar bienes propios, pero no visualizan las consecuencias patrimoniales que implica causar daños a otros.
Sectores como construcción, turismo, energía, zonas francas, logística y servicios profesionales necesitan coberturas más sofisticadas de responsabilidad civil. También empiezan a surgir nuevas necesidades vinculadas a riesgos tecnológicos, protección de datos, operaciones digitales y responsabilidad profesional especializada.
La tendencia apunta a que este ramo necesita crecer significativamente durante los próximos años, impulsado por una economía más compleja, mayores exigencias legales y una sociedad cada vez más consciente de sus derechos.
La responsabilidad civil no debe verse como un gasto innecesario ni como una simple obligación contractual. Debe entenderse como una herramienta esencial de estabilidad financiera, continuidad empresarial y protección patrimonial.
En una sociedad cada vez más interconectada como la dominicana, el impacto de nuestras acciones sobre terceros seguirá aumentando. Y con ello, también crecerá la necesidad de contar con seguros capaces de responder ante esos riesgos, pero los protagonistas del mercado deben ser más proactivo y esforzarse un poco más por lograr llevar conocimiento y concientización al mercado.
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