Connect with us

Mundo

El cargo a medida del ex príncipe Andrés: comercio, ballet y amigos peligrosos

Published

on

Los detalles de su nombramiento han sido divulgados esta semana como consecuencia de la investigación de su relación con Epstein Leer Los detalles de su nombramiento han sido divulgados esta semana como consecuencia de la investigación de su relación con Epstein Leer   

Un representante para Comercio e Inversión cuyas condiciones de laborales determinan que "tiene preferencia por los países más sofisticados, preferiblemente aquéllos en el liderazgo tecnológico", y que no debe ser "agobiado con mítines regulares (…) o con la carga de papeles que conlleva ser miembro de comités y consejos", si bien debe tenerse presente que "tiene preferencia por el ballet y no el teatro".

Ésas eran las normas de la Administración Pública británica para tratar con el representante para Comercio e Inversión del Reino Unido de 2001 a 2011, Andrés de Inglaterra, entonces Duque de York (también llamado "el príncipe Carlos") y, desde octubre pasado, simplemente Andrew Mountbatten-Windsor ("el ex príncipe Carlos"). Los detalles de su nombramiento, divulgados esta semana como consecuencia de la investigación de su relación con el proxeneta de la élite mundial, Jeffrey Epstein, ponen de manifiesto no solo la arbitrariedad de su nombramiento, sino la total falta de supervisión y análisis de los altos cargos en la Administración y la realeza británicas.

Es un paso más dentro del desmantelamiento de la imagen de seriedad del funcionariado británico, que fue iniciada hace meses con el caso del ex embajador en EEUU, Peter Mandelson, otra persona cercana a Epstein. En el caso de Andrew, los fallos de seguridad son aún más flagrantes. Porque el ex príncipe no solo no tenía ninguna experiencia -o interés- en el comercio y la inversión. Sino que, además, hizo gala de un formidable mal tino para elegir a sus amigos. Y no es solo por Epstein. Andrew llegó a crear un problema de seguridad nacional para el Gobierno del Reino Unido con su amistad con Cai Qi, el hombre que en la práctica era el jefe de gabinete del presidente chino, Xi Jinping, a quien llegó a invitar al palacio de Buckingham.

La primera sorpresa es que logró el cargo gracias a que, lisa y llanamente, Andrés era el nieto favorito de la reina Isabel II, que, directamente, lo reclamó para él. Isabel quería que el príncipe fuera el representante para Comercio e Inversión porque el chico se iba a quedar en el "paro" institucional por la conclusión de sus 22 años de servicio en la Armada británica, donde sirvió en la guerra de las Malvinas contra Argentina. El puesto de representante especial era de nueva creación, y fusionaba dos cargos que había ejercido el primo de la reina, el duque de Kent.

Incluso en una monarquía constitucional europea del siglo XXI hay cosas que no se le discuten al monarca. Como escribió David Wright, director del entonces recién creado organismo público Comercio Británico Internacional – hoy rebautizada como Inversión y Comercio del Reino Unido – al ministro de Asuntos Exteriores, Robin Cook, "el deseo de la reina es que el duque de Kent sea sucedido por el duque de York".

Para el Gobierno del laborista Tony Blair, Andrés era la persona perfecta. Era el segundo en la línea de sucesión del trono, tras su hermano Andrés, y una persona bien conocida en todo el mundo. En definitivas cuentas: la cara perfecta para representar al Reino Unido en todo tipo de acontecimientos internacionales comerciales y económicos, desde el Foro de Davos hasta misiones comerciales a China. Y, si el chico no quería trabajar mucho, tampoco pasaba nada. A fin de cuentas, es una posición ceremonial, sin retribución, si bien los costes de los viajes de la realeza son considerables.

Lo que no se le ocurrió a nadie fue llevar a cabo una revisión de Andrés. Y ahí es donde ayer, jueves, saltaron chispas en el Parlamento británico. Porque el 21 de julio de 2011, menos diez años después de que asumiera el cargo, el príncipe tenía que dimitir después de que se publicara una foto de él con Virginia Giuffre, una chica que trabajó siendo menor de edad como prostituta para Epstein. Detrás de ellos está Ghislaine Maxwell, la única persona encarcelada por el escándalo, hijo del empresario de los medios de comunicación y ex espía del Mossad israelí, Robert Maxwell, que murió en extrañas circunstancias en Canarias en 1991. Tanto Giuffre como Epstein se han suicidado. Antes de morir, la australiana había demandado a Andrés. Pero éste llegó a un acuerdo de indemnización que fue pagado íntegramente por su abuela Isabel II y su hermano Carlos.

La foto de Andrés con Giuffre y Maxwell de fondo fue tomada en la casa de esta última en Londres el 10 de marzo de 2001, apenas tres semanas antes de que el duque de Kent dejara sus cargos comerciales, y a poco más de seis meses de que Andrés los asumiera. Aparentemente, nadie se molestó en echarle una ojeada.

La única directriz que recibieron los funcionarios del Gobierno británico era que, si desde los medios de comunicación de cuestionaba la absoluta falta de experiencia de Andrés en materias de diplomacia en general, y de comercio e inversiones en particular, se destacara la "relevancia" de la figura del príncipe. Así, Andrés tenía 'carta blanca' para viajar, ir al ballet (mejor que al teatro) y jugar el golf (aunque un memorando oficial recuerda que solo puede hacerlo con carácter privado).

 

Continue Reading
Click to comment

Leave a Reply

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *