Connect with us

Economía

La formalidad como camino, no como carga

Published

on

Esa debería ser la base de la conversación. La formalización no puede limitarse a lograr que más negocios se registren. El punto es más profundo: hacer que la formalidad tenga sentido para quienes deciden dar ese paso: crecer, acceder a crédito, vender más, proteger a los trabajadores y operar con mayor estabilidad.

En América Latina, el problema no es solo crear empleo. Según la OIT, aunque el desempleo regional bajó a 6.1% en 2024, la informalidad todavía alcanzaba el 47.6% de las personas ocupadas. La región trabaja más, pero no necesariamente trabaja mejor.

En República Dominicana, la formalización sigue siendo una conversación pendiente de productividad. La informalidad laboral está vinculada a la formalización limitada de las empresas, y organismos como la OCDE han señalado que entender por qué muchas empresas permanecen informales es clave para diseñar mejores estrategias. No se trata solo de exigir cumplimiento, sino de entender los incentivos que enfrentan.

El país no parte de cero. Iniciativas como Formalízate han simplificado la entrada a la formalidad al reunir trámites clave de constitución empresarial en una misma plataforma. Ese avance importa, porque formalizarse no debe empezar con un laberinto administrativo.

Pero la experiencia regional muestra que el registro es apenas el primer paso. En Colombia, por ejemplo, programas de formalización empresarial han combinado jornadas sectoriales, asistencia técnica, contabilidad, formación y apoyo financiero-productivo, con resultados reportados en productividad, tiempos de entrega y ventas.

Esa es la lección relevante: formalizar no es solo abrir una ventanilla. Es construir una ruta.

Formalizar sin capacidades puede simplemente aumentar costos. Si el registro trae obligaciones inmediatas, pero no abre acceso a crédito, tecnología, mercados, capacitación o protección social viable, el incentivo queda incompleto. En ese caso, la formalidad termina percibiéndose como una obligación más, no como una oportunidad para producir más valor.

La respuesta debe ser gradual y proporcional. No se le puede pedir a una microempresa operar con la misma carga administrativa que una empresa mediana. También debe asociarse a beneficios productivos: crédito, asistencia contable, medios de pago digitales, compras públicas, capacitación y conexión con clientes formales.

La seguridad social es otro punto crítico. Para trabajadores independientes, microempresas y personas con ingresos variables, el sistema debe ofrecer opciones más flexibles y viables. Sin protección posible, la formalidad pierde parte de su sentido.

También se requiere que las cadenas de valor funcionen como puente. Turismo, zonas francas, agroindustria, construcción y servicios pueden integrar pequeños proveedores bajo estándares, demanda estable y acompañamiento.

La formalización no debería medirse solo por cuántos se registran, sino por cuántos logran crecer después de formalizarse.

Ahí está la diferencia: una economía no se transforma porque más empresas se registren, sino cuando esas empresas pueden producir más valor, contratar mejor, acceder a financiamiento, innovar y sostenerse en el tiempo.

Archivado en:

 

Continue Reading
Click to comment

Leave a Reply

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *