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Rafal Trzaskowski, alcalde de Varsovia: "En Defensa hay que ser solidarios. El peligro es igual para españoles y polacos"

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Rafal Trzaskowski no es un alcalde más de una gran ciudad polaca. Este político liberal y proeuropeo ha plantado cara al ultranacionalismo conservador de su país en dos elecciones presidenciales (2020 y 2025), como candidato del partido del primer ministro Donald Tusk. Y a punto estuvo de cantar victoria en la segunda ocasión, al quedarse a un punto de Karol Nawrocki. De ello y mucho más accede a hablar durante una visita a Madrid.

PREGUNTA. ¿Su objetivo es transformar una ciudad, Varsovia, o una sociedad, la polaca?

RESPUESTA. Mi trabajo es transformar Varsovia y hacer la ciudad lo más habitable posible, pero también resolver los problemas de la gente, en lo que respecta a los altos precios de la vivienda o a la crisis de salud mental entre los jóvenes. Y a su vez intentar abordar algunos de los problemas que tenemos a nivel nacional. Los polacos estamos muy polarizados debido a las redes sociales, donde los algoritmos no hacen más que fomentar el conflicto y las emociones negativas. Por eso enseñamos a nuestros hijos en las escuelas a desarrollar ese instinto de verificar la información que ven, a no darla por buena tal cual, sino que sean capaces de cuestionar realmente la realidad.

P. ¿Se volvería a presentar a las elecciones presidenciales polacas?

R. Cuesta mucho imaginar una situación así. Ahora me centro en la ciudad. Pero lo importante para nosotros, es decir, para mi partido político, que está en el poder, es extraer lecciones de esas elecciones, y la principal es que las personas menores de 35 años no responden a los mensajes habituales. Hay que ser mucho más activo en las redes sociales, y ellos están cansados de la polarización, así que también hay que transmitir mensajes más positivos y abordar las cuestiones que les importan. Pero a su vez envía un mensaje muy claro al Gobierno de que tiene que cumplir sus promesas, porque mi candidatura también fue juzgada por el hecho de que provengo del mismo partido del que proviene el Gobierno, y aunque el Gobierno ha realizado una enorme cantidad de trabajo, dado que estamos en coalición, no hemos cumplido todas las promesas. Por desgracia, los populistas están ahora en auge en muchos países. Les resulta más fácil ganar, porque muchos de ellos no tienen historial. Por eso es mucho más difícil volver a la opinión pública en su contra.

P. ¿Perdió Polonia la gran oportunidad de contar con un presidente y un primer ministro del mismo signo político con los que poder avanzar o Donald Tusk está logrando igualmente llevar su agenda adelante?

R. Si hubiéramos tenido un presidente positivo y racional, podríamos haber avanzado y modernizado el país más rápido, aprovechando el potencial de la gente y de la economía en beneficio de la nación. Pero, por desgracia, tenemos un presidente [Nawrocki] cuya principal tarea es complicarle la vida al Gobierno y bloquear cualquier iniciativa, y ni siquiera lo oculta. Me refiero a que el presidente anterior [Andrzej Duda], que también era populista, vetaba leyes en contadas ocasiones. Este presidente veta muchas medidas presentadas por el Gobierno simplemente porque no quiere que el Gobierno cumpla sus promesas. Y a veces sus acciones son muy difíciles de explicar. Queríamos regular, por ejemplo, las criptomonedas, y él lo ha vetado. Y ahora tenemos uno de los mayores escándalos con las criptomonedas, en el que 30.000 personas que invirtieron se quedaron sin garantías de seguridad. Así que está bloqueando leyes que son buenas para la gente, que no tienen connotaciones políticas, que es sólo para complicarle la vida al Gobierno.

P. Con la amenaza del vecino ruso tan cercana, ¿está unida la polarizada sociedad polaca en el asunto de la Defensa?

R. Sí. En lo que respecta al fortalecimiento de nuestras fuerzas armadas, al fortalecimiento de nuestros vínculos dentro de la Alianza Atlántica y a la ayuda a Ucrania, la mayoría de los polacos están de acuerdo. El anterior presidente, también del partido Ley y Justicia, era populista. Pero en cuestiones como el apoyo a Ucrania, el apoyo a nuestra industria armamentística, nuestras relaciones con la OTAN y las buenas relaciones con nuestros socios europeos, estaba en la misma línea que este Gobierno. Por desgracia, el nuevo presidente se muestra reacio incluso en eso. Por ejemplo, vetó el programa europeo SAFE, que nos permitiría utilizar una gran cantidad de préstamos de la Unión Europea para invertir en nuestras fuerzas armadas y en nuestra industria armamentística, con el argumento de que nos haría dependientes de Alemania. Así que, aunque existe un amplio consenso en lo que respecta a las cuestiones de seguridad y en ayudar a Ucrania, algunos de los populistas ahora incluso lo están cuestionando, lo que va en contra del interés nacional de Polonia.

P. ¿Cómo se percibe desde Polonia a España en la cuestión de Defensa? ¿Se considera que nuestro país hace caso omiso de las amenazas al no dar siquiera ya el visto bueno a invertir el 5% del PIB?

R. El peligro es igual para todos. Entiendo que los españoles no perciban la amenaza inminente como la percibimos en Europa del Este. Pero los dictadores locos desestabilizan el mundo. Y si Putin queda impune, todos estos dictadores verán que Europa y la alianza occidental son débiles y que no somos creíbles. Aquellos tiempos en los que podíamos confiar en los estadounidenses en materia de seguridad y no hacer nada por nuestra cuenta han terminado. El mundo se desestabiliza cada vez más mientras hablamos. Así que, si queremos estar juntos en esto y mostrar solidaridad, todos tenemos que gastar más dinero en Defensa porque nadie va a hacerlo por nosotros. Fíjate lo que está pasando en Ucrania, fíjate lo que está pasando en Oriente Próximo o en el Golfo Pérsico. Todo tiene una enorme influencia en lo que está pasando en Polonia, pero también en lo que está pasando en España. Fíjate en los precios de la energía. Y eso que el actual Gobierno de España está haciendo mucho por lograr la autosuficiencia gracias a la inversión en energías renovables. Aún así, los impactos se están dejando sentir. Y si los estadounidenses están pensando ahora en relajar su compromiso con Europa, no hay otra opción que ser más fuertes nosotros mismos en Europa. Por supuesto, tenemos que invertir en la OTAN porque es la piedra angular de nuestra seguridad. Tenemos que explicar a los estadounidenses que necesitan aliados fuertes y leales en Europa, pero también debemos invertir en nuestras propias capacidades europeas.

P. La relación con Donald Trump es realmente complicada. ¿Llega a comprender la disputa tan directa entre Pedro Sánchez y el presidente de Estados Unidos o es más partidario de intentar rebajar el tono?

R. Lamento que la nueva Administración estadounidense sea cada vez menos predecible, pero deberíamos centrarnos en lo que tenemos que hacer en cuanto a medidas positivas. Quiero decir, Donald Trump es como es. Ahora bien, la pregunta es: ¿deberíamos juzgarlo?, ¿y dejar de quejarnos?, ¿es eso eficaz en política o deberíamos sacar las lecciones? Si quisiéramos sacar las lecciones, entonces deberíamos centrarnos en nosotros mismos, en fortalecer la economía europea, en reforzar nuestra competitividad, en llevar a cabo proyectos comunes juntos. Así, por ejemplo, en lo que respecta a la industria de Defensa, eso se convierte en una palanca para el desarrollo económico. Pero tampoco dupliquemos las cosas que hacemos. Tenemos que tomar decisiones sobre una política energética sensata, en la que, sí, luchamos contra el cambio climático, pero damos prioridad a la competitividad de nuestra economía si tenemos que competir con otros. Tenemos que ponernos de acuerdo en materia de investigación y desarrollo y en nuestro propio modelo de Inteligencia Artificial. Tenemos que hacer todo eso cuando vemos que los estadounidenses son menos predecibles de lo que solían ser.

P. ¿Está bien orientado entonces el anuncio del Gobierno alemán de recortes en el Estado del Bienestar para hacer frente a crecientes gastos como el de inversión en Defensa?

R. Me alegra mucho que el canciller Friedrich Merz haya reconocido algunos de los errores que Alemania cometió en los últimos años.

P. ¿Se refiere a cuando gobernaba Angela Merkel?

R. Sí. La política de inmigración, la política energética, el trato a Rusia y la dependencia de ella, de sus combustibles fósiles, el hecho de tratar a Moscú como un socio comercial fiable, y el haber llegado a depender en gran medida de China y de sus exportaciones. Quiero decir, es bueno que Merz admita esos errores porque llevábamos desde 2004 diciéndoles a nuestros amigos europeos que necesitábamos ser autosuficientes e independientes en materia energética. Les decíamos a nuestros amigos que Putin solo entiende el poder y que no se le debe tratar como a un hombre de negocios. Y entonces nuestros amigos en Europa nos decían que estábamos obsesionados con Rusia. Por desgracia, la historia nos ha dado la razón. Además, Alemania no estaba gastando lo suficiente en Defensa, por lo que necesitaba reformar sus políticas. Me alegra mucho que el análisis de la situación geopolítica del canciller Merz sea muy similar al nuestro.

P. Pero la Historia tiene mucho peso en esa zona de Europa. ¿La situación ya es diferente? ¿Quiere ver Polonia una Alemania fuerte?

R. No se trata de una Alemania fuerte, sino de una Europa fuerte. Alemania es un socio muy cercano para nosotros, al igual que Francia. Pero además, el Gobierno de Tusk colabora muy estrechamente con España, con Italia y también con Reino Unido, aunque esté fuera de la Unión Europea.

P. Cuando hablaba de errores en el pasado de Alemania ha hecho una advertencia por la proximidad a China, algo que España ejerce a día de hoy: la cercanía con Pekín.

R. Debemos sacar conclusiones del pasado. Ya hemos visto lo que pasó con Rusia. Por supuesto, China es un país completamente diferente. China puede ser nuestro socio. Pero ante todo tenemos que pensar primero en Europa y no depender demasiado de China. Lo que Rusia nos enseñó es que sólo podemos ser fuertes cuando hablamos con una sola voz. Lo que deberían enseñarnos las relaciones actuales con EEUU es que Trump nos tomará en serio si nos mantenemos unidos. De manera similar ocurre con China. Si algún país de Europa quiere tener una relación especial con China, eso socava en cierto modo su propia posición y la de la Unión Europea. Deberíamos tener una política única hacia China. No tiene por qué ser agresiva. Puede ser firme, basada en la colaboración, pero es mejor que lo hagamos juntos, y los chinos nos respetarán más. Si nos ponemos de acuerdo, los europeos tenemos un potencial increíble. Somos mucho más fuertes cuando hacemos las cosas unidos.

 

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