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El 'descafeinado' desfile del Día de la Victoria de Putin, bajo la amenaza de los drones ucranianos
La parada del 9 de mayo en Moscú se celebrará este año sin equipamiento militar pesado Leer La parada del 9 de mayo en Moscú se celebrará este año sin equipamiento militar pesado Leer
El Kremlin llega al Día de la Victoria con temores ensombreciendo su exhibición de fuerza. A cinco días del desfile del 9 de mayo, Rusia ha reforzado la seguridad en Moscú, ha reducido el contenido militar del acto y se prepara incluso para cortar comunicaciones móviles. Todo, bajo la presión de los drones ucranianos, que han logrado acercar la guerra al corazón del poder ruso.
Este lunes, un dron impactó contra un edificio a unos 10 kilómetros del Kremlin, según confirmó el alcalde de Moscú, Serguei Sobianin, que suele centrarse en los aparatos derribados. Ucrania ha intensificado sus ataques de largo alcance contra territorio ruso, incluidos objetivos simbólicos en la capital.
Desde Ereván, el presidente ucraniano, Volodimir Zelenski, fue más explícito. "Los drones ucranianos también pueden atacar este desfile", afirmó durante su intervención en la Comunidad Política Europea. "Rusia ha anunciado un desfile el 9 de mayo, pero no habrá equipamiento militar", añadió. Y remató: "No son tan fuertes como antes".
En Moscú se han puesto en guardia. Según fuentes citadas por la BBC, Moscú prevé limitar el acceso a internet móvil los días 5, 7 y 9 de mayo, con posibles restricciones también a los SMS. Las medidas afectarían no sólo al centro, sino a todo el perímetro del anillo de circunvalación de la capital rusa. El objetivo precisamente es dificultar la navegación y coordinación de drones.
A ello se suma una decisión inusual que, sin embargo, no ha extrañado a nadie: el desfile se celebrará sin equipamiento militar pesado, algo que no ocurría desde hace casi dos décadas. El ejército ruso explicó que las conmemoraciones no contarían con vehículos militares ni cadetes debido a la "situación operativa actual".
Convertido por Vladimir Putin en uno de los rituales centrales del Estado, el 9 de mayo fue durante dos décadas una coreografía de poder: columnas de tanques, lanzadores de misiles estratégicos y escuadrillas sobre la Plaza Roja para escenificar una Rusia resurgida. Sin tanques ni misiles, el acto pierde su parte de su fuerza como demostración de poderío.
Lo que empezó como memoria de una victoria se ha convertido en una herramienta de legitimación. El Kremlin trata de vincular constantemente aquella victoria de 1945 con conflictos actuales, especialmente Ucrania, reforzando la idea de continuidad histórica frente a enemigos externos. Cada detalle del desfile está milimetrado. Incluso la meteorología se controla: Rusia ha llegado a usar aviones para dispersar nubes y evitar lluvia durante el acto. Pero, desde el inicio de la guerra en Ucrania, el desfile ha ido adelgazando: en 2022 se canceló a última hora el tramo aéreo; en 2023 y 2024 se redujo la presencia de sistemas modernos y se sustituyeron por modelos más antiguos. En varias ciudades se suspendieron directamente los actos por motivos de seguridad. Este año, el vacío es aún más visible.
Informaciones recientes apuntan, además, a un Putin más aislado y preocupado por su seguridad, tras la sucesión de ataques con drones. El líder ruso, que ha hecho del control su principal activo político, afronta ahora un escenario en el que el enemigo puede golpear cerca de su residencia, tal y como denunciaron los rusos en diciembre, cuando aseguraron que un dron se había acercado al palacio del presidente en Valdai.
El círculo de protección de Putin se ha endurecido desde hace tiempo: controles más estrictos, menos desplazamientos y una dependencia creciente de residencias altamente protegidas y búnkeres. En su entorno inmediato, el uso de dispositivos conectados está limitado y el personal es sometido a vigilancia constante.
La imagen de fortaleza que el Kremlin intenta proyectar contrasta con las tensiones internas de un sistema cada vez más rígido. Según el análisis de Tatiana Stanovaya para la Carnegie Endowment for International Peace, tras más de cuatro años de guerra no queda en Rusia ninguna figura capaz de plantar cara al aparato de seguridad, que ha consolidado su dominio sobre el Estado.
En este ya viejo esquema de paranoia, el presidente Putin aparece progresivamente más pasivo, como árbitro distante de equilibrios internos que ya no controla del todo. Las decisiones clave se desplazan hacia los siloviki -los hombres de los servicios y la seguridad-, mientras las élites económicas y tecnocráticas pierden margen de maniobra. "La situación actual parece propicia para que los servicios de seguridad rusos adopten una postura aún más intransigente, y la resistencia de las élites casi con seguridad provocará una fuerte respuesta".
Ucrania ha convertido los drones de largo alcance en una herramienta estratégica. Son baratos, difíciles de interceptar y permiten golpear a cientos de kilómetros del frente. Kiev ha mejorado su autonomía, sistemas de guiado y capacidad de lanzamiento en oleadas, lo que complica la defensa rusa.
El contraste con la narrativa oficial es incómodo. Rusia conmemora la victoria soviética de 1945 mientras la guerra en Ucrania se enquista y erosiona su imagen de potencia. Este año, el 9 de mayo no será solo una celebración histórica, sino también un test de vulnerabilidad en tiempo real.

