Ciencia y Tecnología
Esta página web te dice cuándo llega el apocalipsis rastreando aviones de millonarios
La idea es simple, quizás obvia. Si se acerca el fin del mundo –o al menos un ataque nuclear, una crisis civilizatoria–, los ricos probablemente se enterarán primero. No porque formen parte de una conspiración, sino porque suelen estar más cerca de los centros donde circula información estratégica. Y si lo saben, subirán a sus jets privados. Y si suben todos a la vez, los datos lo mostrarán.
Esa fue la intuición que tuvo Kyle McDonald, programador y artista de Los Ángeles, que ha aplicado esa idea a la era de los datos y la aviación privada. El resultado es su Sistema de Alerta Temprana del Apocalipsis, un rastreador de movimientos de jets privados en todo el mundo que McDonald interpreta como una posible señal de inquietud –o incluso de pánico– entre las élites globales.
"Si fuera a ocurrir una catástrofe global de verdad, sus amigos probablemente se enterarían primero", escribió McDonald en un ensayo para Business Insider.
¿Cómo funciona el rastreador de jets privados?
Según reporta Vice, el sistema escucha una red mundial de receptores de radio que captan señales ADS-B –las mismas que transmiten posición, velocidad y altitud de las aeronaves en tiempo real– y filtra esos datos para quedarse con unos 11.000 jets privados y chárter.
Después compara cuántos de esos aviones están en el aire en cada momento con una línea de base histórica que tiene en cuenta patrones diarios, semanales e incluso festivos. De esa comparación surge una escala de alerta del 1 al 5: el nivel 1 corresponde a un día normal, mientras que el nivel 5 indica una actividad aérea superior a cualquier otro momento registrado durante el año anterior.
Si la cifra se dispara repentinamente –más de cinco desviaciones estándar por encima de la media–, el sistema puede enviar alertas automáticas por Telegram, correo electrónico o mensaje de texto.
El origen: una amenaza de Trump y la ansiedad nuclear
La idea, sin embargo, no nació de una curiosidad académica, sino de la ansiedad. McDonald cuenta que todo comenzó a tomar forma después de leer una amenaza del presidente Donald Trump contra Irán, en la que advertía que una "civilización entera" podría desaparecer si no se alcanzaba un alto el fuego.
Aquella declaración lo llevó a preguntarse quién tendría acceso a información crítica antes que el resto de la población. Después de todo, como asegura McDonald, las personas cercanas al poder ya se han beneficiado en ocasiones de información privilegiada en ámbitos como los mercados de predicción, la política o las criptomonedas. Si eso ocurre con cuestiones económicas o geopolíticas, razonó, ¿por qué no sucedería también ante una amenaza verdaderamente existencial?
Una vez terminado el modelo, decidió ponerlo a prueba revisando los datos históricos en busca de los mayores picos de actividad. El resultado lo sorprendió. El repunte más pronunciado registrado hasta ahora se produjo el 6 de abril, el mismo día en que Irán lanzó una ofensiva masiva contra objetivos estadounidenses e israelíes.
"Eso me perturbó", escribió en su ensayo en Business Insider. "Recuerdo haber pensado: 'Dios mío, es real'".
Aun así, McDonald insiste en que su rastreador está lejos de ser un detector científico del apocalipsis. Un nivel 5 puede activarse por motivos perfectamente mundanos, desde las vacaciones de Navidad hasta grandes eventos políticos que impliquen desplazamientos masivos de personas adineradas. Pero sostiene que el mero hecho de que aparezcan patrones reconocibles ya plantea preguntas interesantes sobre cómo reaccionan las élites ante situaciones de incertidumbre.
Arte, vigilancia y vibe coding
McDonald lleva 25 años programando, aunque en el último año y medio trabaja constantemente con inteligencia artificial. El rastreador fue construido mediante vibe coding, una técnica cada vez más popular en la que el desarrollador guía a la IA con instrucciones y esta se encarga de escribir gran parte del código. En su caso utilizó Claude Code y asegura que ya casi no programa a mano.
La mitad de sus ingresos viene de consultoría para empresas tecnológicas y artistas; la otra mitad, de exposiciones en Europa y Asia Oriental. Se paga 60.000 dólares al año –modesto para Los Ángeles, dice– y el resto vuelve a sus proyectos. El rastreador también genera algo: unas 2.488 personas se han suscrito, la mayoría gratis vía Telegram, y otros pagando cinco dólares al año por alertas por SMS o correo.
"Lo que me fascina es que la gente básicamente me paga cinco dólares al año por la posibilidad de no recibir un mensaje de texto", escribió. "Eso me parece una intervención conceptual, una obra de arte y un servicio de software, todo a la vez".
Este no es su primer proyecto en el límite entre la vigilancia y el activismo. Antes construyó aplicaciones para rastrear helicópteros del LAPD –y descubrió, según dice, que la policía ocultaba con frecuencia la identidad de sus aeronaves– y más recientemente ha desarrollado herramientas de reconocimiento facial para identificar agentes de fuerzas del orden, proyectos que le han valido cobertura mediática, críticas y hasta amenazas de muerte. El hilo conductor, dice, es invertir la lógica de la vigilancia: usarla para escrutar al poder en lugar de al ciudadano.
Los movimientos de las élites como señal social
Según recoge The Washington Post, esa idea conecta con las reflexiones del escritor Douglas Rushkoff, que lleva años estudiando la obsesión de algunos multimillonarios por prepararse para el colapso social. En su libro Survival of the Richest (2022), documentó cómo numerosos ultrarricos no solo construyen búnkeres, sino que también transforman propiedades ya existentes en refugios autosuficientes preparados para escenarios extremos.
Desde esa perspectiva, para Rushkoff, el rastreador de McDonald no sería tanto un detector de catástrofes como un termómetro del miedo de las élites.
Y ese miedo no surge en el vacío. La posibilidad misma de que algunos puedan escapar mientras la mayoría no tiene esa opción remite a una cuestión más profunda: la creciente concentración de riqueza y poder.
Según datos de la Reserva Federal citados por The Washington Post, el 1 % más rico de Estados Unidos concentra el 31,9 % de toda la riqueza del país, mientras que la mitad más pobre posee apenas el 2,5 %.
A pesar de la seriedad de este trasfondo, McDonald prefiere abordar el tema con humor antes que con solemnidad. No pretende ofrecer respuestas grandiosas. Le basta con que la gente vea el proyecto, se ría un poco y reconozca el absurdo de esto.
"Espero que lo vean y perciban el humor de nuestra situación –que estamos atrapados en una batalla entre los ultraricos y la clase trabajadora", afirmó a The Washington Post. "Y que recuerden que todavía hay cosas que podemos hacer. No estamos completamente abatidos y sin esperanza".
Y si algún día el sistema llegara a disparar una alerta especialmente alarmante, McDonald ya tiene preparado su plan de emergencia. Al menos en teoría. Según cuenta, una vez le dijo medio en broma a un multimillonario conocido: "Me quedo contigo".
