Ciencia y Tecnología
El momento más peligroso de la sequía es ahora. Justo cuando tenemos los embalses llenos
España acaba de salir oficialmente de la sequía que arrastraba desde 2021. Y no es para menos: los embalses están al 83,5%; es decir, el nivel más alto registrado en un mes de marzo en toda la serie histórica.
Eso explica también porque qué no estamos hablando de ello: se han levantado restricciones, se han relajado las administraciones y, más allá de algunos lugares muy concretos, ya nadie habla sobre la sequía.
Es justo en este momento cuando se está preparando la próxima crisis hídrica.
La paradoja de la abundancia. Al menos, eso es lo que explica Jorge Rodríguez-Chueca en The Conversation. Este profesor de la Universidad Politécnica de Madrid está convencido de que es ahora cuando toca pensar qué pasaría si no llueve más en todo el año. Porque es precisamente cuando el agua empieza a sobrar, que el sistema está más en peligro.
Al fin y al cabo, bastaría solo un año seco (sin cambios en el consumo) para que la sequía estuviera de vuelta. El enero más húmedo del registro puede ser, por lo que sabemos ahora mismo, un espejismo.
¿Qué es realmente una sequía? Y es que, según el investigador, la sequía no empieza cuando falta agua; empieza cuando el consumo es incapaz de ajustarse a la variabilidad de las entradas. Por eso debemos dejar la gestión reactiva y empezar a pensar de forma anticipada.
Pero no nos apresuremos: aún hay cicatrices de la sequía. Y es que, por mucho que nos alegremos de la situación actual, sería una imprudencia olvidar que los efectos de la anterior sequía siguen entre nosotros. Según muchos investigadores, la que empezó en 2021 fue la peor sequía en 200 años y, a principios de 2024, los embalses llegaron a mínimos históricos.
Es verdad que la situación empezó a recuperarse al poco tiempo, pero hemos tardado más de dos años (y un evento histórico) salir la sequía.
Un patrón histórico. Lo más interesante del trabajo de Rodríguez-Chueca es la idea de que, en periodos de abundancia, la demanda aumenta (no solo se consume más agua, sino que se riega más, se conceden más permisos, se crean más instalaciones y parques). Cuando llega la sequía, el consumo está más alto y eso acelera la crisis — y el margen de actuación es menor.
Lo hemos visto muchas veces. Como explicaban en Datadista, "desde la profunda sequía de los años noventa, cada periodo seco ha servido para implantar medidas de emergencia […] o permitir prácticas que no se eliminaron al volver las lluvias, se emplearon para ampliar regadíos, aumentando el problema de sobreexplotación y contaminación de acuíferos y los humedales a los que alimentan".
¿Volveremos a caer en el mismo error? Esa es la gran pregunta y no hay indicios para ser optimistas. Sobre todo, porque el problema va más allá de lo que señala Rodríguez-Chueca: hablamos de un problema estructural. La modernización del riego es un regalo envenenado: reduce las necesidades de agua por hectárea, sí; pero eso ha empujado a convertir en regadío muchas fincas de secano. En último término, cada innovación y mejora crea un sistema más eficiente, pero más dependiente de un agua que falta.
Esto es lo que nos ha llevado a esta situación.
Imagen | Anthony da COsta
–
La noticia
El momento más peligroso de la sequía es ahora. Justo cuando tenemos los embalses llenos
fue publicada originalmente en
Xataka
por
Javier Jiménez
.
España acaba de salir oficialmente de la sequía que arrastraba desde 2021. Y no es para menos: los embalses están al 83,5%; es decir, el nivel más alto registrado en un mes de marzo en toda la serie histórica.
Eso explica también porque qué no estamos hablando de ello: se han levantado restricciones, se han relajado las administraciones y, más allá de algunos lugares muy concretos, ya nadie habla sobre la sequía.
Es justo en este momento cuando se está preparando la próxima crisis hídrica.
La paradoja de la abundancia. Al menos, eso es lo que explica Jorge Rodríguez-Chueca en The Conversation. Este profesor de la Universidad Politécnica de Madrid está convencido de que es ahora cuando toca pensar qué pasaría si no llueve más en todo el año. Porque es precisamente cuando el agua empieza a sobrar, que el sistema está más en peligro.
Al fin y al cabo, bastaría solo un año seco (sin cambios en el consumo) para que la sequía estuviera de vuelta. El enero más húmedo del registro puede ser, por lo que sabemos ahora mismo, un espejismo.
En Xataka
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¿Qué es realmente una sequía? Y es que, según el investigador, la sequía no empieza cuando falta agua; empieza cuando el consumo es incapaz de ajustarse a la variabilidad de las entradas. Por eso debemos dejar la gestión reactiva y empezar a pensar de forma anticipada.
Pero no nos apresuremos: aún hay cicatrices de la sequía. Y es que, por mucho que nos alegremos de la situación actual, sería una imprudencia olvidar que los efectos de la anterior sequía siguen entre nosotros. Según muchos investigadores, la que empezó en 2021 fue la peor sequía en 200 años y, a principios de 2024, los embalses llegaron a mínimos históricos.
Es verdad que la situación empezó a recuperarse al poco tiempo, pero hemos tardado más de dos años (y un evento histórico) salir la sequía.
Un patrón histórico. Lo más interesante del trabajo de Rodríguez-Chueca es la idea de que, en periodos de abundancia, la demanda aumenta (no solo se consume más agua, sino que se riega más, se conceden más permisos, se crean más instalaciones y parques). Cuando llega la sequía, el consumo está más alto y eso acelera la crisis — y el margen de actuación es menor.
Lo hemos visto muchas veces. Como explicaban en Datadista, "desde la profunda sequía de los años noventa, cada periodo seco ha servido para implantar medidas de emergencia […] o permitir prácticas que no se eliminaron al volver las lluvias, se emplearon para ampliar regadíos, aumentando el problema de sobreexplotación y contaminación de acuíferos y los humedales a los que alimentan".
¿Volveremos a caer en el mismo error? Esa es la gran pregunta y no hay indicios para ser optimistas. Sobre todo, porque el problema va más allá de lo que señala Rodríguez-Chueca: hablamos de un problema estructural. La modernización del riego es un regalo envenenado: reduce las necesidades de agua por hectárea, sí; pero eso ha empujado a convertir en regadío muchas fincas de secano. En último término, cada innovación y mejora crea un sistema más eficiente, pero más dependiente de un agua que falta.
Esto es lo que nos ha llevado a esta situación.
Imagen | Anthony da COsta
En Xataka | En mitad de una de las sequías más extremas que se recuerdan, Cataluña ha tenido una idea: ponerse a cortar árboles
– La noticia
El momento más peligroso de la sequía es ahora. Justo cuando tenemos los embalses llenos
fue publicada originalmente en
Xataka
por
Javier Jiménez
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