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Intuíamos que el acuerdo de paz le había salido caro a EEUU. Lo que no imaginábamos es la disparatada cifra que va a pagar a Irán

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Intuíamos que el acuerdo de paz le había salido caro a EEUU. Lo que no imaginábamos es la disparatada cifra que va a pagar a Irán

Hace justamente 10 años, la imagen de un avión descargando 400 millones de dólares en efectivo en Irán se convirtió en uno de los símbolos más polémicos de la política exterior de Barack Obama. De hecho, Trump pasó años usando aquel episodio como prueba de que Washington había “pagado” por la paz. Diez años después, la historia se repite… pero con muchos más ceros.

La factura de la paz. Lo cierto es que se intuía desde el primer momento que el alto el fuego entre Estados Unidos e Irán no iba a salir precisamente gratis para Washington. Lo que nadie imaginaba era la magnitud del precio: hasta 300.000 millones de dólares en forma de fondo de reconstrucción e inversión para relanzar la economía iraní. 

La cifra es tan descomunal que transforma por completo la narrativa de la guerra. Lo que empezó como una campaña de presión máxima y bombardeos sobre instalaciones nucleares ha acabado mutando en algo mucho más incómodo para la Casa Blanca: un acuerdo donde el supuesto castigado puede salir con una inyección financiera histórica si cumple.

Kharg Island Seizure

La isla de Kharg

De castigar a financiar. La paradoja no puede ser más brutal para Donald Trump. Durante años construyó buena parte de su discurso atacando el pacto nuclear de Barack Obama, denunciando que había llenado Teherán de “palés de dinero”. Ahora su administración está impulsando algo que, potencialmente, multiplica aquella concesión a otra escala. 

El argumento es que el dinero no saldrá directamente del Gobierno estadounidense, sino de empresas occidentales y asiáticas que entrarían en Irán si se levantan las sanciones. Pero el efecto geopolítico es el mismo: la supervivencia económica de Irán pasa a estar garantizada por un acuerdo que Washington necesitaba desesperadamente cerrar.

Ormuz, la clave. Lo contábamos ayer. El detonante real del giro no fue nuclear, sino económico. Cuando Irán bloqueó el estrecho de Ormuz, dejó en el aire más de una quinta parte del comercio mundial de petróleo y gas. El mercado aguantó unos días, pero la presión empezó a ser insoportable. Más de 500 barcos quedaron atrapados, el tráfico marítimo se desplomó y las mayores navieras del mundo empezaron a advertir de que reabrir la ruta no sería inmediato. 

Ahí cambió todo. La guerra dejó de ser una cuestión regional y se convirtió en una amenaza directa para la economía global y, sobre todo, para el bolsillo del consumidor estadounidense.

Washington eligió el petróleo. Ahí es donde los intereses de Washington e Israel se separaron. Mientras Benjamin Netanyahu quería seguir apretando para debilitar aún más al régimen iraní e incluso forzar un cambio de equilibrio regional, Trump vio el coste político interno de prolongar la crisis energética. 

Con elecciones cerca y el precio del crudo como amenaza, la prioridad dejó de ser doblegar a Irán y pasó a ser reabrir Ormuz cuanto antes. En la práctica, eso significó aceptar un pacto mucho más limitado, centrado en la navegación, el alto el fuego y futuras negociaciones nucleares.

Israel no lo ve. Contaba esta mañana el Wall Street Journal que en Jerusalén la lectura es casi opuesta. El miedo no es solo que Irán reciba miles de millones, sino que lo haga sin entregar de inmediato todo su uranio enriquecido ni renunciar por completo a reconstruir su programa nuclear.

Para muchos estrategas israelíes, esto significa que Teherán gana oxígeno, tiempo y recursos para rearmarse. Además, ven un daño profundo a la credibilidad estadounidense: después de meses de presión militar y económica, el resultado final parece más una pausa comprada que una victoria estratégica.

Una paz que fortalece a unos. El acuerdo, por tanto, deja una imagen incómoda y bastante surrealista: Estados Unidos bombardeó, presionó y aisló a Irán para terminar ofreciendo las condiciones para su reconstrucción. El régimen iraní sale golpeado, sí, pero vivo, con el estrecho como arma de negociación y con la posibilidad de recibir una avalancha de inversión extranjera. 

Por supuesto, Trump posiblemente pueda venderlo como estabilidad y contención nuclear. Pero visto desde fuera, la sensación es muy distinta: la paz no solo le ha salido cara a Washington, sino que puede acabar financiando precisamente al actor al que intentó arrinconar y tumbar.

Imagen | US Navy, Google Earth

En Xataka | Llevamos 100 días temiendo el Apocalipsis por el cierre de Ormuz. El golpe nos lo va a dar una ola de calor en China

En Xataka | Ucrania convirtió a los drones en cazadores. Un helicóptero derribado en Ormuz los ha transformado en película de Spielberg


La noticia

Intuíamos que el acuerdo de paz le había salido caro a EEUU. Lo que no imaginábamos es la disparatada cifra que va a pagar a Irán

fue publicada originalmente en

Xataka

por

Miguel Jorge

.

 Hace justamente 10 años, la imagen de un avión descargando 400 millones de dólares en efectivo en Irán se convirtió en uno de los símbolos más polémicos de la política exterior de Barack Obama. De hecho, Trump pasó años usando aquel episodio como prueba de que Washington había “pagado” por la paz. Diez años después, la historia se repite… pero con muchos más ceros.

La factura de la paz. Lo cierto es que se intuía desde el primer momento que el alto el fuego entre Estados Unidos e Irán no iba a salir precisamente gratis para Washington. Lo que nadie imaginaba era la magnitud del precio: hasta 300.000 millones de dólares en forma de fondo de reconstrucción e inversión para relanzar la economía iraní. 

La cifra es tan descomunal que transforma por completo la narrativa de la guerra. Lo que empezó como una campaña de presión máxima y bombardeos sobre instalaciones nucleares ha acabado mutando en algo mucho más incómodo para la Casa Blanca: un acuerdo donde el supuesto castigado puede salir con una inyección financiera histórica si cumple.

La isla de Kharg

De castigar a financiar. La paradoja no puede ser más brutal para Donald Trump. Durante años construyó buena parte de su discurso atacando el pacto nuclear de Barack Obama, denunciando que había llenado Teherán de “palés de dinero”. Ahora su administración está impulsando algo que, potencialmente, multiplica aquella concesión a otra escala. 

El argumento es que el dinero no saldrá directamente del Gobierno estadounidense, sino de empresas occidentales y asiáticas que entrarían en Irán si se levantan las sanciones. Pero el efecto geopolítico es el mismo: la supervivencia económica de Irán pasa a estar garantizada por un acuerdo que Washington necesitaba desesperadamente cerrar.

Ormuz, la clave. Lo contábamos ayer. El detonante real del giro no fue nuclear, sino económico. Cuando Irán bloqueó el estrecho de Ormuz, dejó en el aire más de una quinta parte del comercio mundial de petróleo y gas. El mercado aguantó unos días, pero la presión empezó a ser insoportable. Más de 500 barcos quedaron atrapados, el tráfico marítimo se desplomó y las mayores navieras del mundo empezaron a advertir de que reabrir la ruta no sería inmediato. 

Ahí cambió todo. La guerra dejó de ser una cuestión regional y se convirtió en una amenaza directa para la economía global y, sobre todo, para el bolsillo del consumidor estadounidense.

Washington eligió el petróleo. Ahí es donde los intereses de Washington e Israel se separaron. Mientras Benjamin Netanyahu quería seguir apretando para debilitar aún más al régimen iraní e incluso forzar un cambio de equilibrio regional, Trump vio el coste político interno de prolongar la crisis energética. 

Con elecciones cerca y el precio del crudo como amenaza, la prioridad dejó de ser doblegar a Irán y pasó a ser reabrir Ormuz cuanto antes. En la práctica, eso significó aceptar un pacto mucho más limitado, centrado en la navegación, el alto el fuego y futuras negociaciones nucleares.

Israel no lo ve. Contaba esta mañana el Wall Street Journal que en Jerusalén la lectura es casi opuesta. El miedo no es solo que Irán reciba miles de millones, sino que lo haga sin entregar de inmediato todo su uranio enriquecido ni renunciar por completo a reconstruir su programa nuclear.

Para muchos estrategas israelíes, esto significa que Teherán gana oxígeno, tiempo y recursos para rearmarse. Además, ven un daño profundo a la credibilidad estadounidense: después de meses de presión militar y económica, el resultado final parece más una pausa comprada que una victoria estratégica.

En Xataka

Para poner fin a la guerra Irán no ha necesitado una bomba atómica. Le ha bastado con ponerle un tapón al planeta

Una paz que fortalece a unos. El acuerdo, por tanto, deja una imagen incómoda y bastante surrealista: Estados Unidos bombardeó, presionó y aisló a Irán para terminar ofreciendo las condiciones para su reconstrucción. El régimen iraní sale golpeado, sí, pero vivo, con el estrecho como arma de negociación y con la posibilidad de recibir una avalancha de inversión extranjera. 

Por supuesto, Trump posiblemente pueda venderlo como estabilidad y contención nuclear. Pero visto desde fuera, la sensación es muy distinta: la paz no solo le ha salido cara a Washington, sino que puede acabar financiando precisamente al actor al que intentó arrinconar y tumbar.

Imagen | US Navy, Google Earth

En Xataka | Llevamos 100 días temiendo el Apocalipsis por el cierre de Ormuz. El golpe nos lo va a dar una ola de calor en China

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– La noticia

Intuíamos que el acuerdo de paz le había salido caro a EEUU. Lo que no imaginábamos es la disparatada cifra que va a pagar a Irán

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Miguel Jorge

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