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El infierno bajo las zapatillas del mundo: 28 muertos en una fábrica de la capital china del calzado

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La tragedia destapa las sombras de la ciudad que produce uno de cada cinco pares de zapatillas del planeta, un gigantesco clúster industrial donde la seguridad sigue chocando con la presión por fabricar más y más rápido Leer La tragedia destapa las sombras de la ciudad que produce uno de cada cinco pares de zapatillas del planeta, un gigantesco clúster industrial donde la seguridad sigue chocando con la presión por fabricar más y más rápido Leer   

El humo negro comenzó a elevarse poco después del mediodía del jueves sobre el distrito de Chendai, en la ciudad de Jinjiang. En cuestión de minutos, las llamas habían envuelto una fábrica de calzado de cinco plantas mientras decenas de trabajadores trataban de escapar por las escaleras o buscaban refugio en la azotea. Los vídeos difundidos por los medios estatales mostraban a una docena de personas rodeadas por el humo, esperando una ayuda que para muchos llegó demasiado tarde. El balance final fue de al menos 28 muertos, uno de los peores incendios industriales registrados en China en los últimos años.

El fuego se declaró en la planta baja de la fábrica Fujian Huiteng Shoes, donde se almacenaban grandes cantidades de adhesivos, espumas, suelas de goma y otros materiales altamente inflamables utilizados en la fabricación de calzado. Según la investigación preliminar, precisamente esa combinación de productos químicos aceleró la propagación de las llamas.

Los bomberos también denunciaron que buena parte de las escaleras estaban ocupadas por mercancías acumuladas, dificultando tanto la evacuación de los trabajadores como las labores de rescate. Las autoridades detuvieron a los responsables de la empresa, congelaron sus cuentas bancarias y el presidente Xi Jinping emitió una orden pública reclamando una investigación inmediata y responsabilidades para los culpables.

El incendio ha sacudido el corazón de una de las mayores concentraciones manufactureras del planeta. En Jinjiang, en la provincia costera de Fujian, se fabrica aproximadamente uno de cada cinco pares de zapatos que se producen en todo el mundo. Según las cifras oficiales, sus empresas elaboraron más de 1.200 millones de pares durante 2024, alrededor del 20% de la producción mundial.

En torno a esta industria viven cientos de miles de personas y han surgido algunas de las mayores marcas deportivas chinas, compañías que han pasado de competir únicamente en el mercado doméstico a desafiar a gigantes internacionales como Nike o Adidas.

Dentro de ese inmenso ecosistema industrial destaca especialmente Chendai, el municipio donde ocurrió la tragedia. En apenas 39 kilómetros cuadrados se concentran más de 7.000 fabricantes, talleres, empresas auxiliares y proveedores especializados que producen millones de zapatillas deportivas al año.

La cadena de producción está completamente integrada: en una misma localidad se fabrican suelas, tejidos técnicos, cordones, plantillas, adhesivos, moldes, maquinaria, embalajes y producto terminado. Lo que durante décadas convirtió a esta región en uno de los grandes motores exportadores de China también ha generado una competencia feroz por reducir costes, acelerar la producción y aprovechar hasta el último metro cuadrado disponible.

Durante décadas, el llamado "modelo Jinjiang" fue presentado por Pekín como un ejemplo del éxito de la industrialización privada china. Miles de pequeñas empresas familiares crecieron al calor de las exportaciones hasta convertirse en multinacionales. Sin embargo, detrás de ese éxito económico siempre convivió otra realidad mucho menos visible: edificios ampliados sin apenas planificación, almacenes saturados de materiales inflamables, talleres improvisados y una enorme presión por cumplir pedidos cada vez mayores con márgenes cada vez más estrechos.

La industria del calzado reúne precisamente muchos de los factores de riesgo que más preocupan a los inspectores chinos. En el proceso de fabricación se utilizan colas industriales, disolventes, espumas de poliuretano, cauchos sintéticos y grandes cantidades de cartón para el embalaje, materiales que favorecen incendios extremadamente rápido y que generan un humo tóxico capaz de incapacitar a los trabajadores en pocos minutos. Cuando además las salidas de emergencia se encuentran parcialmente bloqueadas por mercancías -como denunciaron los bomberos en este caso- las posibilidades de evacuación disminuyen drásticamente.

China lleva más de una década intentando reducir este tipo de tragedias. Tras una larga sucesión de explosiones químicas, incendios industriales y accidentes mineros, el Gobierno endureció las inspecciones, elevó las sanciones y obligó a muchas fábricas a modernizar sus instalaciones. El número de grandes accidentes descendió de forma significativa. Sin embargo, los siniestros continúan apareciendo periódicamente.

En mayo, una explosión en una fábrica de fuegos artificiales en Liuyang, también en el sur del país, dejó 37 muertos y desencadenó otra gran investigación nacional sobre seguridad industrial. Semanas antes, una explosión en una mina de carbón provocó decenas de víctimas mortales.

 

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