Espectáculo
Resaca literaria de Mar de Palabras
Les escribía yo el año pasado sobre la propuesta de la Fundación René del Risco de celebrar Mar de Palabras, el primer festival internacional de literatura en la región del Caribe, como un espacio abierto para dialogar sobre libros y para inspirar a leerlos.
Hoy, dos exitosas ediciones después, Mar de palabras ha dejado de ser una propuesta para convertirse en una realidad asombrosa y en un compromiso compartido por organizadores, participantes y lectores.
Las olas de este Mar de Palabras rompieron en la orilla dominicana. Como todas las olas nos han dejado la resaca. No se confundan. Hablo de esta acepción de la palabra resaca, en su sentido figurado: ‘Corriente marina debida al retroceso de las olas después que han llegado a la orilla’.
Y también de esta otra, ahora sí en sentido literal: ‘Situación o estado que sigue a un acontecimiento importante’.
La resaca de los que asistimos como lectores o como ponentes a Mar de Palabras se traduce en una cabeza repleta de ideas que bullen, de títulos de libros que queremos leer o releer, de autores por descubrir; y en un corazón rebosante de agradecimiento y de orgullo.
El agradecimiento nace del reconocimiento al equipo humano (no les pongo nombre porque son legión) de cuya voluntad e ilusión surge una idea loquísima: celebrar un festival literario que reuniera en Santo Domingo de Guzmán a poetas, narradores, periodistas, críticos, divulgadores y lectores en torno a los libros y la lectura.
Toca hablar de fútbol
Y la idea no se diluyó, como pasa tantas y tantas veces. La idea se plasmó con acierto y éxito en una primera edición; pero, no contentas con eso, Minerva del Risco y Yulissa Álvarez (por citar solo dos nombres de los muchos que hay detrás) se empeñaron en darle continuidad a esa idea, que seguía siendo loquísima.
Y también se les dio en 2026. Una vocación de permanencia que ha multiplicado el éxito y la repercusión de lo conseguido en 2025.
El orgullo nace de comprobar cómo sabemos hacer las cosas muy bien cuando nos lo proponemos. Sabemos ser puntuales, tenerlo todo listo, atender a la gran producción y a los detalles; sabemos acoger con calidez y alegría, y también con profesionalidad y seriedad; tenemos ideas y sabemos hacerlas realidad.
Sabemos transformar nuestra realidad con conocimiento, con esfuerzo, con ilusión y con entusiasmo. Los invitados nacionales e internacionales y los lectores que disfrutaron de la edición de 2025 fueron testigos y compartieron la experiencia.
Este año la acogida, la participación, el seguimiento en prensa y redes, generalistas y especializadas, ha reflejado que el trabajo bien hecho se reconoce y triunfa.
Agradecimiento y orgullo, por volver s ser parte de Mar de Palabras, como ponente y como lectora. La resaca será duradera. Suele pasar con las experiencias enriquecedoras.
La ola del Mar de Palabras me deja mucho que leer y mucho celebrar.
Para muestra, basta un chin: releer a Neuman para redescubrir la literatura que vive en los diccionarios y en la vida de quienes los hacen; leer a J. P. Infante, de quien aprendí que la narración puede abandonar también los límites del idioma, hasta para leer a fucking Cervantes.
¡Larga y venturosa vida a Mar de Palabras!
Les escribía yo el año pasado sobre la propuesta de la Fundación René del Risco de celebrar Mar de Palabras, el primer festival internacional de literatura en la región del Caribe, como un espacio abierto para dialogar sobre libros y para inspirar a leerlos. Hoy, dos exitosas ediciones después, Mar de palabras ha dejado de ser una propuesta para convertirse en una realidad asombrosa y en un compromiso compartido por organizadores, participantes y lectores. Las olas de este Mar de Palabras rompieron en la orilla dominicana. Como todas las olas nos han dejado la resaca. No se confundan. Hablo de esta acepción de la palabra resaca, en su sentido figurado: ‘Corriente marina debida al retroceso de las olas después que han llegado a la orilla’. Y también de esta otra, ahora sí en sentido literal: ‘Situación o estado que sigue a un acontecimiento importante’. La resaca de los que asistimos como lectores o como ponentes a Mar de Palabras se traduce en una cabeza repleta de ideas que bullen, de títulos de libros que queremos leer o releer, de autores por descubrir; y en un corazón rebosante de agradecimiento y de orgullo. El agradecimiento nace del reconocimiento al equipo humano (no les pongo nombre porque son legión) de cuya voluntad e ilusión surge una idea loquísima: celebrar un festival literario que reuniera en Santo Domingo de Guzmán a poetas, narradores, periodistas, críticos, divulgadores y lectores en torno a los libros y la lectura. Te puede interesar Toca hablar de fútbol Y la idea no se diluyó, como pasa tantas y tantas veces. La idea se plasmó con acierto y éxito en una primera edición; pero, no contentas con eso, Minerva del Risco y Yulissa Álvarez (por citar solo dos nombres de los muchos que hay detrás) se empeñaron en darle continuidad a esa idea, que seguía siendo loquísima. Y también se les dio en 2026. Una vocación de permanencia que ha multiplicado el éxito y la repercusión de lo conseguido en 2025. El orgullo nace de comprobar cómo sabemos hacer las cosas muy bien cuando nos lo proponemos. Sabemos ser puntuales, tenerlo todo listo, atender a la gran producción y a los detalles; sabemos acoger con calidez y alegría, y también con profesionalidad y seriedad; tenemos ideas y sabemos hacerlas realidad. Sabemos transformar nuestra realidad con conocimiento, con esfuerzo, con ilusión y con entusiasmo. Los invitados nacionales e internacionales y los lectores que disfrutaron de la edición de 2025 fueron testigos y compartieron la experiencia. Este año la acogida, la participación, el seguimiento en prensa y redes, generalistas y especializadas, ha reflejado que el trabajo bien hecho se reconoce y triunfa. Agradecimiento y orgullo, por volver s ser parte de Mar de Palabras, como ponente y como lectora. La resaca será duradera. Suele pasar con las experiencias enriquecedoras. La ola del Mar de Palabras me deja mucho que leer y mucho celebrar. Para muestra, basta un chin: releer a Neuman para redescubrir la literatura que vive en los diccionarios y en la vida de quienes los hacen; leer a J. P. Infante, de quien aprendí que la narración puede abandonar también los límites del idioma, hasta para leer a fucking Cervantes. ¡Larga y venturosa vida a Mar de Palabras! Leer más El abuelo de nuestros diccionarios Diccionarios junto al mar Por obra u omisión Revista, columnistas, María José Rincón, Santo Domingo, Libros, Lectura, Agradecimiento, Festival literario, Mar de Palabras, Fundación René del Risco
