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EL MUNDO en el corazón de la tragedia venezolana: "Estamos sumidos en ruinas y desesperación. Ahí está mi nieta de cinco años tapiada"

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Crece la indignación entre los afectados por la lentitud y la falta de medios en el rescate de los atrapados en la costera La Guaira Leer Crece la indignación entre los afectados por la lentitud y la falta de medios en el rescate de los atrapados en la costera La Guaira Leer   

Primero el pánico, luego la desolación y después el desamparo. Habitantes de La Guaira, estado costero destruido por la naturaleza por segunda vez en apenas 27 años, clamaron durante todo el jueves para que llegase ayuda desde la capital y el resto del país, ya que ciudadanos, voluntarios, algunos policías y bomberos, sin herramientas y máquinas adecuadas, no se daban a basto para rescatar a las cientos de personas atrapadas en los edificios.

Como si se tratara de una reedición caribeña de la trágica riada de Valencia, entre los cientos de voluntarios que comenzaron a desembarcar desde Caracas surgió un eslogan, que muy pronto se hizo popular: "Donde falta gobierno, (lo que) sobra es pueblo", tan parecido al grito valenciano, convertido en lema de rabia, de "sólo el pueblo salva al pueblo".

"¡Ahí está mi nieta con cinco años, tapiada", clamó el abuelo a la carrera en Catia La Mar para llamar la atención de los recién llegados. No se trataba, ni mucho menos, de un caso aislado. "Siempre he votado por este gobierno y una cisterna (camión de bomberos) pueden enviar para que los tapiados no mueran asfixiados", se quejaba angustiado, con el temor de que el incendio que comenzaba devorase los restos de la estructura que fue una vivienda.

"Hemos venido a buscar a una familiar y gracias a Dios la hemos encontrado. Ella vivía en Los Cocos, por Caribe. Se cayeron dos bloques enteros pero el de ella se quedó por la mitad y pudieron salir vivas", se congratuló Joel Parra, de 28 años, que se había desplazado desde la capital para la operación rescate.

La dimensión de la destrucción es tal que las propias víctimas se sorprenden cuando se desplazan desde sus zonas hacia otros lados del litoral. A la espera de las mismas fuerzas del Estado, cadáveres permanecían en el suelo, tapado cada uno como buenamente se podía, ya fuera con un cartón, sábanas o trapos.

"Lo primero que me impactó fue el nivel de la destrucción, la zona está resumida a ruinas. Por otro lado, el desespero se siente en el ambiente, la gente buscando a sus familiares bajo los escombros, aceras llenas de personas en shock, cadáveres tapados con sábanas", resumió para EL MUNDO el periodista y exprisionero político, Gabriel González, que vive en la parte montañosa del estado.

El clamor era generalizado, incluso muchos recordaban la ausencia de los militares, tan presentes en la vida diaria revolucionaria. "El Alto Mando Militar y toda la Fuerza Armada tienen entre sus funciones apoyar al país ante desastres y emergencias. Hasta ahora no se ha visto una verdadera movilización ni actuación ante esta grave situación que vivimos. Hemos visto familiares, vecinos y rescatistas tratando de salvar vidas con sus propias manos. Las familias afectadas necesitan auxilio inmediato y atención médica", protestó a través de sus redes el dirigente opositor Juan Pablo Guanipa, mano derecha de María Corina Machado en la Plataforma Unitaria.

"Ciudadanos comunes ayudando a ciudadanos comunes. Ciudadanos comunes rescatando a ciudadanos comunes. Con las manos. ¿Para qué sirve un militar?", se interrogó la escritora Sonia Chocrón.

Desde la residencia Mar Azul, junto al estadio de béisbol, varios de sus supervivientes han llegado hasta Caribe con la esperanza de que se repita el mismo milagro. "Hemos venido a buscar a mi mejor amigo y el edificio está totalmente derrumbado. Creemos que murió", se resignó el cabecilla familiar, que decide por todos partir hacia Caracas.

Gonzalo Sosa, de 56 años, no sale de su asombro, pese a que vivió el terrible deslave de 1999, cuando toneladas de barro y gigantescas piedras acabaron con la vida de al menos 30.000 personas. "Aquí, en Caribe, es donde hay más destrucción. Pero la tragedia nos persigue por todos lados", concluyó el hombre, devastado, pero convencido de que la onda expansiva no llegó más arriba porque la detuvo la montaña.

"Estos edificios nunca debieron ser reconstruidos aquí", se quejó una de las mujeres presentes. Hugo Chávez, que acababa de entrar al gobierno un año antes del deslave, prometió que levantaría un Cancún venezolano en esa parte del país para paliar la gran tragedia. Nada que ver: la reconstrucción se realizó a duras penas, pese a las quejas de los expertos.

"Veinte años después de lo ocurrido no se han culminado en Vargas (La Guaira) los proyectos de obra requeridos para la prevención de posibles eventos similares en el futuro", advirtió hace años uno de los ministros chavistas, Carlos Genatios, unas palabras recuperadas tras la tragedia.

"El terremoto no era previsible pero la mitigación de riesgos, la preparación frente a desastres y la institucionalidad de atención a emergencias son inexistentes en un país cuyo estado fue despojado de las capacidades mínimas de gestión de gobierno. La corrupción y la incompetencia chavista hoy la medimos en vidas de venezolanos", sentenció el economista Omar Zambrano.

 

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