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La tragedia de los terremotos afianza el eje Trump-Venezuela: "Estaremos ahí para nuestros nuevos y grandes amigos"
La catástrofe coincide con una etapa en la que el país caribeño opera de facto como una colonia de Washington Leer La catástrofe coincide con una etapa en la que el país caribeño opera de facto como una colonia de Washington Leer
"Estaremos ahí para nuestros nuevos y grandes amigos. Estados Unidos está listo para actuar". No pasó desapercibido que el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, fuera uno de los mandatarios más rápidos de todo el globo en lamentar la tragedia sufrida en Venezuela y en su caso en dar la orden a todas las agencias federales norteamericanas para "moverse deprisa en respuesta a los terremotos" y ayudar a la nación afectada. Las palabras escogidas por el inquilino de la Casa Blanca, así como su misma reacción, habrían sido impensables hace apenas unos meses. Pero los dos terremotos que han causado tanta devastación en amplias zonas de Venezuela han coincidido con un momento geopolítico muy concreto, en el que las autoridades encargadas del país caribeño operan de facto como si éste fuera una colonia de Washington.
Venezuela es el país con el que Trump mantiene una relación de ambigua amistad y cordialidad tras la operación de sus fuerzas armadas en enero para decapitar al régimen chavista y trasladar al ex presidente Nicolás Maduro y a su mujer, Cilia Flores, a una prisión estadounidense.
De ahí que el mandatario se viera impelido a moverse con tal celeridad, exhibiendo además en su apoyo la complicidad con el Gobierno que dirige Delcy Rodríguez, cuyos pasos prácticamente se limitan a seguir la hoja de ruta que se le va imponiendo por fases desde EEUU. Horas después, fue el secretario de Estado, Marco Rubio, quien prometió "una respuesta integral del Gobierno. Será importante, rápida y eficaz". "El Departamento de Guerra va a tener que desempeñar un gran papel logístico porque tiene la capacidad de aterrizar en lugares desafiantes en este momento", declaró el jefe de la diplomacia.
La que fuera vicepresidenta de Maduro y que ahora no solo ha asumido la Jefatura de Estado del país sino también el papel de mediadora en las nuevas relaciones con Washington, agradeció de inmediato a Trump su ofrecimiento y señaló que funcionarios estadounidenses "han estado en contacto constante" con las autoridades de su país. "Venezuela jamás olvidará la mano amiga extendida a nuestro pueblo en estos momentos difíciles", escribió a través de su cuenta en X.
EEUU no es el único aliado con el que cuenta Caracas desde que se conoció la magnitud de los seísmos, pero sí el más poderoso y el que lleva meses moviendo los hilos en la esfera de poder. Lo que comenzó con ataques militares a pequeñas embarcaciones en el Caribe a finales de 2025, con decenas de muertos en operaciones que han quedado sin esclarecer, terminó fraguando en una operación, Absolute Resolve, para sacar a Maduro del poder —con al menos 47 oficiales de seguridad venezolanos y 32 miembros de las fuerzas cubanas fallecidos en el ataque— que ha facilitado importantes operaciones económicas para Washington desde entonces.
Rodríguez juró como presidenta interina el 5 de enero y sigue gobernando hoy. Y lo que ha emergido desde entonces es una relación que algunos analistas ya comparan con la de una semicolonia. En los primeros cuatro meses de control estadounidense sobre las exportaciones petroleras venezolanas, casi cien millones de barriles de crudo por valor estimado de 8.000 millones de dólares fluyeron a través de un proceso marcado por la opacidad y una supervisión mínima. Rodríguez controla las distintas facciones chavistas mientras cumple con las concesiones económicas que Washington le exige, y Trump ha elogiado públicamente que está haciendo un "gran trabajo".
Venezuela ha acordado someter solicitudes presupuestarias mensuales al Departamento de Estado para recibir su parte de los ingresos petroleros. A cambio, Rodríguez ha conseguido reconocimiento diplomático y alivio de sanciones. El Departamento del Tesoro norteamericano no solo controla qué empresas tienen licencia para vender petróleo venezolano, sino también el desembolso de los ingresos. Shell firmó un acuerdo con Venezuela, ejecutivos de ExxonMobil están en conversaciones para volver a producir petróleo en el país sudamericano y Chevron anunció que expandirá su producción.
El secretario del Interior, Doug Burgum, viajó a Caracas en marzo y firmó un acuerdo para comprar oro venezolano, mientras Rodríguez anunció una reforma minera para abrir el sector a las transnacionales. El propio Burgum dejó claro el plan: "La primera oleada se centra en el petróleo y el gas… la segunda será los minerales críticos, porque hay una enorme oportunidad minera en Venezuela."
En Venezuela existen vastos yacimientos de tierras raras, niobio y metales del grupo del platino, especialmente en zonas ecológicamente sensibles, como en el Cerro Impacto, en la selva amazónica. Sin embargo, el país permanece en gran medida inexplorado, una oportunidad dorada para el Gobierno trumpista.
Todo ello con la oposición venezolana en un cierto limbo de la ecuación. Trump no sólo ha desestimado la autoridad de María Corina Machado, la líder opositora venezolana, sino que no ha hecho movimiento alguno para terminar de erradicar el régimen chavista. En una carta enviada en junio al secretario de Estado Marco Rubio, los senadores demócratas Gregory Meeks y Jeanne Shaheen exigieron explicaciones por la falta de avances hacia elecciones democráticas. Cuatro meses después del inicio del diálogo con Rodríguez, señalaron, "el régimen sigue plagado de los mismos funcionarios del régimen de Maduro" y 473 presos políticos permanecen detenidos. Pero a Washington, no parece interesarle modificar el statu quo actual.
