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Venezuela: el otro derrumbe
El país petrolero ha sufrido un terremoto dentro del terremoto que ha significado el chavismo desde hace años Leer El país petrolero ha sufrido un terremoto dentro del terremoto que ha significado el chavismo desde hace años Leer
En los momentos inmediatos a una tragedia las palabras también se agrietan, se extravían, se vuelven objetos huecos. Contemplo enmudecido las imágenes de La Guaira. Trato de buscar un símil y no lo encuentro. "Es como si hubiese pasado un terremoto", pienso de inmediato. Luego comprendo la torpeza de mi frase; en efecto, acaba de ocurrir un terremoto que los primeros informes catalogan como el más fuerte sufrido por Venezuela desde el siglo XIX.
Parece que la memoria trágica de 1967 se va a quedar corta. Aquel sismo encontró un país pujante, en expansión y con un tejido social sólido. Esta nueva tragedia alcanza a una Venezuela hecha pedazos.
Las horas transcurren junto al móvil, tratando de contactar con familia, amigos. La información llega a trozos, saltan cifras que brotan desde la nada, rumores. No olvidemos que en Venezuela la censura sigue activa. Hay redes sociales y medios de comunicación bloqueados por completo.
Sobre la fragilidad de la existencia humana, sobre la aparición de las grandes tragedias, hay poco que agregar en estos instantes. Sin embargo, es indispensable recalcar que sólo la ayuda internacional inmediata podrá salvar vidas y atenuar los primeros efectos. No es una frase retórica. No es una proclama. Venezuela está sufriendo un terremoto dentro del terremoto que ha significado el chavismo. Venezuela se encuentra postrada desde hace años y no tiene recursos para afrontar situaciones normales, mucho menos para enfrentar una desgracia como la que acaba de ocurrir hace pocas horas.
En Venezuela los hospitales son cascarones donde la gente no va a curarse, sino a vivir sus últimos respiros. Faltan equipos elementales, personal y organización. Los costos de las medicinas son inalcanzables para la población. Los servicios de emergencia no cuentan con posibilidades reales de respuesta.
En un viaje muy reciente hablé con bomberos que me advirtieron que sus equipos están obsoletos, inservibles, y que sólo acuden a sus trabajos parcialmente, pues sus sueldos de miseria los obligan a trabajar en otros oficios para poder sobrevivir. Situación similar me confesaron tiempo atrás profesionales sanitarios.
A ese desolador panorama se suma la histórica "negligencia" del chavismo en la gestión de tragedias colectivas. Contemplé con mis propios ojos cómo en el deslave de Vargas en 1999 no se movilizaron a tiempo los recursos de salvamento, pues el personal público tenía instrucciones de enfocarse en el referéndum que, a esas mismas horas, le estaba otorgando poderes ilimitados al régimen. Peor aún, vi cómo la ayuda espontánea que entregaron las personas en ese momento era colocada en bolsas con el rostro del dictador y repartida como acto de propaganda.
No hace falta viajar tanto al pasado. La Federación Médica venezolana ha denunciado la desaparición de 71 toneladas de medicamentos e insumos médicos enviados por Estados Unidos el pasado mes de febrero. No hay manera de que las mafias gubernamentales den noticias sobre ese cargamento, que probablemente ya forma parte de sus negocios privados.
La tragedia es inevitable, pero sus consecuencias y su gestión se verán agravadas por este panorama. Venezuela pudo estar mejor preparada para esta desgracia, pero el saqueo perpetrado por la dictadura y sus secuaces internacionales empeorará la situación. Necesario es recordar los 64 mil millones de dólares obsequiados por el régimen a la dictadura cubana, ¿cuántas vidas podrían salvarse en este momento? Los 23 mil millones de dólares del desfalco del grupo del ex vicepresidente Tareck El Aissami, ¿cuántas muertes significarán ahora mismo? Los 56 mil millones que manejó Hugo Chávez sin contraloría ninguna y de los que no hay noticias ciertas, ¿qué número de venezolanos podrían auxiliar en esta fecha terrible?
Las primeras noticias muestran a espontáneos dando lo mejor de sí para ayudar; a funcionarios sin palas, sin picos, sin maquinaria especializada, sin insumos, alumbrándose con teléfonos, mientras la dictadura sigue sin ofrecer información de calidad para enfrentar la emergencia.
Lo dicho. Sirvan estas palabras como una desesperada petición de ayuda internacional. Ayuda que sólo será útil si aparece de inmediato y se fiscaliza para que no caiga en las manos criminales del régimen.
Venezuela necesita auxilio. Mi querida, mi golpeada, mi pobre Venezuela.
*Juan Carlos Méndez Guédez es escritor hispanovenezolano, premio Libro del Año en Venezuela en 2013 por su novela Arena negra.
