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Las fosas de Volinia regresan: una medalla para reabrir viejas heridas
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Europa mantiene una geografía secreta hecha de fosas comunes. Están en los bosques de Katyn, en las laderas de los Pirineos, en los campos de Srebrenica. Algunas se han abierto, se han identificado los huesos y se ha intentado cerrar la herida. Otras permanecen selladas, no por el tiempo sino por la política. Las fosas de Volinia, donde yacen entre 60.000 y 100.000 polacos asesinados por nacionalistas ucranianos hace 80 años, pertenecen a la segunda categoría. Esas tumbas guardan las pesadillas dolorosas del continente y representan las cicatrices mal curadas de periodos oscuros. Desde la caída de la URSS, Kiev y Varsovia han tenido una relación difícil por la interpretación de su pasado. Y ese pasado regresa una y otra vez.
La pasada semana, el conflicto político entre Ucrania y Polonia, que estaba soterrado desde que comenzó la invasión rusa, estalló de nuevo. El detonante fue un decreto firmado por Zelenski el 26 de mayo: la creación de una unidad de las Fuerzas de Operaciones Especiales bautizada como "Héroes de la UPA", en honor al Ejército Insurgente Ucraniano que, entre 1943 y 1945, mató a entre 40.000 y 100.000 civiles polacos en Volinia.
El presidente polaco Karol Nawrocki respondió el 19 de junio revocando la Orden del Águila Blanca concedida a Zelenski en 2023, un gesto sin precedentes en los tres siglos de historia de la máxima condecoración polaca. Zelenski devolvió la medalla por correo postal -acompañando la publicación en X con la foto del recibo de envío- y el jefe de su Oficina Presidencial, Kyrylo Budanov, calificó la decisión de Nawrocki de "acto hostil hacia el pueblo ucraniano" y "regalo para el agresor de Moscú".
La réplica ucraniana no se quedó ahí: tres ex presidentes –Kuchma, Yushchenko y Poroshenko– anunciaron que renunciarían a la Orden del Águila Blanca que Polonia les había concedido durante sus mandatos. ¿Era el momento de bautizar esa unidad con ese nombre por parte de Zelenski? ¿Era el momento de retirarle la medalla, como hizo Nawrocki?
El primer ministro polaco Donald Tusk, aliado incondicional de Kiev, calificó la retirada de la medalla de "error estratégico del que sólo se beneficia Moscú". En medio de una guerra en la que Polonia es el principal corredor de suministro de armas a Ucrania y ha acogido a más de un millón de sus refugiados, esta historia ha regresado.
Los ucranianos sostienen que formaciones armadas de ambos bandos, incluidas la UPA y fuerzas clandestinas polacas como la Armia Krajowa, participaron en ataques y represalias que causaron víctimas civiles a gran escala entre polacos y ucranianos. Kiev no niega las masacres de Volinia, pero insiste en que el conflicto fue bilateral y que la narrativa polaca ignora las víctimas ucranianas. La resistencia polaca, apoyada por el Gobierno en el exilio de Londres, también cometió matanzas de ucranianos como represalia: 2.000 o 3.000 civiles ucranianos sólo en Volinia, posiblemente sobre un total de 10.000 a 12.000 ucranianos en la región.
La posición ucraniana oficial sostiene que la UPA luchó por la independencia ucraniana tanto contra las fuerzas de la Alemania nazi como contra las soviéticas. En este proceso el personaje imprescindible fue Stepan Bandera, un ultranacionalista ucraniano que comenzó colaborando con el invasor nazi contra los soviéticos y que posteriormente fue deportado al campo de concentración de Sachsenhausen en 1941 precisamente porque los nazis disolvieron el Gobierno ucraniano que él había proclamado en Lviv. Para los ucranianos, esto lo distingue de los colaboracionistas nazis más conocidos.
Pero para entender la narrativa ucraniana hay que retroceder aún más. Al final de la guerra polaco-soviética de 1920-1921, Volinia y otras zonas de población ucraniana quedaron bajo administración polaca. El Gobierno polaco prometió autonomía local pero impuso una polonización de la población, suprimiendo la lengua, la cultura y la religión ortodoxa. Para este tipo de grupos antiocupación, la lucha contra los polacos también estaba justificada.
El historiador ucraniano Yaroslav Hrytsak, de Lviv, es quien ha abordado esta cuestión con más honestidad desde dentro de Ucrania. Su posición es que la UPA fue simultáneamente "una fuerza de resistencia antisoviética legítima y una organización que cometió crímenes de guerra contra civiles polacos". Que ambas cosas sean ciertas a la vez no resuelve el problema político.
Este enfrentamiento es gasolina para el fuego de Putin, que lleva años usando a Bandera como argumento de que Ucrania es un Estado nazi. Para muchos, es Rusia la que provoca el regreso de este debate una y otra vez.
