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Rutte vuelve a la Casa Blanca para mimar a un Trump cada vez más distanciado de la OTAN antes de la Cumbre de Ankara

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El secretario general de la Alianza prioriza a EEUU por encima del resto de aliados y causa un nuevo incidente al asegurar que Meloni permitió que 500 aviones usaran las bases en Italia para atacar Irán Leer El secretario general de la Alianza prioriza a EEUU por encima del resto de aliados y causa un nuevo incidente al asegurar que Meloni permitió que 500 aviones usaran las bases en Italia para atacar Irán Leer   

Cuando Mark Rutte fue escogido como secretario general de la OTAN, la pregunta que se hacían muchos diplomáticos, ministros y analistas era si sería la persona adecuada para gestionar la Alianza en el caso de que Donald Trump ganara de nuevo las elecciones y volviera a la Casa Blanca.

Rutte, ex primer ministro neerlandés durante una década, era conocido por esa franqueza de la que están tan orgullosos en su país que implica decir lo que piensa incluso si es descortés o agresivo. Tenía claros puntos a favor, como su atlantismo, anglofilia, el dominio del inglés y la experiencia. Pero también parecía demasiado arrogante, poco sutil, mucho menos hábil que el saliente Jens Stoltenberg para manejarse, desde un segundo plano, con alguien volcánico como Trump. El tiempo ha demostrado que no había de lo que preocuparse. La pregunta que se hacen ahora los miembros de la OTAN es si hay algo de lo que no será capaz de hacer Rutte para contentar a Daddy Trump, aunque eso suponga ignorar, ofender, humillar y complicar la vida a los demás líderes.

Rutte está de nuevo esta semana en Washington para limar asperezas de cara a la Cumbre de la Alianza en Ankara, en la primera semana de julio. Para ello se ha visto con funcionarios, senadores, militares y se ha reunido hoy con Trump, en un nuevo intento de agasajar al presidente estadounidense, curar heridas y evitar lo que parece un inevitable distanciamiento.

Trump nunca ha sido un fan de la OTAN. Siempre ha pensado que sus miembros eran unos listos que se aprovechaban de la generosidad y la riqueza estadounidense. En su primer mandato sacudió los cimientos forzando a todos a acelerar para cumplir los objetivos de gasto e inversión a los que se habían comprometido en 2014 y que claramente estaban descuidando. Pero en ese segundo mandato, ni eso ha sido suficiente.

El presidente de EEUU, siguiendo una tradición que siempre ha existido en su país, cree que la OTAN ya no es necesaria, no tal y como fue concebida. No le preocupa la amenaza rusa y dice que eso es problema europeo. Le preocupa China, como le preocupa Irán, y quiere que los aliados gasten más en Defensa, que compren armamento estadounidense y que estén listos para movilizarse si Washington los activa. Por eso no perdona que casi ninguno apoyara con entusiasmo la guerra en Irán y no se volcaran en su ayuda.

Si antes pensaba que los europeos eran unos gorrones, y que los ucranianos eran unos quejicas y pesados, ahora sostiene que los primeros son también unos desagradecidos y traidores, que incluso le han vetado el uso de sus bases para la OperaciónFuria Épica. De ahí su enfado con España, el anuncio de retirada de tropas de Alemania o los duros ataques de los últimos días a Giorgia Meloni, diciendo que le "suplica fotos" juntos pero que no se las merece por no haber estado a su lado cuando él lo pidió.

Ahí entra Rutte, que una vez más ha demostrado que su principal y casi única prioridad es Estados Unidos. Está dispuesto a decir lo que haga falta, en público, en privado o en ambas para contentar a Trump y evitar una ruptura. Incluso si eso implica dejar al pie de los caballos a los demás. Se vio con las críticas a España y se ha vuelto a ver ahora. En una entrevista con la cadena Fox, Rutte dijo que en realidad los europeos sí habían ayudado a Washington aunque digan lo contrario en voz alta por intereses de política nacional.

"País tras país, aliado tras aliado, han puesto sus bases a disposición para la Operación Furia Épica", afirmó confirmando que entre 4.000 y 5.000 aviones habían despegado de bases europeas como parte de operación Furia Épica. "Si nos fijamos en Italia, 500 aviones estadounidenses despegaron de bases estadounidenses en Italia para apoyar la Operación Furia Épica. Esto es enorme", añadió Rutte.

Sus palabras, una vez más, han causado un enorme malestar, en Roma, en Bruselas y en otras capitales. En un comunicado, el ministro de Defensa, Guido Crosetto, afirmó que Italia había actuado en pleno cumplimiento de su Constitución, los tratados internacionales y los acuerdos que rigen las bases aliadas en su territorio. "Como ya se aclaró en el Parlamento, el Gobierno autorizó exclusivamente actividades técnicas y logísticas", añadiendo que su Gobierno había rechazado las solicitudes que quedaban fuera de esos límites y criticando que el secretario general presentara "una reconstrucción que transmite un mensaje completamente engañoso al confundir el tipo de vuelos autorizados".

La entrevista de Rutte, que sabe perfectamente lo que dice y las consecuencias, llega cuando los líderes de Alemania, Francia, Italia, Polonia y Reino Unido están reunidos en Berlín precisamente para preparar la próxima cumbre aliada. Después de que la semana pasada la administración Trump anunciara el inicio de una revisión a lo largo de los próximos seis meses de su presencia militar en Europa, incluidas las bases que han definido su presencia en el continente durante ocho décadas.

Y tras saberse que el secretario de Defensa, Pete Hegseth, el que más inquina tiene al Viejo Continente, ha cesado al general Chris Donahue, el militar que dirigió a los Delta Force en Irak y Siria contra Estado Islámico, el que cerró la evacuación de personal estadounidense y en Kabul en 2021 y que era hasta ahora el comandante en jefe del Ejército en Europa, puesto clave para coordinar los esfuerzos de la OTAN para ayudar a Ucrania.

En dos semanas, la OTAN tiene su esperada cumbre en Turquía. Normalmente esas citas, completamente planificadas y medidas son solo una escenificación de unidad y fortaleza. Pero esta vez hay verdadera tensión. Trump asistirá y el ambiente es mucho más lúgubre que el año pasado antes de la cita en La Haya. Los choques recientes y la publicación de las estrategias de Seguridad Nacional y de Defensa de EEUU han cambiado el tablero y nadie sabe qué esperar de Trump.

Rutte, apodado "el susurrador" por parte de la prensa estadounidense por su habilidad, como la de su predecesor, para evitar su furia directa, no ha venido a Washington para negociar documentos, comunicados, contenido sino para gestionar el estado de ánimo de Trump. Para darle la razón como mecanismo de seducción, intentado reducir al mínimo los dramas o sorpresas. Convencerle de que es un líder único que ha conseguido que Europa está aumentando el gasto militar y de que una ruptura con la OTAN sólo beneficiaría a Rusia, China o Irán.

 

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