"Hace años no tenía ni un lugar donde dormir, estaba lejos de mi familia y eso fue el mayor de los obstáculos". Alireza Beiranvand, el portero de Irán, el meta que ha hecho la mejor parada del Mundial, recordaba así su infancia en una entrevista de hace años con la agencia EFE.
"Beiranvand es uno de los mejores porteros iraníes de la historia. Es muy inteligente, muy experimentado y ha estado en plena forma. Le debemos un punto", decía esta madrugada el seleccionador iraní Amir Ghalenoei tras la actuación de su guardameta ante los 'diablos rojos'.
De la sombra, de un pasado duro, a estar en el centro de todos los focos del planeta fútbol.
Alireza Beiranvand, de 33 años, paró un balón imposible en el Bélgica-Irán. El guardameta, con una reacción impresionante, sacó una mano maravillosa para desviar un disparo a bocajarro de De Cuyper. Fue tan espectacular, y tan importante para sostener a su selección, que sus compañeros corrieron a abrazarle. Era su héroe.
El portero de Irán, que disputa su tercera Copa del Mundo, ya es uno de los nombres propios del Mundial, pero, como él mismo recordaba, su historia no fue tan bonita ni estuvo rodeada de oro. Al revés. Todo empezó luchando por sobrevivir. Nacido en una familia de nómadas, de esas que aún peregrinaban con el ganado, Beiranvand ejerció de pastor, al tiempo que soñaba con el fútbol.
Mi padre prefería que trabajara. Una vez me rompió la ropa y los guantes
Beiranvand
Tras mucho sacrificio, y una férrea fuerza de voluntad, la oportunidad le llegó después de una fuga, porque, con 15 años, se escapó de casa para poder jugar. Su padre no le dejaba, no quería que fuera futbolista. "Prefería que trabajara. Una vez me rompió la ropa y los guantes y tuve que parar con las manos desnudas", recordaba en declaraciones recogidas por la Gazzetta dello Sport.
Para mí, el mayor reto son todos los sacrificios que he tenido que afrontar
Beiranvand
Beiranvand decidió entonces marcharse a Teherán, la capital de Irán, donde pasó momentos complicados: durmió muchas noches en la calle y trabajó de pizzero, de lavacoches y de barrendero para poder comer… Hasta que cumplió su sueño de jugar al fútbol y ahora es el portero de su selección, el hombre del que todos hablan después de esa fantástica parada a De Cuyper.
"Para mí, el mayor reto son todos los sacrificios que he tenido que afrontar a lo largo de mi carrera deportiva", aseguraba en EFE.
Además de sus logros en sus equipos y en la selección, el nombre de Beiranvand aparece en el Libro Guinness de los Récords. Suyo es el lanzamiento con la mano más lejano de un balón de fútbol, 61,26 metros, en un encuentro oficial, algo que consiguió en el partido entre Irán y Corea del Sur, que se disputó en el Estadio Azadi, en Teherán, el 11 de octubre de 2016.
Otro de los momentos que más se recuerdan de la carrera de Beiranvand es el penalti que le detuvo a Cristiano Ronaldo en el Mundial de 2018. Pero Alireza no vive del pasado y ahora, en el presente, es de nuevo el gran protagonista.
