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Yaroslav Trofimov, reportero de guerra ucraniano: "El frente ahora es una zona mortal donde nadie puede actuar por los drones"

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"El mayor error de Rusia fue no entender que la nación ucraniana existe. No es un concepto artificial. Y la nación ucraniana que existía en 2022 no era la misma de 1991, ni la que Putin quizá recordaba de sus viajes de juventud a Ucrania", señala Leer "El mayor error de Rusia fue no entender que la nación ucraniana existe. No es un concepto artificial. Y la nación ucraniana que existía en 2022 no era la misma de 1991, ni la que Putin quizá recordaba de sus viajes de juventud a Ucrania", señala Leer   

El escritor y reportero de guerra ucraniano Yaroslav Trofimov (Kiev, 1969) nacido en la Ucrania soviética y corresponsal durante décadas en conflictos de todo el mundo, se topó en 2022 con la cruda tarea contar la guerra desde desde su propio país: "Estar en Kiev con el mismo chaleco antibalas y el mismo casco que había llevado en Kabul o en Bagdad fue para mí casi un insulto personal después de pasar el año anterior entero en Afganistán… salí de Kabul el 21 de diciembre de 2021 y llegué a Kiev en enero de 2022″.

Su libro 'Our Enemies Will Vanish' (’Nuestros enemigos desaparecerán', una frase entresacada del himno nacional de Ucrania), es una de las mejores crónicas del primer año de la invasión rusa a gran escala. Cuatro años después del inicio de aquella fase de la guerra, Trofimov habla de un frente convertido en zona de muerte, del desgaste ruso, de los límites de la influencia estadounidense y de lo que Ucrania ha descubierto sobre sí misma.

Trofimov mira esa guerra y lo primero que le sorprende es su duración. "Estamos ya en el quinto año y creo que muy poca gente pensaba entonces que durara más de tres años. Desde el principio yo estaba convencido de que los ucranianos iban a resistir, a luchar y a mostrar una capacidad de aguante que sorprendería tanto a sus amigos como a sus enemigos. Y eso fue lo que ocurrió". Lo inesperado, dice, no fue tanto la resistencia ucraniana como el giro de Estados Unidos. "La gran sorpresa fue el abandono de la causa ucraniana por parte de Estados Unidos, algo en lo que no pensábamos al comienzo de la guerra. Pero también fue una sorpresa que, pese a que Washington redujo su ayuda y presionó a Ucrania para llegar a un acuerdo en términos rusos, Ucrania consiguiera resistir e incluso recuperar algo de terreno".

Esa resistencia ha desmontado uno de los relatos más repetidos por Moscú. "Ahora vemos con mucha claridad que Ucrania no es un proxy estadounidense. Incluso si Estados Unidos decide cerrar un acuerdo con Rusia sobre Ucrania, no puede hacerlo, porque sin el consentimiento ucraniano no hay trato", explica durante un descanso en la Lennart Meri Conference de Tallín.

Trofimov describe ahora el frente como un espacio transformado por los drones y la guerra electrónica. "Parece un juego del gato y el ratón en el que los dos bandos se adaptan constantemente y resultado es que se ha vuelto imposible concentrar fuerzas y lograr avances estratégicos. Por eso la línea del frente no ha cambiado de manera estratégica desde noviembre de 2022″. Lo que existe, explica, es una franja devastada: "Ya no es una línea de frente, sino una zona de muerte de unos 40 kilómetros, con pocas tropas aquí y allá. Hay 40 o 50 kilómetros entre las áreas por las que se puede circular, y en medio solo una posición aquí y otra allí. Es tierra de nadie, porque nadie puede operar realmente allí".

Ese bloqueo deja a Putin ante una disyuntiva. "Putin está en una situación de estancamiento sobre el terreno y se está dando cuenta de que no puede romper el frente. Por eso tendrá que elegir: o cerrar un acuerdo para congelar la guerra, o escalar". La movilización sigue siendo una herramienta, pero no una solución mágica. "Todo el que quería combatir en esta guerra, o todo el que estaba dispuesto a hacerlo por dinero, ya lo está haciendo". Más hombres, advierte, no significan más avance: "Lanzar más gente a esta zona de muerte solo servirá para que muera más gente por los drones, sin lograr resultados".

Trofimov también se pregunta cuánto sabe Putin realmente. "[El jefe del estado Mayor, Valery] Gerasimov ha anunciado que han tomado el 85% de Limán, todo Kupiansk y otras localidades que en realidad no han tomado. El mando militar está fabricando éxitos y dando la impresión, quizá también al propio Putin, de que las cosas van mucho mejor de lo que van en realidad", explica el periodista de The Wall Street Journal.

En la comparación entre Rusia y Ucrania, Trofimov vuelve a la relación de los rusos con su país. "En Rusia existe una sacralización del Estado. La gente ha estado tradicionalmente dispuesta a renunciar a su libertad individual por la gloria del Estado, del zar o del imperio: vivimos mal, pero al menos oprimimos a otros y podemos estar orgullosos colectivamente como gran potencia". Ucrania, dice, es otra cosa. "El Estado se valora en la medida en que protege tu libertad individual. Los ucranianos luchan por él porque los protege de la opresión rusa y garantiza su capacidad de existir como personas, como pueblo y como cultura".

La invasión rusa, en su opinión, nació de una incomprensión esencial. "El mayor error fue no entender que la nación ucraniana existe. No es un concepto artificial. Rusia fracasó porque todo el plan se basaba en que los ucranianos no iban a resistir y no se iban a comportar como un país real". El Kremlin sigue proyectando confianza, pero Trofimov ve grietas psicológicas en el relato de Putin. "La Rusia de Putin se construyó sobre la religión del 9 de mayo. Eso funcionó hasta que esta guerra se hizo más larga que la guerra soviética contra los nazis. Donde los abuelos estaban en Berlín, él sigue luchando por Pokrovsk". Ahora la contienda dura más incluso que la Primera Guerra Mundial.

Antes de esa guerra, Trofimov había vuelto a Ucrania en 2004, durante la Revolución Naranja, después de dos años en Bagdad. "Venía de ver algunas de las escenas más horribles en Irak y de perder amigos y colegas. Recuerdo que me sentí muy orgulloso de cómo los ucranianos habían conseguido un cambio revolucionario sin romper una sola ventana y sin que nadie resultara herido". Ese recuerdo, dice, hizo aún más brutal la entrada de Rusia en 2014. "Cuando el conflicto dejó de ser entre ucranianos y entró el Estado ruso en Crimea y en el Donbás, todo se volvió violento rápido. Fue desgarrador, porque los ucranianos no son un pueblo especialmente militarista".

A pesar de tanta crueldad contemplada, Trofimov no cree que la guerra de Ucrania haya perdido todos sus límites. "Los ucranianos no están intentando matar a Putin, ni a sus principales ministros, ni bombardear el Kremlin. Todavía hay normas, no es una guerra completamente sin reglas. Sí, los rusos matan civiles pero muchas veces no buscan matarlos: simplemente ocurre y no les importa".

 

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