Ciencia y Tecnología
¿Hay algo que Ozempic y otros fármacos agonistas GLP-1 no puedan hacer?
La lista de usos de los fármacos agonistas del receptor GLP-1 no deja de crecer. Empezó como tratamiento para la diabetes tipo 2, luego triunfó como inyección para perder peso.
También hay evidencias de otros efectos de estos medicamentos, como la semaglutida y la tirzepatida, comercializados bajo los nombres Mounjaro, Ozempic, Wegovy y Zepound:
- reducen el riesgo de enfermedades cardiovasculares
- protegen el riñón y el hígado,
- reducen la inflamación y el dolor,
- previenen la adicción y el abuso de sustancias,
- ayudan a personas con artritis
- y hasta a quienes tienen apnea del sueño.
Si se mira desde una perspectiva más amplia, se ve un caso clásico de lo que en el sector se conoce como "reutilización de fármacos" o "reposicionamiento" de medicamentos. En otras palabras, buscarle nuevos usos a un fármaco conocido.
Reutilización de medicamentos en una crisis sanitaria
Lo que a algunos les puede parecer una forma astuta de sacar provecho de un medicamento ya popular, para otros es una forma rentable y eficiente en tiempo para salvar vidas.
La pandemia de COVID-19 es un claro ejemplo. Consideremos los fármacos dexametasona y baricitinib: cuando llegó la pandemia ya existían, se utilizaban para tratar la inflamación.
La dexametasona tiene amplias aplicaciones: puede usarse para artritis, asma, problemas sanguíneos o de médula ósea, problemas renales, afecciones cutáneas y casos agudos de esclerosis múltiple.
El baricitinib se utiliza para tratar artritis reumatoide de moderada a grave, dermatitis atópica desde moderada a grave y alopecia areata severa, una enfermedad autoinmune que ataca el cabello y causa su caída.
Los médicos probaron estos fármacos para tratar la inflamación en pacientes con COVID (antes y durante las primeras fases de las vacunas contra el coronavirus).
En 2021, el Servicio Nacional de Salud del Reino Unido informó que la dexametasona salvó 22.000 vidas en ese país y se estima que un millón en todo el mundo.
Durante la COVID, médicos e investigadores observaron también "tormentas de citocinas" en los pacientes: cuando el sistema inmunitario se vuelve hiperactivo, causando finalmente una inflamación severa. Baricitinib controla los niveles elevados de citocinas y la inflamación.
Tras estas experiencias durante la COVID, la Comisión Europea planeó aumentar el apoyo a la reutilización de medicamentos para buscar tratamientos contra el cáncer.
Una advertencia sanitaria sobre medicamentos reutilizados
Nada de lo anterior debe interpretarse como una sugerencia para que alguien use agonistas de GLP-1, o cualquier otro medicamento, para tratar cualquier condición a iniciativa propia sin prescripción médica. DW no lo recomienda. Existen riesgos en el uso de cualquier medicamento y, a medida que han aumentado los usos de GLP-1, por ejemplo, también han surgido riesgos menos conocidos.
Tampoco debería sorprender que los agonistas de GLP-1 tengan beneficios universales para la salud. Si los fármacos pueden ayudarte a perder peso, o evitar que lo ganes, y reducir el comportamiento adictivo, entonces también reducirán el riesgo de diabetes tipo 2 (que se debe en gran parte a "elecciones de estilo de vida" como comer en exceso) y eso, a su vez, reducirá la tensión sobre todos los órganos del cuerpo.
Es casi como si los desarrolladores originales del primer agonista del GLP-1 hubieran planeado una serie de secuelas positivas, aunque ellos no inventaron la reutilización de fármacos. Pero, como hemos señalado antes, esta reutilización de medicamentos suele producirse por accidente o hacerse en un momento de gran desesperación, como fue la pandemia de COVID-19.
La reutilización de fármacos no es nueva
En el tratamiento del cáncer, hay dos ejemplos notables: el primero es el fármaco raloxifeno, que se desarrolló originalmente para tratar la osteoporosis.
Luego, un gran estudio en 25 países mostró su potencial de reutilización en personas con alto riesgo de cáncer de mama. En el estudio, el riesgo de cáncer de mama invasivo disminuyó un 76 % durante tres años de tratamiento en mujeres posmenopáusicas con osteoporosis. La Administración de Alimentos y Medicamentos de Estados Unidos (FDA), considerada el estándar mundial para la aprobación de medicamentos y vacunas, aprobó el raloxifeno para la prevención del cáncer de mama invasivo.
La talidomida, un fármaco quizás más conocido por su controvertida historia en la década de 1950, como sedante para mujeres embarazadas con náuseas, que fue retirado tras comprobarse que causaba graves deformaciones esqueléticas en el feto, fue reutilizado y aprobado por la FDA unos 60 años después para su uso en combinación con dexametasona, en pacientes con mieloma múltiple recién diagnosticado. El mieloma múltiple es un cáncer de sangre incurable pero tratable.
Más recientemente, se ha comprobado que una vacuna contra la tuberculosis de hace 100 años, llamada Bacillus Calmette-Guerin, regula el azúcar en sangre (y, por tanto, la necesidad de insulina) en personas con diabetes tipo 1.
Pero quizás el caso más famoso (o infame) de reutilización de fármacos sea el de Viagra, o sildenafil. El fármaco fue desarrollado originalmente para tratar afecciones cardiovasculares, como el dolor torácico o la angina. Luego se descubrió (para resumir una larga historia) que ayudaba a los hombres con disfunción eréctil. Y posteriormente se le conoció como la "pastillita azul".
Otra advertencia, esta vez desde la historia
"Sin duda debe ser el sueño de toda farmacéutica: tener un producto tan atractivo que la necesidad de marketing y relaciones públicas haya sido anulada por una ola de bombo mediático", escribió en 1998 Abi Berger, una médica generalista, en el British Medical Journal.
Es como si el bombo en torno a los agonistas del GLP-1 fuera un caso de "historia que se repite".
Así que, terminemos con una advertencia histórica: aunque la publicidad presionaba la producción desenfrenada de sildenafil en su día, también se ha encontrado que causa arritmias cardíacas anómalas en estudios más recientes.
Y lo mismo puede ser cierto para los agonistas de GLP-1, cuyos posibles efectos secundarios todavía se desconocen a largo plazo. Las consecuencias de sus usos reorientados, sus verdaderos pros y contras, quizá solo puedan ser observadas en un lapso de muchos años.
(lgc/rml)
