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Atrapados sin salida: por qué ha sido imposible un acuerdo de Donald Trump con Irán
El presidente de EEUU anunció 38 veces que la paz con Teherán estaba cerca, pero la realidad es que sus posturas cada día están más lejos Leer El presidente de EEUU anunció 38 veces que la paz con Teherán estaba cerca, pero la realidad es que sus posturas cada día están más lejos Leer
El final abrupto del alto el fuego entre Trump y los ayatolás no nos devuelve a la casilla de salida, sino a un lugar peor. El presidente estadounidense aseguró en 38 ocasiones desde el 28 de febrero que el acuerdo con Irán estaba cerca de cerrarse, pero la realidad es que las posturas siempre estuvieron alejadas y la espera ha hecho que Irán se sienta aún más fuerte. El rubio presidente aseguró repetidas veces que el régimen deseaba «un acuerdo rápido», pero estaba desvelando sus propias intenciones. Ante esa postura, los negociadores de Teherán, los más duros diplomáticos del mundo, opusieron sus técnicas dilatorias, a sabiendas de que tienen activada un arma nuclear de carácter económico: el Estrecho de Ormuz.
El error de cálculo que supuso declararle la guerra al régimen de Teherán pensando que se rendiría o caería durante los primeros días de bombardeos tiene ya consecuencias graves para la economía mundial, para los arsenales de misiles de EEUU, que se han vaciado y para la confianza mutua, que ya no existe. Los ayatolás quieren humillar a la Casa Blanca y la Casa Blanca no puede permitirse un Irán con soberanía atómica.
Teherán tiene una palanca que nunca necesitó activar: el cierre de Ormuz. Eso le da una posición negociadora infinitamente más fuerte que cualquier bombardeo de EEUU, porque el coste de no llegar a un pacto para la economía global es enorme y visible, mientras que el régimen puede soportar bombardeos terribles durante meses. Pero paradójicamente eso también hace más difícil el acuerdo: Irán no quiere soltar esa carta del Estrecho sin garantías absolutas, y Washington no puede dar garantías absolutas sin que parezca que cedió ante la presión militar. Ambos quieren terminar con la guerra pero están atrapados en posturas irreconciliables.
¿Qué es lo que no quiere Irán? Firmar un acuerdo que se perciba como una rendición ante EEUU. Eso destruiría la narrativa de resistencia que ha sostenido al régimen durante 45 años. Los sectores duros de Teherán -los Guardianes de la Revolución, su terrirífico aparato de seguridad- son los más poderosos internamente y los más opuestos a cualquier concesión. Con la decapitación del ayatolá Alí Jamenei y sus más cercanos colaboradores, ahora los que mandan son ellos. Y son aún más radicales que los anteriores.
¿Qué es lo que no puede firmar Donald Trump? El magnate tiene a Netanyahu susurrándole al oído. El primer ministro israelí no quiere ningún acuerdo que deje a Irán con capacidad nuclear residual y hará cualquier cosa porque la guerra continúe. Cada vez que las negociaciones se acercan a un entendimiento, Israel realiza alguna acción -un ataque, una filtración, una declaración- que mete al proceso en un embudo. Trump no puede cerrar un acuerdo con Irán que Israel rechace.
Un acuerdo real tendría que resolver simultáneamente el programa nuclear, la reapertura de Ormuz, el levantamiento de sanciones, las garantías de seguridad para el régimen, el papel de las milicias proiraníes en la región (Hezbolá, hutíes, milicias en Irak) y la normalización de relaciones. Resolver alguno de los frentes por separado puede llevar meses. Intentarlo con todos esos frentes a la vez en pocas semanas es prácticamente imposible.
El profesor de la Universidad de Chicago, Robert A. Pape, que desde el principio asegura que Trump se ha metido en una trampa de escalada, afirma: «Hace tres meses, argumenté que el poder aéreo no colapsaría a Irán. Hace dos meses, argumenté que la supervivencia crearía influencia. Hoy el alto el fuego se está desmoronando y la guerra está entrando en otra fase».
Entonces, ¿es posible una negociación en estos momentos? Lo que hemos visto estos meses no ha sido realmente una negociación sino una gestión del conflicto. Ambas partes tienen incentivos para mantener la tensión controlada -ninguno quiere una guerra total- pero también incentivos para no ceder lo suficiente como para llegar a un acuerdo real. El resultado más probable es exactamente lo que estamos viendo: un alto el fuego frágil que se rompe cada pocos días, negociaciones que avanzan y retroceden, y ninguna solución definitiva a la vista.
Ahora mismo es más posible una escalada bélica que un acuerdo. La guerra no decidió un ganador y es posible que no lo haya.
