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El proeuropeo Pashinián gana en Armenia, pero sin mayoría para blindar la paz con Azerbaiyán

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El partido del primer ministro logra el 49,81% de los votos y podrá formar gobierno, aunque queda lejos de la supermayoría necesaria para reformar la Constitución Leer El partido del primer ministro logra el 49,81% de los votos y podrá formar gobierno, aunque queda lejos de la supermayoría necesaria para reformar la Constitución Leer   

Tras una noche de nervios, Ereván amaneció este lunes con una victoria clara, pero no absoluta, del primer ministro proeuropeo Nikol Pashinián. Con el escrutinio finalizado, su partido, Contrato Civil, ganó las elecciones parlamentarias con el 49,81% de los votos, muy por delante de Armenia Fuerte, la alianza de Samvel Karapetyan, que queda segunda con el 23,29%. El resultado permite a Pashinián formar gobierno y mantener el control político de Armenia, pero no le da una mayoría constitucional: gana con margen suficiente para seguir gobernando, pero no con el poder reforzado que habría necesitado para cambiar por sí solo las reglas de fondo del país. La elección confirma el giro que Armenia inició tras la derrota en Nagorno Karabaj: menos dependencia de Rusia, más acercamiento a la Unión Europea y una apuesta arriesgada por cerrar la paz con Azerbaiyán.

La participación aumentó casi un 10% con respecto a las elecciones de 2021, alcanzando el 59,9%. Los armenios debían elegir entre la oposición prorrusa y el primer ministro Pashinián, que está más alineado con Occidente. En tercer lugar aparece la Alianza Armenia, con el 9,94%,

La votación del domingo es la primera elección nacional desde que Armenia perdió Nagorno-Karabaj a manos de Azerbaiyán en 2023, una derrota traumática que puso fin a más de tres décadas de control armenio sobre la región en disputa. Pashinián necesitaba una mayoría clara para lograr su objetivo más ambicioso y más peligroso: cerrar un acuerdo de paz con Azerbaiyán y abrir, en paralelo, una normalización real con Turquía. Para Armenia supone revisar 30 años de política exterior, de memoria nacional y de seguridad tejidas alrededor del conflicto de Karabaj, la hostilidad con Bakú y la frontera cerrada con Ankara.

Representantes de Armenia Fuerte, una formación claramente impulsada por la propaganda rusa durante la recta final de la campaña, denunciaron que la policía allanó ilegalmente la oficina del bloque en la ciudad de Gyumri y detuvo a tres personas. También se abrió una investigación penal sobre el pago de sobornos electorales por parte de un candidato del bloque Karapetyan a residentes de la región de Lori. La investigación incluyó detenciones y registros. Pero en esta campaña las turbulencias han venido de fuera. Sobre todo de Rusia. El Kremlin utiliza habitualmente la presión económica contra sus vecinos más cercanos con los que mantiene estrechas relaciones comerciales. Durante la campaña ha prohibido la importación de fresas, tomates, pepinos, pimientos, hierbas aromáticas, ciertas marcas de coñac y vino, la famosa agua mineral Jermuk, flores, pescado, cerezas y uvas armenias. Además, el ministro de Energía ruso, Serguei Tsivilev, amenazó con interrumpir el suministro de gas natural, productos derivados del petróleo y diamantes en bruto a la república si Armenia continúa su proceso de adhesión a la UE.

Pashinián sostiene que el mercado de la UE podría estar pronto abierto a los productos agrícolas armenios sin aranceles aduaneros. Pero también asegura tener una "relación muy estrecha" con Vladimir Putin y recuerda que Armenia no puede ser excluida de la Unión Económica Euroasiática, que lidera Rusia. Su plan es seguir integrado en esa estructura mientras avanza en su senda europea.

Los líderes europeos felicitaron rápidamente a Pashinián. En un mensaje publicado en X, la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, celebró su victoria como prueba de una Armenia democrática que se acerca cada vez más a Europa: "Armenia puede contar con nosotros". Aunque Pashinián conserva el poder, no recupera la autoridad tan clara que tuvo después de la revolución de 2018 o de la victoria de 2021. Puede seguir gobernando Armenia, pero con una oposición algo más fuerte y más movilizada. Para dar cualquier paso sensible en la negociación con Azerbaiyán, sobre todo si toca la Constitución o la definición territorial del país, tendrá que buscar apoyos o exponerse a una batalla política mucho más dura. No ha logrado obtener la supermayoría necesaria para convocar un referéndum sobre la enmienda de la constitución, incluida la eliminación de las referencias que —según Azerbaiyán— implican reivindicaciones territoriales sobre Nagorno-Karabaj: una condición crucial para la firma de un acuerdo de paz definitivo. Las repercusiones de este conflicto llevaron a Pashinián a suspender la participación de Armenia en la Organización del Tratado de Seguridad Colectiva, integrada por seis estados postsoviéticos, liderados informalmente por Rusia.

El camino de Pashinián encierra una paradoja que con el paso de los años se está haciendo más visible. Llegó al poder en 2018 como el rostro de la Revolución de Terciopelo, con la promesa de desmontar el viejo sistema oligárquico y abrir Armenia después de años de política cerrada. Ocho años después, sigue siendo el dirigente que más ha acercado el país a Europa y el que más ha desafiado la tutela rusa, pero también gobierna con un estilo cada vez más personalista, apoyado en su relación directa con la calle y estridente presencia en redes sociales. En sus formas ha ido apareciendo una idea plebiscitaria del poder.

Sus críticos ven ahí una deriva peligrosa: uso de causas penales contra adversarios, presión sobre instituciones independientes y una retórica que divide el país entre reformistas y enemigos del Estado. El caso de Samvel Karapetyan, que hizo campaña bajo arresto domiciliario, ha reforzado esa acusación, aunque el Gobierno sostiene que no persigue ideas políticas sino delitos concretos.

Armenia continúa siendo una excepción democrática en una región dominada por hombres autoritarios que han llevado a cabo una descarada demolición de los contrapesos: Azerbaiyán al este, Rusia como eterna potencia tutelar al norte del Cáucaso y Turquía al oeste funcionan con sistemas mucho más verticales, con menor competencia política real y menos espacio para la oposición. Pashinián no es un autócrata como los de ese complejo vecindario, pero tendrá que definir su estilo ante un parlamento más movilizado contra él. Parte de su apoyo es prestado: muchos votantes apoyaron al primer ministro principalmente porque la oposición ha hecho una mala campaña, sigue estando ampliamente desacreditada y estrechamente vinculada a Rusia

La mayoría le permite gobernar, negociar con Bakú y mantener el rumbo europeo. Pero el hecho de no haber obtenido una mayoría constitucional lo obliga, al menos sobre el papel, a convivir con esos contrapesos que parece que empezaban a sacarle de quicio. Tras las elecciones, Pashinián declaró que la prioridad de su partido para el próximo mandato sería el desmantelamiento total de lo que describió como un "sistema criminal-oligárquico". También afirmó que las principales figuras de la oposición deberían ser procesadas penalmente.

La UE ha restado importancia a las críticas contra la dureza de Pashinián, sin ocultar su apoyo al distanciamiento de Armenia de Moscú. Bruselas ha preparado un paquete inicial de ayuda de 50 millones de euros para ayudar a Armenia a resistir la presión económica rusa. Para Armenia, la prueba para Armenia sería demostrar que puede seguir siendo una democracia mientras atraviesa una de las decisiones más delicadas de su historia reciente.

 

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