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Japón desafía a China y rechaza las acusaciones sobre su regreso al militarismo

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El ministro de Defensa Shinjiro Koizumi responde con dureza a las críticas lanzadas sobre todo desde Pekín y defiende el giro estratégico emprendido por Tokio Leer El ministro de Defensa Shinjiro Koizumi responde con dureza a las críticas lanzadas sobre todo desde Pekín y defiende el giro estratégico emprendido por Tokio Leer   

Japón no acepta que se le siga acusando de estar regresando al militarismo que devastó Asia durante la primera mitad del siglo XX. En el escenario del Diálogo de Shangri-La, el principal foro de seguridad regional que se ha celebrado este fin de semana en Singapur, el ministro de Defensa japonés, Shinjiro Koizumi, respondió con dureza a las críticas lanzadas sobre todo desde Pekín y defendió el giro estratégico emprendido por Tokio.

"Piensen un momento. Hay un país que posee un enorme arsenal nuclear y bombarderos estratégicos. Japón no tiene ninguna de esas armas, y aun así se nos acusa de nuevo militarismo", afirmó este domingo Koizumi ante una audiencia formada por responsables políticos, militares y expertos en seguridad de toda la región.

Sin citar directamente a China en ese momento, el ministro nipón trataba de desmontar uno de los argumentos más repetidos por Pekín desde que Tokio aceleró su rearme justificando la amenaza china y la norcoreana. Pero poco después sí apuntó directamente hacia el gigante asiático. "El enfoque exterior de China y sus actividades militares son motivo de grave preocupación para Japón y para la comunidad internacional", declaró, denunciando la falta de transparencia que rodea el continuo aumento del gasto militar chino.

La intervención de Koizumi refleja hasta qué punto la rivalidad entre las dos mayores economías de Asia ha entrado en una nueva fase. Durante décadas, Japón mantuvo unas Fuerzas de Autodefensa limitadas por una Constitución pacifista redactada tras la Segunda Guerra Mundial.

Sin embargo, la creciente presión militar china alrededor de Taiwán, las frecuentes incursiones de buques chinos en aguas próximas a las islas Senkaku -administradas por Tokio pero reclamadas por Pekín- y la alianza cada vez más estrecha entre China y Rusia han llevado a los últimos gobiernos japoneses a revisar algunos de los principios que habían guiado su política de defensa durante casi ocho décadas.

Con la conservadora Sanae Takaichi en el poder, esa transformación se ha acelerado. Bajo su mandato, Tokio ha profundizado en la estrategia iniciada por sus predecesores para dotarse de mayores capacidades de disuasión y proyectar una imagen menos dependiente del paraguas militar estadounidense.

El paso más significativo se produjo el pasado abril, cuando el Gobierno aprobó la reforma más ambiciosa de las normas de exportación de armamento desde el final de la guerra. La medida elimina restricciones históricas que impedían a Japón vender sistemas ofensivos al extranjero y abre la puerta a exportar buques de guerra, misiles y otro equipamiento militar avanzado a los 17 países con los que mantiene acuerdos de cooperación en defensa, entre ellos Estados Unidos, Reino Unido, Australia o Filipinas.

La decisión supone un cambio de enorme calado para un país que durante décadas convirtió el pacifismo en una seña de identidad nacional. Hasta ahora, Tokio sólo podía exportar material destinado a funciones limitadas, como rescate, transporte o desminado. Con la nueva normativa, Japón aspira a convertirse en un actor relevante dentro de la industria global de defensa y a fortalecer las capacidades militares de los países que comparten sus preocupaciones sobre el ascenso de China.

Takaichi defendió la medida argumentando que "ningún país puede proteger por sí solo su seguridad" en un contexto internacional cada vez más inestable. Su Gobierno sostiene que reforzar a los socios regionales contribuye a prevenir conflictos y aumenta la seguridad japonesa. Sin embargo, para Pekín, estas reformas constituyen una prueba de que Tokio está abandonando las restricciones que se impuso tras su derrota en 1945.

Las acusaciones volvieron a escucharse este domingo en Singapur. El general de división chino Meng Xiangqing, que representa a su país en el foro, cuestionó abiertamente la credibilidad internacional de Japón. "Dudo profundamente de que un país que no ha erradicado completamente el legado tóxico del militarismo pueda hablar extensamente sobre cooperación en defensa y ganarse la confianza de los países asiáticos que una vez invadió", afirmó.

El choque verbal evidencia el deterioro de unas relaciones que atraviesan uno de sus momentos más delicados en los últimos años. La tensión se agravó especialmente a finales del año pasado, después de que Takaichi advirtiera de que una eventual invasión china de Taiwán podría provocar una respuesta militar japonesa.

En este contexto, Tokio busca reforzar alianzas y aumentar su capacidad de disuasión. Koizumi insistió en su discurso que su país está dispuesto a desempeñar un papel más activo en la cooperación militar regional. "Buscamos una región capaz de resistir la coerción, una región que no se deje influenciar por la presión", sentenció.

 

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