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Shen’ao, el pueblo de los centenarios del mismo apellido que retrata el desafío demográfico de China: "Los más jóvenes son los tres policías"

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Lo primero que llama la atención al entrar en el edificio del comité vecinal del Partido Comunista no son fotografías de dirigentes ni consignas políticas. Son dos tablones enmarcados colgados sobre una pared de madera oscura. Parecen registros administrativos, pero contienen otra clase de estadística. En la primera lámina, escrita con pincel negro, aparecen los 11 vecinos vivos que han superado los 100 años. La más mayor tiene 105.

El segundo panel, el más numeroso, redactado en tinta roja, están los nonagenarios. Nacidos en 1931, 1933 o 1935; personas que sobrevivieron a la invasión japonesa siendo niños, a las hambrunas del Gran Salto Adelante, a la Revolución Cultural de Mao Zedong y después asistieron al ascenso de la China moderna.

Hay otro detalle que sorprende al mirar los tablones. Todos los ancianos comparten el mismo apellido: Shentu. Nos encontramos en Shen’ao, un pequeño pueblo escondido entre las colinas de la provincia china de Zhejiang que ahora se promociona como uno de los lugares con mayor concentración de ancianos longevos del gigante asiático.

A media mañana, un grupo de mujeres mayores vende frutas y verduras junto al estanque que marca la entrada del pueblo. En una calle empedrada rodeada de casas de madera, un jubilado con gorra roja barre lentamente la puerta de su vivienda. Dos callejones más abajo, una anciana riega macetas de crisantemos apoyándose en una escoba. En un patio tradicional, junto a un altar dedicado a generaciones pasadas, otro vecino camina en círculos.

Shen’ao es una rareza demográfica: una concentración de ancianos muy longevos pertenecientes al mismo linaje, los Shentu. Se trata de un apellido compuesto por dos caracteres -algo poco frecuente en China- cuyos descendientes llevan siglos asentados en este rincón atravesado por canales subterráneos y callejones de piedra.

Una vecina de Shen'ao.
Una vecina de Shen’ao.Lucas de la Cal

"Aquí apenas vive gente joven", comenta Shentu Taolin, un vecino de 93 años que se acerca con curiosidad al ver a un extranjero sentado frente a un puesto de té de burbujas, la bebida que obsesiona a millones de jóvenes chinos.

El encanto de este pueblo, donde viven poco más de un millar de personas, ha atraído en los últimos años a muchos turistas nacionales. Esto ha propiciado que se abran algunos negocios, como un par de hoteles, una cafetería y pequeños comercios para los visitantes llegados desde las grandes ciudades.

Pero muchas puertas permanecen cerradas todo el año. Sus propietarios emigraron hace décadas para trabajar en urbes cercanas como Hangzhou o Shanghai. "Los más jóvenes que viven aquí creo que son los tres policías destinados al pueblo, que se van turnando", comenta una mujer, también apellidada Shentu.

En la plaza principal, cuatro jubilados juegan al mahjong, un tradicional juego de mesa. En las calles secundarias aparecen las antiguas salas ancestrales de los Shentu: grandes edificios de madera donde durante siglos se registraron nacimientos, matrimonios y muertes. Ahora esas reliquias cuentan otra historia: la del envejecimiento acelerado de una China que, después de cuatro décadas obsesionada con crecer, se enfrenta al desafío de hacerse cada vez más vieja.

La superpotencia asiática atraviesa por una preocupante crisis demográfica. Los nacimientos están en mínimos históricos. Por primera vez desde que existen registros estadísticos, China, hogar de una sexta parte de la población mundial, tiene más mayores de 65 años que niños. El viejo contrato social que ha sujetado la estabilidad política del país empieza a resquebrajarse. Las proyecciones apuntan a que hacia 2050 casi un tercio de la población pertenecerá al grupo de mayores de 65.

Registros de los ancianos de apellido Shentu.
Registros de los ancianos de apellido Shentu.Lucas de la Cal

La última encuesta oficial reveló además que la población en edad laboral está disminuyendo cada vez más: las personas de entre 15 y 59 años representan el 61,89% de la población total, frente al 67,33% de hace una década. El tamaño de las familias también cae en picado, con un promedio de los hogares de 2,52 personas frente a las 3,10 de hace 10 años.

El año pasado, el número de nacimientos registrados descendió a 7,92 millones, es decir, 5,63 por cada 1.000 habitantes, lo que suponía un descenso del 17% con respecto a 2024.

El Gobierno lleva tiempo intentando revertir la tendencia. Ha relajado la política del hijo único, autorizado hasta tres hijos por pareja y multiplicado los incentivos económicos: subsidios, partos y tratamientos de fecundación in vitro gratuitos o ampliación del seguro médico nacional y de permisos parentales. Nada parece funcionar en un país en el que el coste promedio de criar a un hijo hasta los 18 años, según estudios oficiales, es de 538.000 yuanes (alrededor de 70.000 euros), más de 6,3 veces su PIB per cápita.

"Cuando era niño, en esta casa vivíamos 15 personas", recuerda en Shen’ao otro Shentu de 89 años. "Ahora quedo solo yo. Mis hijos y nietos trabajan en Hangzhou y solo vienen en vacaciones". Sentada sobre un taburete diminuto, junto a una puerta, una viuda que acaricia los 100 se suma a la conversación

-¿Cuál es el secreto para vivir tanto?

-Comer poco y preocuparse menos.

La respuesta podría servir como eslogan turístico. Pero detrás hay una realidad más incómoda: China está aprendiendo a convivir con una sociedad donde cada vez habrá más ancianos y menos personas para cuidarlos.

Al caer la tarde, el pueblo gana algo de movimiento. Varios mayores caminan por una calle construida sobre antiguos canales de agua. Conversan. Se detienen. Retoman el paso. Sobre una pared desconchada, alguien pintó hace tiempo un carácter rojo que significa felicidad.

 

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