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Trump aterriza en Pekín mientras en Taiwan están inquietos por posibles presiones de Xi Jinping sobre la venta de armas estadounidenses

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"China aspira a cooperar con Washington en un espíritu de igualdad, respeto y beneficio mutuo", ha declarado un portavoz chino Leer "China aspira a cooperar con Washington en un espíritu de igualdad, respeto y beneficio mutuo", ha declarado un portavoz chino Leer   

Donald Trump aterrizó este miércoles en Pekín rodeado de empresarios y un ruido de fondo mucho más inquietante que el que acompañó su primera visita a China en 2017. Entonces, el presidente estadounidense llegaba a una capital donde Xi Jinping aún estaba consolidando su poder interno y donde Washington seguía convencido de que el gigante asiático podía ser contenido mediante presión comercial y diplomática. Ahora, el equilibrio se ha invertido. Trump regresa a una China tecnológicamente más avanzada y, sobre todo, con mucha más influencia en el patio global.

Pekín se ha blindado con un gran dispositivo de seguridad y controles de tráfico en varios lugares clave, empezando por el hotel donde se hospeda Trump, el lujoso Four Seasons, que se encuentra a 700 metros de la embajada de Estados Unidos. Los controles policiales y la presencia militar también han aumentado alrededor del Kempinski Beijing Yansha Centre, donde se aloja el resto de la delegación estadounidense. Lo mismo que en el turístico Templo del Cielo, un complejo imperial que el presidente estadounidense visitará el jueves tras su primera reunión con el líder chino.

La ansiada cumbre de dos días entre los mandamases de las superpotencias se seguirá muy atentamente -y con nerviosismo- especialmente desde Taiwan. Las alarmas en la isla autogobernada que Pekín considera una provincia separatista se dispararon antes de que el Air Force One tocara pista en territorio chino.

Trump aseguró antes de partir de Washington que hablaría con Xi sobre la venta de armas estadounidenses a Taipei, rompiendo una línea roja diplomática que durante décadas habían respetado tanto republicanos como demócratas: Estados Unidos jamás consultaba con Pekín sus decisiones sobre exportaciones militares a Taiwan. "Al presidente Xi no le gustaría que lo hiciéramos, y hablaré de ello", afirmó Trump, una frase aparentemente improvisada que, sin embargo, preocupa mucho en Taipei y entre los principales aliados asiáticos (Japón y Corea del Sur) de Washington.

Hace apenas cinco meses, la Casa Blanca anunció un paquete récord de venta de armas a Taiwan por valor de 11.100 millones de dólares, y otro programa adicional de al menos 14.000 millones ya se encuentra en preparación. Según han informado a medios estadounidenses como el New York Times varias fuentes cercanas a la cumbre, Pekín habría intensificado la presión sobre la Administración Trump para que modifique la llamada "política declaratoria" de Washington sobre Taiwan (lenguaje oficial ambiguo que utiliza para describir públicamente su posición sobre el estatus de la isla) y adopte una posición explícita de oposición a cualquier independencia formal. Sería un cambio de enorme simbolismo geopolítico y una concesión que muchos aliados estadounidenses en Asia consideran peligrosa.

Zhang Han, portavoz de la Oficina de Asuntos de Taiwán de China, manifestó el miércoles durante una comparecencia que Taiwan es un asunto interno y que concierne al pueblo chino. "Nos oponemos firmemente a que EEUU establezca cualquier tipo de vínculo militar con la región china de Taiwan, y nos oponemos firmemente a que venda armas. Esta postura es coherente e inequívoca", declaró.

Los funcionarios taiwaneses reconocen que están preocupados de que Trump utilice el expediente taiwanés como moneda de cambio dentro de una negociación más amplia con Xi. Una inquietud que aumentó después de que la Casa Blanca retrasara en febrero la notificación obligatoria al Congreso sobre nuevas exportaciones militares a la isla tras presiones directas de Pekín.

El asunto de Taiwan es solo una pieza dentro de una cumbre amplia y compleja. Trump llega a Pekín debilitado por la guerra en Irán, un conflicto que ha golpeado su popularidad y ha generado un nuevo terremoto económico global. El encuentro, inicialmente previsto para marzo y pospuesto precisamente por la guerra en Oriente Próximo, se celebra ahora con Washington buscando desesperadamente apoyo internacional.

No está claro si finalmente Trump intentará convencer a Xi de reducir el respaldo político y económico de China a Teherán. Pekín ha sido en los últimos años una tabla económica de salvación para el régimen iraní, especialmente mediante la compra de petróleo y el mantenimiento de canales financieros alternativos que han aliviado el impacto de las sanciones occidentales.

Uno de los temas que ocupará gran parte de la agenda será evitar la reanudación de la guerra comercial iniciada por Trump el año pasado. Sobre la mesa, según han desvelado funcionarios estadounidenses, aparece ahora la posible creación de una "Junta de Comercio" bilateral destinada a gestionar sectores considerados no estratégicos y reducir el riesgo de nuevas guerras arancelarias.

Washington espera además arrancar compromisos de compra de aviones Boeing y soja, dos sectores clave para Trump. Aunque sigue sin estar claro si ambas partes extenderán la tregua comercial alcanzada en octubre pasado.

"China aspira a cooperar con Washington en un espíritu de igualdad, respeto y beneficio mutuo", declaró el miércoles Guo Jiakun, portavoz del Ministerio de Exteriores chino, añadiendo sin muchos detalles que los dos líderes mantendrían "intercambios de opiniones en profundidad sobre cuestiones importantes relativas a las relaciones entre China y Estados Unidos, así como sobre la paz y el desarrollo mundiales". Antes de llegar a Pekín, un optimista Trump dijo que esperaba "grandes cosas" del encuentro y describió a Xi como "un amigo" con quien compartía una sólida relación personal.

El programa de la cumbre incluye dos reuniones formales, un banquete de Estado y una visita conjunta al Templo del Cielo. Acompañando al presidente estadounidense viaja una poderosa delegación empresarial integrada por titanes como Tim Cook, Elon Musk y Jensen Huang, reflejo de hasta qué punto la relación económica entre ambos países sigue siendo demasiado profunda para romperse completamente pese a la gran rivalidad.

 

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