Ciencia y Tecnología
"Ese día no cogeré el coche". Mallorca teme que haya algo peor que el turismo masivo: el turismo masivo de eclipses
El próximo 12 de agosto, a las ocho y pico de la tarde, un pueblo cualquiera de la costa mallorquina va a tener por delante dos eclipses a la vez: el del Sol y el de su propio modelo de movilidad.
Intrusismo laboral. Ese es el concepto que está resonando por las calles de municipios como Calvià, Marratxí, Puigpunyent, Esporles, Valldemossa o Deià. Del aeropuerto de Palma hasta los rincones del ocio nocturno, las distintas asociaciones de taxistas de la ciudad se quejan de un transporte pirata al que no se le están poniendo suficientes bloqueos. Mientras unos vecinos prometen no sacar el coche del aparcamiento para no meterse en el follón, otros afinan negocios improvisados para llevar turistas al mejor mirador.
Un destino ideal. Mallorca se sitúa literalmente en el final de la franja de totalidad del eclipse solar. Es el último punto de España en ver cómo el día se apaga durante poco más de un minuto, con el sol poniéndose sobre el Mediterráneo. Precioso. En Palma, el Instituto Geográfico Nacional calcula que el eclipse comenzará hacia las 19:38 y alcanzará su máximo alrededor de las 20:32, con el Sol a apenas 2 grados sobre el horizonte. Es decir, tan bajo que cualquier edificio, colina o masa de pinos puede empañar la postal.
Y claro, si la Fundación de Astronomía y Astronáutica de Mallorca lleva meses explicando que no todas las zonas de la isla lo verán igual, parte del turismo irá a merced de esta dinámica. El Govern y la UIB han organizado incluso “ejercicios de visibilidad” para que la gente vaya a su supuesto mirador y compruebe si, en la práctica, la puesta de sol se ve o no se ve: un ensayo general de cómo será la batalla por un trozo de horizonte limpio.
La mejor vista. ¿Cuál es el mejor balcón, la mejor casa de piedra con vista abierta al oeste o el mirador natural más privilegiado? Ya lo adelantamos: la costa de la Serra de Tramuntana y algunos tramos del suroeste y sureste serán los que partirán con ventaja.
Y las redes sociales llevan un tiempo haciéndose eco: hoteles rurales como Cas Xorc o zonas como Playa de Muro llevan meses vendiendo paquetes que incluyen ese “mirador privilegiado” y estancias pensadas ex profeso para que tengas tu foto perfecta durante el apagón. Grupos de Facebook especializados, colegas de escalada y mapas interactivos: no es complicado encontrar incluso discusiones técnicas sobre si en tal pueblo el Sol quedará o no oculto por una dorsal de pinos en el minuto decisivo.
El precio del eclipse. Pero mientras agencias y empresas locales montan paseos en barco para ver el eclipse desde mar abierto, con guías, copa al atardecer y gafas homologadas incluidas, las irregularidades en el transporte son una problemática que ninguna inspección parece solucionar.
El transporte pirata más allá del aeropuerto, con coches sin autorización y VTC que captan clientela directamente en la calle, trae de cabeza a la patronal de la part forana. No hablamos solo de Magaluf o Santa Ponça: coches particulares se ofrecen a hacer traslados incluso en minibuses, montando anuncios por WhatsApp. Sobre el papel, sanciones que van de los 15.000 hasta 25.000 euros sobrevuelan a todo vehículo que no cuente con una precontratación, según la Ley 4/2014 de Transportes Terrestres de las Illes Balears.
Tal y como recoge el BOE, cualquier vehículo que recoja clientes sin esa precontratación —especialmente VTC o discrecional— está, jurídicamente, en el terreno de la captación ilegal de clientes y se tipifica como infracción grave o muy grave. El Consell de Formentera, por ejemplo, ya impuso sanciones de 6.001 euros por ofrecer servicios de taxi sin autorización.
Oferta y demanda. Si un martes de agosto normal ya hay intrusismo laboral en la carretera, ¿qué pasa cuando miles de personas eligen el mismo minuto para ir al mismo lugar? La afluencia de turismo es tal —se habla de precios que oscilan entre los 30-50 euros por hora— que a algunos parece compensarles.
PIMEM-Taxi (la Asociación Mallorquina de Trabajadores Autónomos del Taxi Federada en Pimem) lleva años denunciando que, apenas arranca la temporada, los “taxis pirata” adelantan su regreso a Son Sant Joan, operando con media docena de empresas ilegales que aprovechan los huecos del servicio oficial. Es la razón por la que el Ayuntamiento de Palma limitó que un 25% de la flota operara en el aeropuerto una semana al mes para garantizar servicio y evitar que el exceso de demanda quedase cubierto por particulares.
Más inspectores, menos piratas. Ante un conflicto que lleva existiendo desde hace un lustro, el Govern ha reaccionado reforzando inspectores. Ya en junio activó la ‘Mesa contra el intrusismo’ en transporte y oferta turística ilegal, coordinada por la directora general de Movilidad, Lorena del Valle. Los taxistas no creen que sea suficiente y que solo un control policial estricto logrará frenar todas esas plazas improvisadas de particulares llevando a turistas de aquí para allá.
El evento astronómico del siglo, que en Baleares se vende como oportunidad única de observación, se está convirtiendo en un laboratorio a cielo abierto de cómo se gestiona este conflicto entre el taxi homologado de toda la vida, las VTC y todo el que se sube al carro y se saca unos euros sin pasar por el banderín de salida.
Gafas y ansiedad. El otro gran protagonista del eclipse son las gafas: la Fundació d’Astronomia mallorquina ha advertido que se necesitarán al menos 100.000 unidades para cubrir la demanda ciudadana y turística. Y ojo, no sirven ni gafas de sol corrientes, ni radiografías, ni inventos caseros.
Farmacias, ópticas y comercios de souvenirs están siendo los puntos de distribución, más o menos improvisados, con campañas específicas para evitar daños oculares. En esta mezcla de entusiasmo cosmológico y ansiedad logística —reservas con meses de antelación, vecinos que planean "no subir al mirador ese día" por miedo al colapso y alcaldías que miran de reojo a sus planes de movilidad estival—, quien manda es la carretera.
No todo es de color de rosa en el lado bueno de la historia, claro: las tarifas se disparan y las colas de espera, en el día clave, pueden chafar el momento. La única conclusión lógica es tener cuidado e intentar anticipar todo lo posible la movilidad. Así que el espectáculo está servido: en el minuto del eclipse, si todo sale bien, habrá miles de personas atentas. El resto del día será política pura: inspectores, patrullas, licencias, apps, paquetes turísticos y coches que están donde no deberían estar.
Imagen | Flickr (antoskabar)
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La noticia
"Ese día no cogeré el coche". Mallorca teme que haya algo peor que el turismo masivo: el turismo masivo de eclipses
fue publicada originalmente en
Xataka
por
Isra Fdez
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El próximo 12 de agosto, a las ocho y pico de la tarde, un pueblo cualquiera de la costa mallorquina va a tener por delante dos eclipses a la vez: el del Sol y el de su propio modelo de movilidad.
Intrusismo laboral. Ese es el concepto que está resonando por las calles de municipios como Calvià, Marratxí, Puigpunyent, Esporles, Valldemossa o Deià. Del aeropuerto de Palma hasta los rincones del ocio nocturno, las distintas asociaciones de taxistas de la ciudad se quejan de un transporte pirata al que no se le están poniendo suficientes bloqueos. Mientras unos vecinos prometen no sacar el coche del aparcamiento para no meterse en el follón, otros afinan negocios improvisados para llevar turistas al mejor mirador.
Un destino ideal. Mallorca se sitúa literalmente en el final de la franja de totalidad del eclipse solar. Es el último punto de España en ver cómo el día se apaga durante poco más de un minuto, con el sol poniéndose sobre el Mediterráneo. Precioso. En Palma, el Instituto Geográfico Nacional calcula que el eclipse comenzará hacia las 19:38 y alcanzará su máximo alrededor de las 20:32, con el Sol a apenas 2 grados sobre el horizonte. Es decir, tan bajo que cualquier edificio, colina o masa de pinos puede empañar la postal.
Y claro, si la Fundación de Astronomía y Astronáutica de Mallorca lleva meses explicando que no todas las zonas de la isla lo verán igual, parte del turismo irá a merced de esta dinámica. El Govern y la UIB han organizado incluso “ejercicios de visibilidad” para que la gente vaya a su supuesto mirador y compruebe si, en la práctica, la puesta de sol se ve o no se ve: un ensayo general de cómo será la batalla por un trozo de horizonte limpio.
La mejor vista. ¿Cuál es el mejor balcón, la mejor casa de piedra con vista abierta al oeste o el mirador natural más privilegiado? Ya lo adelantamos: la costa de la Serra de Tramuntana y algunos tramos del suroeste y sureste serán los que partirán con ventaja.
Y las redes sociales llevan un tiempo haciéndose eco: hoteles rurales como Cas Xorc o zonas como Playa de Muro llevan meses vendiendo paquetes que incluyen ese “mirador privilegiado” y estancias pensadas ex profeso para que tengas tu foto perfecta durante el apagón. Grupos de Facebook especializados, colegas de escalada y mapas interactivos: no es complicado encontrar incluso discusiones técnicas sobre si en tal pueblo el Sol quedará o no oculto por una dorsal de pinos en el minuto decisivo.
El precio del eclipse. Pero mientras agencias y empresas locales montan paseos en barco para ver el eclipse desde mar abierto, con guías, copa al atardecer y gafas homologadas incluidas, las irregularidades en el transporte son una problemática que ninguna inspección parece solucionar.
El transporte pirata más allá del aeropuerto, con coches sin autorización y VTC que captan clientela directamente en la calle, trae de cabeza a la patronal de la part forana. No hablamos solo de Magaluf o Santa Ponça: coches particulares se ofrecen a hacer traslados incluso en minibuses, montando anuncios por WhatsApp. Sobre el papel, sanciones que van de los 15.000 hasta 25.000 euros sobrevuelan a todo vehículo que no cuente con una precontratación, según la Ley 4/2014 de Transportes Terrestres de las Illes Balears.
Tal y como recoge el BOE, cualquier vehículo que recoja clientes sin esa precontratación —especialmente VTC o discrecional— está, jurídicamente, en el terreno de la captación ilegal de clientes y se tipifica como infracción grave o muy grave. El Consell de Formentera, por ejemplo, ya impuso sanciones de 6.001 euros por ofrecer servicios de taxi sin autorización.
Oferta y demanda. Si un martes de agosto normal ya hay intrusismo laboral en la carretera, ¿qué pasa cuando miles de personas eligen el mismo minuto para ir al mismo lugar? La afluencia de turismo es tal —se habla de precios que oscilan entre los 30-50 euros por hora— que a algunos parece compensarles.
PIMEM-Taxi (la Asociación Mallorquina de Trabajadores Autónomos del Taxi Federada en Pimem) lleva años denunciando que, apenas arranca la temporada, los “taxis pirata” adelantan su regreso a Son Sant Joan, operando con media docena de empresas ilegales que aprovechan los huecos del servicio oficial. Es la razón por la que el Ayuntamiento de Palma limitó que un 25% de la flota operara en el aeropuerto una semana al mes para garantizar servicio y evitar que el exceso de demanda quedase cubierto por particulares.
Más inspectores, menos piratas. Ante un conflicto que lleva existiendo desde hace un lustro, el Govern ha reaccionado reforzando inspectores. Ya en junio activó la ‘Mesa contra el intrusismo’ en transporte y oferta turística ilegal, coordinada por la directora general de Movilidad, Lorena del Valle. Los taxistas no creen que sea suficiente y que solo un control policial estricto logrará frenar todas esas plazas improvisadas de particulares llevando a turistas de aquí para allá.
El evento astronómico del siglo, que en Baleares se vende como oportunidad única de observación, se está convirtiendo en un laboratorio a cielo abierto de cómo se gestiona este conflicto entre el taxi homologado de toda la vida, las VTC y todo el que se sube al carro y se saca unos euros sin pasar por el banderín de salida.
Gafas y ansiedad. El otro gran protagonista del eclipse son las gafas: la Fundació d’Astronomia mallorquina ha advertido que se necesitarán al menos 100.000 unidades para cubrir la demanda ciudadana y turística. Y ojo, no sirven ni gafas de sol corrientes, ni radiografías, ni inventos caseros.
Farmacias, ópticas y comercios de souvenirs están siendo los puntos de distribución, más o menos improvisados, con campañas específicas para evitar daños oculares. En esta mezcla de entusiasmo cosmológico y ansiedad logística —reservas con meses de antelación, vecinos que planean "no subir al mirador ese día" por miedo al colapso y alcaldías que miran de reojo a sus planes de movilidad estival—, quien manda es la carretera.
No todo es de color de rosa en el lado bueno de la historia, claro: las tarifas se disparan y las colas de espera, en el día clave, pueden chafar el momento. La única conclusión lógica es tener cuidado e intentar anticipar todo lo posible la movilidad. Así que el espectáculo está servido: en el minuto del eclipse, si todo sale bien, habrá miles de personas atentas. El resto del día será política pura: inspectores, patrullas, licencias, apps, paquetes turísticos y coches que están donde no deberían estar.
Imagen | Flickr (antoskabar)
En Xataka | Puertomingalvo, el pueblo de Teruel de 130 habitantes que lleva más de un año sin camas libres para el eclipse
En Xataka | Vivo en Madrid y quería saber cuál era el lugar más cercano para ver el eclipse. Así que programé yo mismo un mapa
– La noticia
"Ese día no cogeré el coche". Mallorca teme que haya algo peor que el turismo masivo: el turismo masivo de eclipses
fue publicada originalmente en
Xataka
por
Isra Fdez
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