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El ocaso de los 'clásicos' de la guerra del siglo XX: "Disparábamos una media de 100 o 120 proyectiles. Ahora no pasamos de 30 o 40 por jornada"
Ucrania empieza a desmantelar unidades de francotiradores, reducir la acción de la artillería y el uso de tanques, ante la primacía de los drones Leer Ucrania empieza a desmantelar unidades de francotiradores, reducir la acción de la artillería y el uso de tanques, ante la primacía de los drones Leer
Para llegar hasta la posición del cañón ucraniano, hay que desplazarse a la 1:30 de la madrugada. Los drones (UAV) con visión nocturna todavía no son el enjambre que pulula por la región de Donbás a la luz del día.
Los uniformados viajan en un vehículo protegido por un sistema de interferencia electrónica (Rep) y atentos a las indicaciones de su detector de UAV. Pese a todas esas medidas, el chófer prefiere persignarse antes de lanzarse a recorrer los kilómetros que separan de la posición de artillería.
En un lateral de la ruta aparece la carcasa de uno de los coches militares que no consiguió superar la vigilancia de los aparatos no tripulados de Moscú. La posición de artillería, situada en la provincia de Donetsk, está oculta en una arboleda. Los militares residen en un búnker excavado bajo la tierra que acoge ocho literas. Los siete integrantes de la Brigada de Artillería de la Guardia Nacional 3101, sirven a un enorme obús Bohdana de 155 mm, instalado sobre un camión, que se oculta entre ramas y lonas de camuflaje.
Sus propias estadísticas reflejan el giro que se ha registrado en la guerra moderna. Hasta el 2024, esta misma unidad peleó en la batalla de Pokrovsk, también en Donetsk.
"Disparábamos una media de 100 ó 120 proyectiles. Ahora no pasamos de 30 ó 40 por jornada. Cada mes es más difícil disparar", precisa Sobak, un joven artillero que ha elegido el nombre de esa deidad egipcia como apodo militar.
Mientras que apoyaban las operaciones en Konstantinivka, la agrupación fue el objetivo de más de 10 ataques de los UAV rusos.
"En una ocasión uno de los drones cayó a un metro del Bohdana. Tuvimos el tiempo justo para ocultarlo antes de que nos lanzaran otros 10 FPV (drones pequeños)", recuerda el joven de 34 años.
Para los integrantes de esta agrupación preservar la integridad física de estos artilugios es algo casi tan básico como su propia vida. Cuestan unos tres millones de dólares y podrían ser destruidos por UAV fabricados por sólo algunos cientos. De hecho antes solían ser cinco. Han añadido a otros dos uniformados que se dedican a vigilar la zona con fusiles antidrones de cartuchos y un detector personal de estos aparatos.
"Ahora ocultarse es algo básico. Solemos colocar ramas de árbol por todas partes porque los FPV chocan contra ellas y explotan", agrega Sobak.
La escuadra debería haber comenzado a disparar hace horas pero la actividad de los UAV adversarios se lo impide. "Tenemos que esperar a que los cielos estén limpios", apunta Tyson, el jefe del grupo.
Finalmente, a las 11:42 reciben el ok de la defensa aérea. Entonces, todos los militares se activan a la carrera. Sobak se coloca junto al camión artillado mientras sus compañeros comienzan a traer la munición, que cargan con una larga varilla de metal.
El cañón se eleva entre la hojarasca y comienza a disparar. Sólo puede hacerlo en tres ocasiones antes de ocultarse de nuevo. Toda la operación no ha durado más de cinco minutos.
"Queríamos disparar 5 veces pero nos han avisado de que venían los drones", apunta Sobak al retomar el camino del búnker principal.
La visita al emplazamiento del 3101 confirma el papel cada vez más secundario que juegan en el conflicto de Ucrania gran parte del armamento clásico de las guerras del siglo XX, que todavía constituye el armazón básico de la estrategia de la OTAN: cañones, tanques o unidades de élite de la infantería como los francotiradores.
La mutación no se limita al ejército ucraniano. Para la Unión Soviética la artillería era "el Dios de la guerra" como acuñaron en sus eslóganes propagandísticos.
El uso de la artillería de sus sucesores también ha registrado una significativa reducción, como reconoció hace días el general ucraniano Yevhen Lasiychuk en una entrevista con un medio local.
"Entre el 70% y el 80% de los daños que nos causa el enemigo se deben a los drones. El resto, entre el 20% y el 30%, se produce con la ayuda de la artillería", explica.
Las fuerzas de Moscú sólo aumentan el recurso a esos cañones cuando se registra "un deterioro de las condiciones climáticas" que limita el número de UAVs activos en el cielo.
El alto cargo militar añadió que las ofensivas con vehículos blindados -como ocurría en el siglo pasado- son historia y hasta los pequeños avances en los que se usaban esos transportes acorazados para apoyar a la infantería. "Son un objetivo demasiado fácil", apunta. "Los rusos usan tácticas de infiltración donde usan dos ó tres soldados", agrega.
Cómo ha podido comprobar este periodista, los tanques han desaparecido del frente. "Sólo se usan en días de tormentas, cuando llueve muchísimo. Salen de su escondite, disparan un par de veces y vuelven a ocultarse. Esta es una guerra de drones", opina Andrey Onistrat, un conocido personaje público ucraniano y ex miembro de las fuerzas especiales.
Tras estudiar los vídeos que surgen del campo de batalla, la publicación especializada Defence24 ha estimado recientemente que la flota de tanque ucranianos procedentes de occidente ha sufrido un significativo castigo que en el caso de los Leopard más avanzados "han dejado de existir" tras la destrucción de nueve de los 10 que envió Suecia.
Otros modelos del mismo blindado también han registrado un notable varapalo, como por ejemplo el tipo que entregó España, que ha visto como más de un tercio han quedado inutilizados o han sido capturados.
El menoscabo de la flota de blindados rusos es infinitamente mayor y se estima en muchos miles. Sin embargo, y según las propias estadísticas ucranianas, si los rusos perdían docenas de tanques al día al iniciar la invasión general en el 2022, a partir del 2025 restringieron el uso de estos acorazados hasta reducir ese quebranto a un solo dígito durante el presente año.
De hecho, los tanques rusos -que ha aplicado un programa de regeneración para los viejos vehículos del pasado siglo- superan ya los 3.000 que tenía en el 2022, según la estimación de Jompy, un conocido analista militar, basándose en el reconocimiento de los almacenes de estos artilugios realizados por satélites.
"Qué piensan hacer con todos esos tanques es una incógnita. Los mismos drones que han destruido miles de tanques rusos siguen sobrevolando el aire", añade el experto en un análisis reciente.
En la crónica militar, los francotiradores fueron siempre una figura especialmente mitificada. Personajes como el tirador soviético Vasily Zaitsev, que eliminó a más de 200 militares alemanes durante la batalla de Stalingrado, adquirieron tal aureola que fueron la inspiracion de películas como "Enemigo a las puertas".
Pero como dice Rey, un antiguo tirador de 43 años, "los drones son los nuevos francotiradores". El fue miembro de esa reducida camarilla de especialistas hasta el 2022. Combatió durante los primeros años de la guerra en el 2014, en el frente de Donbás.
Tras la invasión general del 2022, Rey decidió cambiar de bando y se convirtió en piloto de AUV.
Su lógica es demoledora. "Un francotirador puede disparar a un kilómetro o un poco más. Un dron ataca a decenas de kilómetros con la misma precisión. Para ser un buen francotirador necesitas un mínimo de un año de entrenamiento. Para ser piloto requieres tres meses", manifiesta.
Para Chak, un militar ucraniano de 36 años que ahora se despempeña como instructor del Primer Regimiento de Asalto de la infantería local, el hecho de ser herido precisamente por uno de esos aparatos mientras se dirigía a su posición de francotirador hace "un año y medio" fue determinante para abandonar esa especialidad.
"Usábamos capas antitérmicas (que reducen la visibilidad de los drones son este tipo de sensores). Tienes que correr y pararte porque no funcionan bien mientras te desplazas. Así nos debieron descubrir. Nos lanzaron granadas y una me alcanzó. Estuve tres meses de recuperación", refiere.
Pese a que los ucranianos establecieron un supuesto récord mundial el año pasado al reclamar un ataque con un rifle de francotiradores a 4.000 metros donde mataron a dos uniformados rusos, y están recurriendo a la inteligencia artificial para asistir en esta acciones, lo cierto es que ese tipo operaciones han quedado restringidas mayoritariamente a las fuerzas especiales.
Varias agrupaciones militares de este país han comenzado a desmantelar los pelotones de tiradores especializados que tenían, al no poder usarlos.
Es el caso de la Brigada Mecanizada 118, desplegada en el frente de Zaporiyia. A principios del presente año decidieron "reasignar" -expresión de uno de sus jefes, Ivan Cruz, de 41 años- a esos expertos a otras unidades. "Algunos han sido entrenados como pilotos. Fueron muy útiles hasta mediados del 2024. Quizás sean eficaces en ciudades, en la lucha callejera, pero no en nuestra zona de responsabilidad", puntualiza.
El Primer Regimiento de Asalto de la infantería todavía mantiene su formación de francotiradores pero "su efectividad es cero", precisa el capitán que la lidera, Dmytro Filatov. "No hemos disuelto la unidad pensando que pueden ser útiles en el futuro", apostilla.
Es la misma opinión que defiende uno de los nombres más reconocidos entre los tiradores de élite ucranianos: Víktor Elanskyy, de 55 años.
Este antiguo militar luchó desde las primeras fechas de la guerra en 2014 y en 2022 creó un "colegio" para formar a tiradores de élite en el que -según calcula- se adiestraron cerca de 800 expertos.
El centro cerró a finales del 2024 ante el auge de los drones, pero Viktor se niega a escribir el epitafio de los francotiradores.
"Siempre surge un arma que contrarresta la efectividad de las innovaciones militares. Ocurrió con el tanque, con los aviones, etc. Pasará lo mismo con los drones y los francotiradores volverán a ser necesarios", opina.



