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Aló Comidista: “¿Cuál es la mejor manera de hacer pan con tomate?"

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Aló Comidista es un consultorio en el que vale todo: dudas culinarias, enigmas gastronómicos, problemas psicológicos, cuestiones metafísicas y dramas de la vida contemporánea. Solo tenéis que enviarme un correo a elcomidista@gmail.com, y responderé a vuestras preocupaciones / tonterías el primer viernes de cada mes (salvo festivos, puentes, periodos vacacionales, enfermedad grave o fallecimiento).

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Un catalán que leyó La batidora de Nerea, justo antes de roscarla.Una mujer subida a un pene de toro mecánico.. El último consultorio del curso es un batiburrillo de conflictos ‘pantumakeros’, consejos sobre batidoras, bizcochos gays hechos con Monster y dudas sobre cómo cocinar el pene de toro   

Aló Comidista es un consultorio en el que vale todo: dudas culinarias, enigmas gastronómicos, problemas psicológicos, cuestiones metafísicas y dramas de la vida contemporánea. Solo tenéis que enviarme un correo a elcomidista@gmail.com, y responderé a vuestras preocupaciones / tonterías el primer viernes de cada mes (salvo festivos, puentes, periodos vacacionales, enfermedad grave o fallecimiento).

Luis: Te quería hacer una consulta sobre una rivalidad tomatácea en la que me he visto envuelto. En mi Castilla y León natal, si le pones tomate al pan, generalmente se corta en rodajas. Tras haber vivido un tiempo en Cataluña, la costumbre adquirida sobre cómo distribuir tomate en un pan tostado es cortar el tomate por la mitad y frotarlo contra la tostada, añadiendo después aceite y sal. La señora María, murciana de bien y pareja de un servidor, cada vez que ve medio tomate contra el pan pregunta que si el cocinero se ha tropezado y por eso está el tomate estampado así, ya que sostiene que la manera correcta es rallar el tomate, añadirle aceite y sal al gusto y luego distribuirlo sobre el pan con una cuchara. ¿Hay alguna manera con ventajas respecto al resto de llevar el tomate al pan?

Querido Luis, te veo dispuesto a inaugurar un nuevo conflicto regional que deje en una broma los ciscos por los trasvases de ríos o el follón de las pinturas de Sijena. No sé si un país que lleva 12 años con su sistema de financiación autonómica caducado por falta de acuerdo está preparado para otra pelea entre comunidades, pero allá vamos.

Si hablamos del pa amb tomàquet, fórmula tradicional catalana para hidratar y hacer comestible el pan que se había quedado un poco securrio, pero que hoy casi siempre se practica por puro placer con pan tostado, no parece haber mucha discusión. La manera canónica de prepararlo es cortar el tomate en dos, frotarlo contra el pan para que deje buena parte de su pulpa, salarlo y aplicarle un generoso chorramen del aceite de oliva.

El pantumaka (trasliteración al castellano cuya lectura puede convertir en independentista a cualquier catalanoparlante) se hace con tomàquet de sucar (untar o mojar) o de penjar (colgar), que por sus características es perfecto para este cometido. Pequeño, blandito, carnoso y con la cantidad justa de líquido, impregna el pan sin ninguna dificultad dejando casi toda su pulpa sobre él. La piel, que queda casi limpia, se desecha.

Carles Puigdemont

Es un método rápido y efectivo… siempre que dispongas de esta variedad de tomate, claro. Si no, empiezan los problemas: un tomate más grande y/o acuoso convertirá el pan en una charca; uno poco maduro, no dejará apenas jugo y pulpa, con lo que comerás algo securrio sin apenas sabor. Aquí es donde entra la solución de tu murciana señora, que consiste en rallar el tomate, aliñarlo con aceite y sal, y ponerlo sobre el pan a cucharaditas.

Esta técnica irrita a los paambtomàquers más puristas, pero tiene su practicidad, porque permite controlar bien la cantidad de líquido + pulpa de tomate que pones sobre el pan, y además lo puedes tener listo con antelación. A riesgo de ser expulsado de Cataluña embadurnado de alquitrán y plumas a lomos de un burro, diré que no me parece mala idea cuando no tienes a mano un tomàquet de sucar, cosa que puede ocurrir fácilmente si no vives en esta mi comunidad, en la valenciana o en Baleares.

Respecto a la solución castellanoleonesa que mencionas, poco que añadir: para mí es una tostada que lleva el tomate encima como podría llevar queso, jamón o aguacate, sin que eso sea ni bueno ni malo por definición. Tiene una ventaja, que aprovechas todo el fruto con piel incluida, pero dudo de que así consigas esa pequeña magia que se produce en el pa amb tomàquet cuando el tomate, el aceite y la sal se hacen uno con el pan y lo dejan crujiente, mullido y jugoso a la vez.

Cloe: Acabo de comprar una bolsa de pulpa de tamarindo, pues he leído que es un procesado saludable. Luego, recordé que la fruta licuada es una “bomba de azúcar”. ¿Me bebo esto, o no?

Querida Cloe, como ya hemos explicado unas 35.768.523 veces en El Comidista, al triturar la fruta conviertes sus azúcares intrínsecos en libres, y estos se comportan exactamente igual que el azúcar añadido en el organismo. Si a esto le sumas que el azúcar bebido es todavía peor, porque la asimilación es más rápida y no hay ni masticación ni control de la cantidad, ya tienes un cuadro completo no demasiado positivo.

Dicho esto, la pulpa de tamarindo es tan ácida que hay que manejarla en pequeñas dosis, por lo que más que negármela yo la usaría tranquilamente en bebidas de forma ocasional. Recuerda que también tiene empleos culinarios más interesantes que el tradicional refresco: aquí tienes unas gambas con curry de tamarindo o una ensalada de yogur y tomate con salsa de tamarindo con las que puedes dar salida a esa pulpa.

Nerea: Hoy vengo pidiendo consejo sobre batidoras de brazo. Me gusta mucho preparar hummus en casa, y también helados a base de fruta congelada, pero el gran problema es que de tanto triturar cosas duras y secas, mi batidora está a punto de soltar su último aliento. No compré nada del otro mundo, un modelo de Jata que viene con un accesorio cerrado para triturar. Este es el accesorio que uso para las preparaciones que os comento, pero no me funciona bien y generalmente tengo que añadir líquido para lograr triturar los garbanzos.

Querida Nerea, me he imaginado a tu batidora tumbada en un camastro a punto de morir, consumida y exhausta después de años de explotación laboral, y se me ha saltado una lagrimilla de izquierdista. No entiendo muy bien tu resistencia a añadir algo de líquido en triturados haciendo sufrir aún más a la pobre máquina, y más cuando el hummus, por ejemplo, sale mejor con un poco de agua o caldo de cocción de los garbanzos. Pero en fin, como entiendo que quieres una recomendación concreta de batidora, te aconsejo que busques una con la máxima potencia posible. Yo tengo una Taurus Bapi Premium de 1.500W que me costó 45 euros y estoy bastante contento con ella, pero cualquier otra similar de alguna marca reconocible te podría valer.

Carolina: Estoy embarazada y me encanta comer tomates, sobre todo en verano, pero pelarlos es un engorro y comerlos con piel siempre me preocupa por el temita de la toxoplasmosis. La médica me habló de lavarlos con una gota de lejía, pero no me convence…. ¿Cómo lavar un tomate sin cargarme al feto ciego en el intento? ¿Es suficiente si lo lavo bien con agua?

Querida Carolina, la Agencia Española de Seguridad Alimentaria y Nutrición (AESAN) recomienda lavar bien la fruta y la verdura antes de comerla, tanto a las embarazadas como a las personas que no llevamos un “feto ciego” dentro. El uso de productos químicos para su limpieza lo menciona como opción no obligatoria, y lo único que aconseja es tener en cuenta “las indicaciones que el operador responsable de su comercialización realiza en su etiquetado para usarlos correctamente”.

Nuestra experta de cabecera en cuestiones de seguridad alimentaria, Beatriz Robles, defiende un lavado minucioso de frutas y verduras bajo el chorro del grifo. “De verdad, no tengas miedo de que se mojen, déjalos al menos unos segundos, cuenta hasta 20”, asegura. Si dichos alimentos van a ser consumidos por personas en grupos de riesgo, se pueden lavar en agua con unas gotas de algún producto comercial o de lejía, siempre que esta indique en su envase que es “apta para la desinfección del agua de bebida”. Buena conocedora de las ideas de bombero que soléis tener en la cocina, Beatriz avisa: “Ni se os ocurra desinfectarlos con jabón o detergente, que nos conocemos”.

Jonathan: Dear Amigos Comiditas, the cardan soup from La Paz in Bolivia is very delicious and I tried to replicate it at home. However, the ox phallus was very tough and rubbery despite being very delicious. As a South American cooking blog, I would like to ask you about a method to tenderize the bull’s penish to make it more pallatable. Mucho gracias (“Queridos Amigos Comiditas, la sopa de cardan de La Paz en Bolivia es deliciosa, y he intentado hacerla en casa. Sin embargo, el falo de buey me quedó un poco duro y gomoso, aunque delicioso. Como blog de cocina suramericano, me gustaría pediros un método para ablandar el pene de toro y hacerlo más agradable. Mucho gracias”).

Querido Jonathan, esperoque me hayas escrito en inglés macarrónico para hacer la gracia, y tu pregunta no signifique que voy a empezar a recibir correos del mundo anglosajón. Ese sería el empujoncito que necesito para ingresar en la López-Ibor o, mejor aún, tirarme desde la punta de la Torre de Jesús de la Sagrada Familia, famosa iglesia suramericana que me queda cerca de casa.

He probado distintos tipos de pene a lo largo de mi vida adulta, pero nunca uno de toro cocinado en una sopa. Si te soy sincero, y con todos mis respetos hacia la gastronomía boliviana, el falo de dicho animal no es la primera cosa que me viene a la cabeza cuando pienso en un bocado apetecible. Imagino que el secreto para hacerlo comestible estará en una cocción muy larga a una temperatura relativamente baja, como ocurre con otras partes “gomosas” de los mamíferos. Un plan B puede ser la olla rápida, aunque no sé qué le parecerá a la Pachamama el uso de una tecnología tan moderna. En cualquier caso, no te creas las supuestas propiedades potenciadoras de la virilidad de la preparación: como las de todas las comidas supuestamente afrodisíacas, son mentira.

María: La peste de mi retoño me dio una receta de bizcocho hecho con Monster, una bebida de esas energéticas, para que le hiciera su pastel de cumpleaños. Me pilló en un momento de debilidad y le dije que sí. El bizcocho en cuestión quedó muy bueno, porque era una receta clásica de pound cake y estaba mantequilloso pero esponjosito. Yo probé la bebida y me pareció infecta, pero afortunadamente constaté que su aroma a detergente de baño no aparecía en el bizcocho. Como era el 19 cumpleaños de la criatura y en honor a su bigote y patillas, le hice una decoración a juego.

Te la mando porque porque debe ser la primera vez en mi vida que me sale un bizcocho bien y esponjoso. Quizá pedirte porfa si harías un vídeo de esos en los que pruebas recetas de youtubers, sobre recetas buenas con ingredientes superfluos y puramente comerciales en los que se nota el plagio a las abuelas decentes con un producto infame que es irrelevante en el resultado porque la receta ya lo tiene todo.

Querida María, este circo de Mi pequeño pony que le has montado a tu hijo a sus 19 añazos solo puede significar dos cosas: que lo tienes un pelín infantilizado o que el niño te ha salido más mariquita que Bob Esponja. Por tu bien espero que sea lo segundo, porque pocas cosas dan más color y alegría a la vida que un homosexual en la familia.

Aunque no termino de ver clara tu idea para nuestro Comidistest, es cierto que no faltan por las redes bizcochos o postres con Coca-Cola, Fanta y otros refrescos. Hace siglos hice una receta de lomo de cerdo con salsa de Coca-Cola, del libro A la carta de María Jesús Gil de Antuñano, y creo recordar que estaba bastante buena. Lo de cocinar con una bebida apestosa, repugnante, pútrida y malsana como el Monster no lo había visto nunca, pero aplaudo tu bizcocho cuatro cuartos si ha conseguido ocultar sus hediondos aromas.

Ana: He visto por ahí que recomiendan para ablandar los calamares ponerlos una noche en el frigorífico con leche y bicarbonato. ¿Es una barbaridad o da buen resultado?

Querida Ana, no es ninguna barbaridad, porque tanto el ácido láctico de la leche como el bicarbonato pueden ayudar a ablandar los tejidos del calamar antes de cocinarlo. Ahora bien, tampoco esperes milagros de esta técnica: este cefalópodo es muy suyo y, si en una fritura o un salteado te pasas de cocción, se convertirá en chicle por mucho que lo hayas marinado. Para que no se contraiga en exceso, el mejor tratamiento para el calamar sigue siendo o calor muy intenso en tiempo corto para frituras, planchas y salteados, o justo lo contrario para los guisos, en los que se vence esa contracción a base de temperatura baja y cocción larga (véanse los chipirones en su tinta o el estofado de calamar).

 

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