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El primer mensaje de Mourinho como técnico madridista: "Mi objetivo es aportar, no generar críticas"

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José Mourinho ha vuelto al Real Madrid y, con él, regresa también una manera de entender el fútbol que nunca dejó indiferente a nadie. El club blanco hizo oficial el 11 de junio de 2026 su nombramiento como entrenador del primer equipo para las próximas tres temporadas, hasta el 30 de junio de 2029, y el portugués se incorporará el 13 de julio, coincidiendo con el inicio de la pretemporada. Su primera gran entrevista desde ese regreso, concedida a Vanity Fair, sirve como retrato de un Mourinho distinto en el tono, más pausado, menos incendiario, pero idéntico en el fondo: competitivo, orgulloso y convencido de que el fútbol se explica, sobre todo, por la victoria.

La historia del Real Madrid no se puede comparar con la de nadie

Mourinho en Vanity Fair
Roberto Merella, Mourinho y Joao Tralhao.
Roberto Merella, Mourinho y Joao Tralhao.

Cuando hablamos del Real Madrid, hablamos de historia y de patrimonio del fútbol

Mourinho en Vanity Fair

El Mourinho que en 2004 se presentó al mundo como The Special One aparece ahora dispuesto a rebajar el ego sin renunciar a la autoridad. "No quiero decir que yo fui 'el elegido'. Fui uno de ellos", apunta en la entrevista, como si el paso del tiempo hubiera limado la arista pública sin tocar la columna vertebral del personaje. El entrenador que conquistó Inglaterra desde las ruedas de prensa, que convirtió cada partido grande en una batalla psicológica y que desafió al Barça más poderoso desde el banquillo del Inter y después desde el del Madrid, regresa al lugar donde su figura alcanzó dimensión de novela.

Lo que ha hecho grande al Real Madrid no son solo sus jugadores, sino sus títulos y su historia

Mourinho en Vanity Fair

Su explicación sobre el Real Madrid es puro mourinhismo sentimental. No habla solo de jugadores ni de estrellas. Habla de peso, de escudo, de memoria. "La historia del Real Madrid no se puede comparar con nadie", afirma. Y añade una imagen de las que hacen titular: "La camiseta blanca tiene algo mágico". Para Mourinho, el Madrid no es únicamente una suma de nombres propios, sino una institución construida sobre los títulos. "Cuando hablamos del Real Madrid, hablamos de historia y patrimonio del fútbol", resume el portugués.

Mbappé es un jugador fenomenal y voy a intentar ayudarle a ser todavía mejor

Mourinho en Vanity Fair

En esa nueva etapa, uno de sus grandes desafíos será Kylian Mbappé. El francés ha convivido con el ruido pese a sus cifras goleadoras y Mourinho no entra al choque. Al contrario: pide calma, observación y diálogo. "No es momento de hablar, es momento de escuchar", sostiene. El portugués asegura que necesita conocer desde dentro aquello que hasta ahora solo ha visto desde fuera. "Estoy aquí para ayudar, no para criticar", explica antes de dejar una frase clara sobre su nueva estrella: "Mbappé es un jugador fenomenal y voy a intentar ayudarle a ser aún mejor".

Mourinho, durante un partido
Mourinho, durante un partido

También hay un Mourinho que mira hacia atrás, especialmente hacia aquellos Clásicos que partieron el fútbol en dos. Guardiola en un lado, él en el otro. Messi y Cristiano en el césped. Madrid y Barça convertidos en asunto planetario. "El mundo se paraba para aquellos partidos", recuerda. Para Mourinho, aquello ya no se ha repetido con la misma dimensión. "No era solo Madrid y Barcelona, ni solo España. Era el mundo", dice sobre una rivalidad que compara con los grandes duelos del tenis entre Nadal, Federer y Djokovic.

Existe una teoría absurda: que se puede ser grande sin ganar

Mourinho en Vanity Fair

El portugués no reniega de su pasado azulgrana. Recuerda sus años en Barcelona junto a Bobby Robson, Guardiola y Luis Enrique con cariño familiar y profesional. Allí nacieron parte de sus hijos y allí empezó a formarse como entrenador de élite. Pero el destino, dice, le colocó enfrente. "No tengo ningún mal sentimiento hacia el Barcelona", aclara. Y luego deja otra frase con aroma de clásico: "Disfruto jugando contra los mejores, porque los mejores te obligan a ser mejor".

Donde Mourinho no concede ni un milímetro es en el viejo debate sobre el estilo. A él le han llamado defensivo, resultadista, pragmático o incluso enemigo de una determinada idea estética del fútbol. Su respuesta sigue siendo la misma: ganar es la esencia del deporte. "Existe una teoría absurda: que se puede ser grande sin ganar", dispara. Y remata: "En el deporte, el objetivo es ganar". Para defenderse, recuerda su Real Madrid de la temporada 2011-12, aquel equipo de los 100 puntos y 121 goles. "¿Cómo de defensivo era aquel equipo?", se pregunta.

Mourinho, durante un partido con el Benfica
Mourinho, durante un partido con el Benfica

Mourinho también reivindica la semifinal de Champions con el Inter ante el Barça. No acepta que se reduzca todo a la resistencia heroica con diez en el Camp Nou. Recuerda que, una semana antes, su equipo había ganado 3-1. Aun así, asume con orgullo aquella defensa numantina frente al mejor equipo del mundo. En su relato, aquello no fue antifútbol, sino supervivencia, oficio y grandeza competitiva.

¿Cómo de defensivo era aquel Real Madrid que hizo 121 goles y 100 puntos?

Mourinho en Vanity Fair

La entrevista deja además una reflexión sobre su propia figura. Mourinho sabe que ayudó a convertir al entrenador en protagonista. Antes de él, el foco pertenecía casi siempre a los futbolistas. Con él, el banquillo también empezó a vender portadas. Pero ahora matiza: "Nunca quise ser más importante que mis jugadores". El carisma, insiste, no nace de la pose. "El carisma no se compra en el supermercado", dice. Para Mourinho, la autoridad se gana trabajando bien: entrenando, liderando, preparando partidos y convenciendo al vestuario.

Incluso el traje, una de sus señas de identidad desde aquellos años de Chelsea, aparece en la entrevista como una declaración de principios. Mourinho lo entiende como parte de la ceremonia del fútbol. El entrenador, dice, representa al club, a la afición y a una clase profesional. Por eso nunca se sintió cómodo con otra piel. El traje no era disfraz; era armadura.

 

​El técnico portugués reaparece tras su regreso al Bernabéu con un discurso más sereno, pero con el mismo filo competitivo: defiende a Mbappé, reivindica sus Clásicos contra Guardiola, Messi y Cristiano y recuerda que en el deporte "el objetivo es ganar"  Leer   

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